Vale la pena recapitular a veces, porque algunos episodios de la vida solo se entienden en retrospectiva. Hace 25 años triunfó el panista Vicente Fox en la elección presidencial, Adiós al PRI tituló el periódico La Jornada en su portada —son tiempos en que es necesario recurrir al papel para una referencia.
“Somos ya una democracia madura”, diría el derrotado presidente Ernesto Zedillo a quien el tricolor de entonces nunca le perdonó entregar la silla.
Una parte de México parecía de fiesta, mientras otros muchos estaban de caras largas y auguraban la extinción del invicto PRI. Se hablaba de una transición a la democracia después de todo un siglo del dominio de una sola fuerza política.
Pero nada es en automático. Un columnista ingenioso encontró la forma certera de aguar la fiesta: Cuando despertó, todavía estaba allí, tituló su artículo el 3 de julio, en referencia a El Dinosaurio, el breve cuento de Monterroso. En ese entonces el símil del PRI era un animal extinguido hace miles de años, aunque en los hechos omnipresente. El tiempo le daría la razón —no he logrado encontrar si aquel columnista era Lorenzo Meyer—, desmantelar un sistema político enquistado en nuestra forma de ser mexicanos no sería nada sencillo. Quizá ni siquiera fue la pretensión de Vicente Fox aunque muchos se lo exigían.
El primer gobierno panista fue una continuidad en lo político y en lo económico. Un gobierno azul resultó casi igual que un tricolor.
Aquellos augurios del arribo de México a la democracia se desmoronaron seis años después. La elección presidencial de 2006 fue tanto o más controvertida que las del pasado reciente —1988 y 1994. Mucho dinero en juego, trampas electorales, campañas ilegales, el poder empresarial imponiéndose.
Este fue el parto de nuestra incipiente democracia. Tan rudimentaria que despertó al dinosaurio apenas una década después para que volviera a gobernar. Se reinstaló con legitimidad, Enrique Peña ganó por la vía de las urnas y sin cuestionamientos. Una prueba clara de que aquel dinosaurio nunca dejó de habitarnos.
Hoy, 25 años después, resucita un personaje de aquel pasado. Ernesto Zedillo el último presidente de aquel PRI del siglo XX vuelve acusando que López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum impulsan una deriva autoritaria y llevan a México de la democracia a la tiranía.
Con los años entendimos que el dinosaurio que sigue allí no es el PRI, o lo fue por mucho tiempo, pero después cambia de nombres, porque una democracia para serlo realmente requiere siempre estar amenazada.
Una constante se lee por todo el mundo, al menos en occidente: la democracia decepciona, está en crisis, se le cuestiona como forma de gobierno. Parece olvidarse que la democracia tiene en sus principios elementales que ningún actor político tiene nada asegurado, el poder lo puede conquistar cualquiera, hasta aquellos que cuestionan a la democracia misma. Así como no está asegurado el cambio, tampoco es imposible el retroceso.
Margen de error
(Ovidio) Se consuma el acuerdo de Ovidio Guzmán con la justicia americana, al mismo tiempo que Trump amenaza de nuevo con imponer aranceles extras a México porque no se esfuerza lo suficiente en el combate al tráfico de fentanilo.
Ovidio sella el acuerdo, y con ello también el expediente de su caso, a cambio de colaboración —dinero e información. Todo a casi un año del suceso que revolvió todo en Sinaloa: la entrega de Ismael Zambada a los americanos, en lo que todo parece una traición de los Guzmán López contra el añejo capo.
La presidenta Sheinbaum insiste en que mantiene a Sinaloa entre las prioridades y por eso el gabinete de seguridad federal en pleno se reunirá por lo menos dos veces al mes aquí en el estado.
A diez meses de los enfrentamientos la situación de Sinaloa sigue estancada. Los reportes de homicidios, desapariciones, robos de autos no cesan. La inmovilidad de ciudades y comunidades sigue. El panorama de la seguridad en la entidad sigue tan complejo como en un inicio.
Primera cita
(Lichtman) El abogado de Ovidio, Jeffrey Lichtman apostó fuerte y atrajo la atención enfocándose duro contra la presidenta de México. Más que sus palabras lo que importa es lo extraño de su estrategia. El abogado de un narco confeso pasa a denostar las incapacidades de México para enfrentarlos y detenerlos. La mejor defensa es el ataque, parece decir Lichtman.
La presidencia fue tibia en la respuesta. Seguramente lo que menos conviene es engancharse. Al abogado le ha resultado al final, quita el foco en lo evidente del acuerdo y lo transfiere al gobierno. Es preferible para lo que sigue en este largo proceso de los Guzmán López en Estados Unidos.
Mirilla
(UAIM) En 2019 Ríodoce evidenció que también la UAIM, la Universidad Autónoma Indígena de México, en El Fuerte, Sinaloa, entró al esquema de la estafa maestra. En las revelaciones iniciales no aparecía, porque fue en posteriores auditorías donde se detectó. El trazo para desviar recursos fue exactamente el mismo que con otras universidades: se firmaban contratos con dependencias federales por servicios que nunca se prestaron.
Sorprende lo burdo de todo. La UAIM hizo un convenio con SEDATU por 106.8 millones de pesos para un Manual de Gestión del Centro Ciudad de las Mujeres en Tlapa de Comonfort, pero lo que entregó es un documento que ya existía y que fue elaborado en realidad por la ONU. Solo cortaron y copiaron, y por eso desviaron 106.8 mdp. Hasta ahí el contexto.
Llama la atención que seis años después la UAIM mantenga el reclamo por la reparación del daño sin que logre aun una resolución judicial. El actual rector mantiene abierto el proceso, de un asunto casi olvidado (PUNTO)
Artículo publicado el 13 de julio de 2025 en la edición 1172 del semanario Ríodoce.







