Investigadores de la UAS encuentran partículas contaminantes por encima de la norma, especialmente en el sector Barrancos; el alto número de vehículos podría ser la causa
Culiacán enfrenta una problemática poco atendida e ignorada por las autoridades estatales y municipales: la contaminación atmosférica. La calidad del aire se está deteriorando, mientras que los programas e instituciones encargados de su control y reducción se han mantenido estáticos.
En un análisis realizado entre diciembre de 2024 a junio de 2025, investigadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), registraron un aire contaminado, especialmente en el sector Barrancos, al suroeste de Culiacán. En una primera instancia, los contaminantes son atribuidos al alto flujo vehicular que circula en toda la zona.
“Otra cosa sería primero identificar cuáles son las fuentes de emisión. Nosotros estamos pensando que se debe al tráfico vehicular, pero necesitamos pues comprobarlo. Si se comprueba que es el tráfico vehicular, entonces se tendría que realizar una estrategia enfocada en eso”, informó la investigadora y profesora, Perla Margarita Meza.
Hay otros factores que influyen: la quema de basura, los rellenos sanitarios, las actividades agrícolas y la quema de carbón; todo impacta, pero en Culiacán, se estima que hay aproximadamente 650 mil automóviles circulando.
Marcos Bucio Pacheco, investigador, precisó que Culiacán tiene un alto índice de automóviles per cápita, casi igual al de la Ciudad de México, lo que contribuye significativamente a la contaminación.
Según la norma oficial mexicana (NOM), Culiacán no se considera contaminado —explicó Bucio—, ya que el límite es de 45 microgramos de partículas suspendidas por metro cúbico. No obstante, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo es de 15 microgramos. El promedio de Culiacán ha sido de 17 a 20 microgramos, más del 50 por ciento de los días desde diciembre han estado por encima de la norma de la OMS.
La responsabilidad para atender esta problemática recae en el municipio y el estado quienes tendrían que realizar las estrategias, las cuales ya se encuentran establecidas en el programa: ProAire a cargo de los tres órdenes de gobierno. Este es descrito como un “instrumento de gestión” que establece, previene y revierte el deterioro de la calidad del aire. Se elabora en los estados junto con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).
Dicho programa no está en funcionamiento.
En Culiacán, Mazatlán, Los Mochis y Guasave se tienen asignadas estaciones normativas oficiales para el monitoreo constante de la calidad del aire. En la capital del estado, dicha estación está ubicada en el techo del Palacio Municipal y se encuentra inactiva. Bucio Pacheco señaló que tiene poco más de 10 años sin operar; esto implica que, de manera oficializada, no se entregan registros anuales sobre la calidad del aire en Sinaloa a la SEMARNAT.
María Inés Pérez Corral, titular de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable, mencionó que existe una valoración técnica para el mantenimiento de las cuatro estaciones, en conjunto con la SEMARNAT, lo cual proyecta un costo aproximado de 10 millones de pesos.
“Nosotros estuvimos hablando con SEMARNAT para que nos recomendara, porque ya ves que teníamos etiquetado un recurso por allí, entonces que nos digan ellos cuáles son las que debemos de manejar desde acá, porque estábamos viendo dos alternativas: reparar las que ya están o comprar una”, dijo.
De acuerdo con el presupuesto de egresos de la Secretaría de Administración y Finanzas, este año se asignaron 51 millones 291 mil 579 pesos para la Política de Desarrollo Sustentable y Cuidado al Medio Ambiente, de los cuales 8 millones están destinados a la “Calidad y mejoramiento del aire”. Estas cifras están vertidas en el Anexo 37: Asignaciones para Combatir el Cambio Climático.
María Luisa Shimizu Aispuro, encargada del despacho de la SEMARNAT en Sinaloa, subrayó que a ellos les compete el mantenimiento de las cabinas; sin embargo, hubo un cambio en la asignación de recursos y ya no les dan dinero. Anteriormente, la SEMARNAT disponía de “muchos recursos para programas y proyectos” a través de partidas presupuestales.
