La escritora ha encontrado en Mazatlán a su universo literario, ahí gestó: Última visita a los humanos, su reciente novela
Veinte años tomó escribirla. En ese tiempo, Aleyda Rojo no solo maduró como autora, también vivió y envejeció junto a los personajes que dialogan en la novela Última visita a los humanos.
En este libro, el que considera complejo, intenso y nada convencional, la escritora sinaloense se propuso un desafío mayúsculo: hablar del poder, las jerarquías, los cuerpos y el tiempo a través de una estructura no lineal inspirada en la organización de las abejas.
No fue una tarea sencilla. Lo supo desde el principio, cuando imaginaba construir una historia de largo aliento, de esas que más le gustan leer.
Siempre le gustó leer las novelas que a los autores le llevaron muchos años escribirlas. Fueron motivo de inspiración, en su caso, lo hizo tomando en cuenta sus limitaciones como autora y lectora tardía. Nació en un pueblo sin bibliotecas.
La escritura, dijo que le llegó como una necesidad vital, no como un oficio aprendido. Y esta novela nació de esa urgencia y de esa fe casi obstinada en lo que hace.
“Empecé a escribirla cuando tenía 35 años. Hoy tengo 56, lo hice cuando sentí que estaba lista, me lo tomé con calma, leí mucho Lolita, pero leyendo Las fábulas de Esopo, supe que quería crear mi propio zángano, mi propio sinvergüenza”, mencionó.
“No es una historia que se pueda contar de forma tradicional. Al principio era solo una metáfora sobre los zánganos, que me parecían una figura vergonzosa y literaria: los que se comen el trabajo de otros. Pero luego vino la reina, la obrera, y me di cuenta de que había un triángulo de odio, no de amor, de incomprensión”.
La novela, aclaró que se mueve en múltiples capas: es histórica, política, filosófica y profundamente visual.
Aleyda, la escritora
Admiradora de los grandes pintores, Aleyda confesó que deseaba que sus páginas se sintieran como óleos: con figuras inmóviles, densas, cargadas de sentido.
También quiso que el lector pudiera reír, que encontrara alivio. Por eso la novela es, en sus palabras, una tragicomedia, un homenaje a los griegos, al pensamiento clásico, a las historias de poder que se repiten una y otra vez en la humanidad.
En las páginas de la novela, publicada de manera independiente, está presente su mirada crítica sobre la figura femenina a lo largo de la historia.
“Mis personajes femeninos son intensos, atrevidos, pero no solo en lo corporal. Hablan de cómo se ha usado y controlado el cuerpo, incluso desde posturas aparentemente liberadoras. No me llamo feminista, pero sí me interesa profundamente el erotismo como toma de conciencia, como una forma de poder”, consideró.
“Es una novela en la que está puesto todo lo que he aprendido estos años, mis estudios, nunca estudié letras, pero me ha interesado desarrollar historias impregnadas de los griegos, el imperio romano, mongol y sobre todo cómo se ha manejado la figura en femenina”.
Dijo que es una novela profundamente humana, con personajes que pueden parecer excesivos pero que, en sus propias contradicciones, reflejan la intensidad de la vida.
“Quería que todo lo que pasara afectara al lector, que se sintiera conectado. Si lo logré o no, no lo sé, pero ese era el objetivo”.
Vivir o sobrevivir de la escritura
Durante décadas, Aleyda convivió con artistas que la inspiraron; Antonio López Sáenz, Carlos Bueno, el promotor cultural Ricardo Urquijo. Ver cómo pudieron sobrevivir del arte la impulsó a dedicarse a la literatura.
“Ver cómo ellos sobrevivían del arte me dio fe. Me dije: este es mi camino. No con abundancia, pero sí con felicidad. Yo vendo mis libros en la calle, bajo la lluvia, desarrollé estrategias para poder vivir de esto. Soy una escritora de la calle, con total confianza de que estoy haciendo lo correcto”, aceptó.
En Mazatlán ha encontrado su universo literario. Ahí en la Plazuela Machado comercializa sus propios libros y su voz como escritora, se ha consolidado con el paso de los años. Ha escrito además; Defensa de lo prohibido, Brujas del tiempo, Ataque a la piedad, Chispas de un mismo fuego, Caballero dinosaurio.
“Sigo aquí, de milagro, es difícil encerrarte a leer y escribir sin tener garantía de nada, solo la confianza y fe que tengas en tu proyecto. Siempre he tenido mucha seguridad, creo en lo que hago, en que mis novelas son fuertes o van a sobrevivir”, mencionó.
“¿Qué más le puedo pedir a la vida?, soy feliz entre libros y con gente. Eso es suficiente”.
Artículo publicado el 24 de agosto de 2025 en la edición 15 del suplemento cultural Barco de Papel.



