Un segmento de los niños y las niñas que concluyeron el ciclo escolar y un nivel para pasar a otro, estudia entre grupos de hombres armados, enfrentamientos y detonaciones de artefactos que interrumpen las clases.
En uno de los planteles de la sierra de Concordia, del que se guarda la confidencialidad a petición de los entrevistados, recién egresó un grupo de alumnos que celebró fuera de su lugar de origen.
No hubo grandes salones, trajes ni corbatas, menos regalos de graduación como se estila en planteles grandes de ciudades como Mazatlán, Culiacán y Ahome. Pero sí hubo calidez, orgullo y agradecimiento.
Fueron clases que iniciaron como todos, de manera presencial, con la mochila llena de sueños y expectativas por aprender, pero poco les duró el gusto.
En septiembre inició todo
La pugna entre Chapos y Mayos que durante 10 meses ha cobrado la vida de cientos de personas, dañado patrimonio, bloqueado carreteras, y arrasado con la tranquilidad de los pueblos y zonas urbanas, no cede en Concordia.
La persona que dio su testimonio mencionó cómo vivieron este ciclo escolar.
“A partir del 11 de septiembre nos venimos para acá (a Mazatlán), porque fue cuando empezaron lo de las bombas, las balaceras y todo eso; se levantó un documento en el que los padres de familia plasmaron que el motivo era la violencia”.
En términos generales, en el documento se decía que los maestros iban a suspender clases por la situación que se estaba viviendo, “que se estaban aventando bombas, que jamás habían ocurrido ese tipo de agresión con bombas, y que solo se habían escuchado balazos de alto calibre”.
El 20 de enero quisieron regresar algunos maestros a cumplir con las clases presenciales que la Secretaría de Educación Pública y Cultura (SEPyC) les exigía.
Padres de familia, alumnos y maestros todavía recuerdan ese medio día, porque empezaron tronar bombas: “Todavía me acuerdo, lo tengo bien grabado, a partir del 20 de enero empezaron a echar bombas, no habían echado más que puros balazos”.
Rápido, los padres de familia quisieron ir por sus hijos, pero el temor de ser alcanzado por una bala o los artefactos que los sujetos hacían explotar, no les permitía hacerlo, solo mantenían comunicación con el personal académico para asegurarse de que sus hijos estaban a salvo.
Ese 20 de enero, el primer día que escucharon estallar bombas (artefactos explosivos improvisados que arrojaban con drones), marcó un parteaguas en la frágil confianza que mantenían de seguir con clases presenciales, creyendo que el “reforzamiento” de la seguridad y los eventuales patrullajes de las fuerzas federales inhibirían los enfrentamientos, pero no solo no se redujeron, los hombres armados retaron a la autoridad, la agredieron, tuvieron bajas, pero también vulneraron a los uniformados.
Se preguntan cómo llegaron a El Huajote los 2 mil 889 explosivos (abril 2025) para ser lanzados desde el aire por medio de drones o para ser sembrados en tierra como minas “con tanto gobierno que dicen que han desplegado”.
Viajar con los vidrios abajo
Para padres de familia, profesores, trabajadores y los propios alumnos, temen desplazarse de un pueblo a otro, por lo que al hacerlo bajan las ventanillas de los vehículos para evitar ser confundidos con “el enemigo”.
Loberas, Las Iguanas, La Petaca, Chirimoyos, Potrerillos, Santa Lucía, Copala, Pánuco, El Palmito y El Huajote son algunos de los poblados que saltan en las noticias como los lugares donde se aseguran armas, artefactos explosivos, equipo táctico, armas y vehículos. Y donde además en sus inmediaciones han desmantelado campamentos.
Los detalles cuentan, y para la persona que relata a Ríodoce su testimonio es importante también usar los vehículos que ya conoce la gente y es fácil identificarlos, observar quien los sigue, no viajar solos sino “pegarse” con otro vehículo conocido.
El 17 de febrero regresaron todos a clases presenciales, pero solo pudieron mantenerse activos hasta el 20 de marzo.
“Ese día otra vez casi avientan una bomba cerca, en La Pasadita, se llama, y ahí estaban los armados y pusieron una estatua de la Santa Muerte como de dos metros y medio de alta y un metro y medio de ancha, ahí por la carretera, entonces a nosotros ya nos dio miedo”, mencionó.
Las detonaciones de los artefactos a los que reiteradamente llaman bombas, provocaron que los padres de familia fueron mandados llamar para que recogieran a sus hijos, “pero nadie quería ir. Nos vinimos nosotros casi a las tres de la tarde, eso empezó desde las 10 de la mañana, pero no se podía salir porque era bomba tras bomba”.
Cuando por fin algunas personas lograron salir del pueblo se toparon con personas que son Testigos de Jehová y se trasladan de un pueblo a otro, “ellos llegan desde temprano, y los recoge un camioncito, y pues ahí, como a la una de la tarde que llegó el camión y nos vinimos detrás de ellos, se detuvieron un poco, los esperamos, pero en cuanto pasamos, empezaron a aventar bombas, no teníamos ni el minuto, veníamos bien asustados, y a partir de ahí, del 20 de marzo, ya no fuimos”.
Por fin concluye el ciclo escolar
Pese a la situación, nadie quiso perder clases, y entre las presenciales y las virtuales, trabajaron conectados por la plataforma zoom.
Entre La Petaca y Potrerillos existe un punto del que se apropió un grupo de hombres.
Con la “tranquilidad” que tiene aquel al que nadie le reclama nada, el grupo armado se estableció, sembrando con su presencia el temor.