El Senado modificó los presupuestos, lo que llevó a que la SEMARNAT se quedara con lo básico en términos de financiamiento.
Como resultado, los proyectos específicos ahora se gestionan de una manera diferente, aunque puedan estar a cargo de una secretaría, ya no están necesariamente apegados al plan nacional de desarrollo. En cambio, su financiamiento depende de lo que los diputados o senadores consideren necesario.
Ante la inactividad de las estaciones de monitoreo oficiales del municipio, la Universidad Tecnológica de Culiacán (UTC) compró siete sensores Redspira, a 7 mil pesos. Seis están distribuidos en Culiacán y uno en el Centro de Estudios Justo Sierra en Surutato. Este último, sirve como valor de referencia por ser una zona de bosque de pinos. A esta red de sensores, se une MAPASIN, con la adquisición de tres sensores.
Los sensores y sus limitantes
En enero de este año, el gobierno del estado, en colaboración con el IPN (Instituto Politécnico Nacional), instaló dos sensores Kunak, con un costo de 250 mil pesos. Uno de estos está en Culiacán (junto a la estación del Ayuntamiento) y el otro en Mazatlán. Estos sensores son más completos y miden otros contaminantes además de partículas. Sin embargo, el acceso a sus datos es actualmente está limitado al gobierno y al IPN.
La diferencia con los sensores Redspira de bajo costo es que no proporcionan información sobre el tipo de contaminantes presentes en el aire; únicamente registran si hay o no contaminantes. Estos datos pueden consultarse en tiempo real a través de la aplicación de Redspira.
Las estaciones de gobierno y los Kunak están diseñados para medir una variedad de contaminantes como ozono, monóxido de carbono, nitrógeno, y partículas suspendidas. Para ciudades con más de 500 mil habitantes, la Norma Oficial Mexicana NOM-156 exige al menos una estación normativa; en 2021, según cifras del INEGI, Culiacán tiene 1 millón 003 mil 530 habitantes.
“Nuestros sensores están bien evaluados y son fiables, pero no tiene la certificación que las que tienen las estaciones que utiliza el gobierno y por eso oficialmente no se pueden pasar los datos, así que nosotros podamos publicar los datos. (…) oficialmente, los que deben de pasar el dato este son Gobierno del Estado, pues ya datos oficiales en cuestión de que se está viendo la contaminación en Culiacán”, declaró Salvador Martínez, ejecutivo de proyectos de Mapasin.
Bucio Pacheco subrayó que los sensores instalados de la UTC forman una diagonal, atravesando la ciudad (desde Barrancos, sector Centro, Ciudad Universitaria y Ciudad Educadora) sin embargo, solamente cada sensor cubre un área de 2 kilómetros a la redonda, impidiendo un registro amplio de toda la ciudad.
Lo ideal sería —explicó Martínez— que la estación normativa de Culiacán (y las de otros municipios) se activara y que la información de los sensores de Redspira, se pudiera integrar a la base de datos de la estación normativa para una cobertura más amplia y oficial. Con estaciones normativas activas y muchos sensores distribuidos, permitiría un panorama más completo de la contaminación en la ciudad.
Los contaminantes, al tratarse de partículas muy pequeñas y tóxicas, pueden ingresar a las vías respiratorias y viajar por el torrente sanguíneo, lo que puede causar problemas cerebrovasculares, cardiorrespiratorios, cardiovasculares; contribuyendo al desarrollo de cáncer, asma, conjuntivitis, entre otras enfermedades.
Propusieron implementar una estrategia enfocada al tráfico vehicular, una vez que se compruebe que es la fuente principal. Las soluciones planteadas incluyen la implementación de un sistema de “Hoy No Circula” (restricción vehicular), como el que se realiza en Ciudad de México, la verificación vehicular obligatoria, además de analizar la calidad del combustible vendido en gasolineras, ya que el combustible de mala calidad (“huachicol”) aumenta las emisiones.

Insuficiente red de monitoreo en Culiacán.
Artículo publicado el 13 de julio de 2025 en la edición 1172 del semanario Ríodoce







