Marilyn Monroe: talento y sensualidad entre éxito y tragedia

Marilyn Monroe: talento y sensualidad entre éxito y tragedia

 

Ante su imagen no es posible mantenerse al margen. Desde la primera impresión, atrapa, hechiza, hipnotiza, cautiva y embelese. Lo mismo atraen sus hermosos ojos azules; sus enormes pestañas; el delineado perfecto de sus cejas; el peculiar rubio de su cabello; el rojo intenso y grueso de sus labios; lo amplia y reveladora de su sonrisa; lo marcado de su cintura, ancho de sus caderas y hombros; su figura similar a un reloj de arena o una guitarra; el curvado y tonificado de sus piernas; que lo sensual de su icónico lunar en su mejilla izquierda.

Si bien su nombre de pila Norma Jeane Mortenson suena común y nadie se preguntaría a quién le pertenece, su artístico Marilyn Monroe, inspirado en la estrella de Broadway Marilyn Miller y el apellido de soltera de su madre, no necesita presentación. Basta decir Marilyn para que la mente arroje involuntariamente el resto y en avalancha surja la efigie de una mujer bella, glamorosa, inteligente, talentosa, valiente, carismática, sensual, seductora, controversial, provocadora de sueños inalcanzables, ilusiones imposibles y, seguramente, divorcios, separaciones o mínimamente discusiones entre hombres fascinados, encantados y mujeres desconfiadas, celosas.

Hija de Gladys Mortenson, la rubia suprema nació el 1 de junio de 1926, en Los Ángeles. El apellido pertenecía al esposo de su madre, quien la dejó en plena gestación de Norma Jane: no era su padre, y nunca supo quién fue. Conflictos emocionales y económicos impidieron a Gladys hacerse cargo de la niña, con lo que desde las primeras semanas y hasta los 16 años, recorrió 12 hogares temporales y un orfanato –a los 7 años, Grace McKee, una amiga de su madre la adoptó legalmente. En esa familia estuvo hasta los 11, debido a que sufrió un abuso sexual. De ahí se fue a la casa de un tío de McKee, pero no por mucho, porque un hijo de él, también la agredió sexualmente.

Desde pequeña, Marilyn soñaba con el cine y la actuación, mundo al que incursionó con la 20th Century Fox en 1947, en Años peligrosos, interpretando a una mesera, luego de su paso por el modelaje, gracias a las fotos que le tomó David Conover, en 1944. Uno de los ejecutivos de la productora le propuso cambiarse el nombre, y en 1947 se convirtió en Marilyn Monroe, y desde Me siento rejuvenecer (1952), se volvió rubia –le llevó tiempo definir su tono característico.

Con su portada de Playboy en 1953 se potencializó su popularidad, y consiguió su primer protagónico en la cinta Niagara (1953). Después logró renombre con los filmes: Los caballeros las prefieren rubias (1953), en la que mostró su talento para el canto y el baile (memorable número de Diamonds Are a Girl’s Best Friend); Cómo atrapar a un millonario (1953), en la que expuso la supremacía del amor ante el dinero; La comezón del séptimo año (1955), que la inmortalizó por la controversial escena en la que se le alza el vestido en un escape de aire del metro de Nueva York; Una Eva y dos Adanes (1959), en la que dos músicos se disputan su amor; y en Los inadaptados (1961), que reflejaba algo de su vida personal en ese momento.

Las relaciones de pareja de Monroe fueron otro motivo de polémica. En 1942, a sus 16 se casó con el oficial de policía James E. Dougherty, de 21 años, en parte, para evitar el regreso al orfanato. Aunque lo amaba, se divorciaron porque la productora de cine la quería soltera y el esposo prefería que no actuara. En 1954, contrajo nupcias con el jugador de béisbol Joe DiMaggio, con el que duró alrededor de un año. Tuvo un tercer matrimonio de 1956 a 1961 con el escritor Arthur Miller, y se le relacionó amorosamente con los actores Tony Curtis, Yves Montand, Clark Gable y Marlon Brando, y con John F. Kennedy (incluso con Robert, el hermano menor del presidente).

Para algunos, la afamada actriz es el estereotipo de la “rubia ingenua”, por los papeles que hacía en las películas, pero de eso “no tenía ni un pelo”: no sólo actuaba, cantaba y modelaba, se le reconocía su valentía e iniciativa para crear su propia productora y denunciar la realidad sexista en Hollywood; inspiró tendencias de moda y belleza; y además del símbolo sexual por excelencia, era aguerrida e independiente. Indiscutiblemente, los atributos físicos, de personalidad y simbólicos alrededor de la diva de Hollywood sugieren una carrera exitosa, sin inconvenientes.

No obstante, detrás del mito hay una historia de vulnerabilidad, tristeza y tragedia: una infancia alejada de los padres; un matrimonio adolescente como escape a los problemas; conflictos con sus diferentes parejas; inestabilidad emocional, salud mental deficiente (depresión, ansiedad, trastorno bipolar); y dependencia a sustancias (alcohol y medicamentos). Probablemente, esas fueron las razones que la llevaron a una lamentable, prematura y autoprovocada muerte, el 4 de agosto de 1962, con apenas 36 años –se dice que su ama de llaves la encontró desnuda en su cuarto, con su brazo hacia el teléfono descolgado, rodeada de algunos frascos de pastillas vacíos.

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