Lo primero que se debe recordar cuando se habla de temas como la obesidad, es la conducta alimentaria, y hablar de conducta es hablar de una de las funciones principales del cerebro.
No hay mente sin cerebro, reza el refrán. El cerebro es el centro de distribución de todo lo que pasa en la vida de cualquier individuo, desde la inteligencia privilegiada con el Premio Nobel, hasta la conducta más oscura de las mentes criminales. La conciencia es la aduana por donde escurre la libertad de hacer o dejar de hacer. Nadie delinque dormido, todos asumen conductas en la conciencia, en el estado de vigilia, cuando se sabe lo que se está haciendo, aunque tenga un toque de impulsividad como es el caso de los trastornos de la conducta alimentaria.
Primero el sobrepeso y después la obesidad, esa es la carretera del destino mórbido de una enfermedad cuya prevalencia no quiere descender. La salud mental representa la mejor herramienta para regular cualquier conducta, la obsesión es una patología mental enclavada en una parte del cerebro que se llama giro cingulado anterior, cuyo neurotransmisor es la serotonina, así como hay obsesión por la comida, también hay obsesión por el juego, el trabajo, el sexo, la mentira, el control, la manipulación, la limpieza, en fin, obsesión por cualquier cosa.
Gran parte de los obesos están obsesionados por la conducta alimentaria, es decir, tienen una alteración mental, por eso, lo primero que hay que contemplar en su tratamiento es su estado mental, si efectivamente cumple con los criterios para clasificarse como un trastorno de la conducta alimentaria, entonces hay que considerar el funcionamiento del giro cingulado anterior como primera estación a revisar.
Hay que recordar que uno de los criterios cuando se habla del trastorno depresivo, es precisamente la pérdida o el aumento del apetito, mientras unos pacientes deprimidos experimentan disminución de peso, otros manifiestan aumento de peso a tal grado de llegar a la obesidad mórbida.
El fracaso de algunos procedimientos quirúrgicos como la cirugía bariátrica, puede tener detrás de su fracaso, un paciente deprimido enmascarado, es decir, poco estudiado, o solo tratado como obeso, descuidando lo relativo a la salud mental y sus antecedentes. Es cierto que los problemas metabólicos de glándulas como la tiroides pueden ser los causantes de la obesidad, pero estadísticamente son los menos, casi siempre lo que prevalece es el trastorno mental traslapado con otras condiciones de la vida. No se necesita llegar a la obesidad para saber cómo está la persona de su salud mental, el primer grito del cuerpo es el sobrepeso y la abulia para hacer ejercicio. La obesidad y la salud mental son una mancuerna frecuente, a veces antes de ir al nutriólogo sería bueno ir al psicólogo para descartar un conflicto emocional.
Artículo publicado el 27 de julio de 2025 en la edición 90 del suplemento Gula