Estudiar en la precariedad
Algunos grupos de alumnos egresados no llegan a la veintena; hay estudiantes que trabajan para ayudar a sus padres o a su mamá soltera a solventar los gastos, sobre todo si se vieron forzados a asentarse en Mazatlán.
Hay que pagar agua, luz, comida, transporte y, por si fuera poco, atención médica y medicamentos porque la humedad y calor a la que no están acostumbrados afectó su salud.
“Allá teníamos familia, aquí en Mazatlán no, ni en Concordia ni en Villa Unión, pero quisimos seguir estudiando, de mi grupo nadie desertó, todos seguimos en línea, y otros se cambiaron de escuela”, comentó una de las personas afectadas.
Sin material de papelería para hacer tareas ni con despensa en sus cocinas para alimentar bien a sus hijos, los papás hicieron el esfuerzo, pero también los alumnos.
No había manera de conseguir algo tan común como una caja de colores, por lo que los alumnos trabajaron con lo que tuvieran al alcance y les permitiera sustituirlos.
“Por ejemplo, a veces no tenían colores, si tenían bugambilia la mojaban y pintaban, dependiendo el color que fuera, sacaban los colores para hacer sus trabajos, con lo que tuvieran a su alcance”, mencionó otra persona.
Había alumnos que preferían dibujar, trazar las líneas y evitar que se les manchara, otros usaban la aplicación Canva, se volvieron hábiles para utilizar la tecnología, “nosotros siempre tenemos Internet, todos cuentan con su correo electrónico, subían tareas al Drive, tenían opciones”.
Revelaron que en ocasiones algunos estudiantes no se conectaban “porque les cortaban la señal y la luz cuando hacían sus cosas”.
No faltaron alumnos como “Juan”, a quien la persona entrevistada describió como un alumno responsable pues se daba cuenta de las oportunidades que pedía durante la clase para entregar tareas a destiempo pues trabaja para ayudar a su mamá con los gastos.
“Juan” adoptó el rol de proveedor, al grado de que se había decidido dejar de estudiar para seguir trabajando, pero su familia y maestros lo convencieron de continuar y cuenta con un cupo en una preparatoria técnica.
Nadie olvida que una de las primeras víctimas de la violencia en la sierra era un exalumno de telesecundaria que este ciclo escolar se graduaría de la preparatoria.
La comunidad no olvida que fue uno de los cinco hombres que mataron en el tramo conocido como Corte Alto.
Estudió en la telesecundaria de Potrerillos, después entró a la preparatoria, ya estaba en tercero “él se iba a graduar ahora en estos meses, pero fue uno de los que mataron en septiembre”, recuerda una persona.
De la comida ni hablar
La escasez de alimentos en las tiendas que hay en algunos de los pueblos de la zona serrana de Concordia también impacta.
“Hubo un tiempo en el que no dejaban a la gente que abriera las tiendas de abarrotes, desde septiembre, octubre, noviembre, diciembre, ya después le empezaron a abrir dos horas al día, después cuatro horas, y así”, relató.
Para subir a la sierra había dos camiones, pero uno fue despojado e incinerado por hombres armados. Los aurigas a veces subían, a veces no, son dos nada más y no todo el tiempo porque no los dejaban.
“Ignora” alcalde cuántos desplazados hay en la cabecera
Óscar Zamudio, alcalde de Concordia declaró el viernes pasado que se pondrá de acuerdo con las instituciones educativas para ver “de qué manera podemos trabajar lo que viene el siguiente ciclo escolar”.
Dijo que aún no tiene acercamiento con los encargados de las instituciones educativas, pero en cuanto lo tenga, lo dará a conocer.
Aseguró que no tiene información del desabasto que reportan algunas personas hay en las tiendas de abarrotes.
“No, están subiendo bien los proveedores. No tengo hasta ahorita…creo que a todas las tiendas de la zona serrana están subiendo los proveedores”, dijo.
Aunque aseguró que el Ayuntamiento se mantiene al pendiente y ha apoyado a las familias de la sierra, ignora cuantas han sido desplazadas por la violencia, como el caso más reciente de Las Iguanas, que, al no encontrar respuesta en ese municipio, se trasladaron al Ayuntamiento de Mazatlán para solicitar apoyo.
—De Las Iguanas, ¿cuántas familias fueron desplazadas?
— Aún no tengo el dato, pero fuimos y atendimos a 40 y tantas familias ahí en la comunidad de Las Iguanas y en Palmillas también.
—¿Qué es atender, qué les proporcionaron?
—Llevamos víveres, despensa, medicamento, atención médica también
—Usted habla de los que están en los pueblos, yo me refiero a los que bajaron, a los que salieron de Las Iguanas.
—Conmigo no han tenido acercamiento alguno, no han hecho presencia en el Ayuntamiento conmigo, ha habido comunicación vía telefónica, que los he estado atendiendo y le damos el cauce que es necesario.
—¿Tiene un estimado de cuántas familias desplazadas están viviendo allí en Concordia en la cabecera?
-No, no tengo el dato todavía, en cuanto lo tenga se lo hago saber
En mayo, un grupo armado asaltó al alcalde Zamudio Pérez cuando iba rumbo a Culiacán.
Tiene ocho meses en el cargo.

ALCALDE ÓSCAR ZAMUDIO. “No sé”.
EL REFORZAMIENTO DE LA SEGURIDAD. Vulnerado por los grupos armados.
Artículo publicado el 13 de julio de 2025 en la edición 1172 del semanario Ríodoce.







