Uno de los elementos clave para tener libertad de decidir y gestionar proyectos de vida es la independencia financiera. En México, muchas mujeres no alcanzan esta posibilidad y las limitantes son multifactoriales. Un dato que evidencia la brecha existente con el género masculino es la inclusión financiera de mujeres con actividad empresarial, brecha que a diciembre 2024 fue de más 404 mil personas.
Según los datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, en México tan solo un millón 032 mil personas estaban registradas como agentes con actividad empresarial con cuentas en banca. De ellos, 718 mil fueron hombres y solamente 314 mil fueron mujeres, es decir, sólo el 30 por ciento fueron mujeres. La estadística que presenta el organismo dispone solamente de datos a partir de marzo de 2022, cuando la cantidad de personas con actividad empresarial fue de 655 millones, de los que también el 31 por ciento fueron mujeres, esto es, 206 millones. En términos absolutos, los datos muestran un avance significativo, pero en la proporción ello no es así.
Además, permanece aún una brecha significativa en la participación laboral de las mujeres no solo como personal ocupado, sino como empresarias. Según la información del INEGI, las actividades relacionadas al cuidado, como guarderías, asilos, enfermería en casa, orfanatos y lavanderías, son las actividades en las que las mujeres ocupadas dominan.
Al mismo tiempo, los datos del INEGI sobre las Mipymes, confirman también que solo el 34 por ciento de las contabilizadas en este instituto son lideradas por mujeres.
También de forma menos formal en su estadística y medición, las empresas grandes y familiares tienen generalmente hombres como la principal cabeza o hay pocas mujeres en sus consejos.
En ese sentido, urge una verdadera política de fomento a la participación laboral femenina como emprendedoras y líderes de empresas. No obstante, debido a que el rezago es histórico y en cierto modo cultural, una forma de fomento es en definitiva la existencia de asociaciones de mujeres empresarias, así como la participación de mujeres en puestos de liderazgo, no solo de servicio, altruismo y activismo, sino de negocios, capacitación ejecutiva, alta dirección y demás actividades que ayuden al género a convertirse en punta de lanza en actividades que salen fuera de aspectos de cuidado y extensión del hogar fuera de casa.
Según la publicación de WIRBEL en marzo de este año, apenas cinco de los 100 empresarios más importantes de México fueron mujeres. Así que, la participación femenina en los negocios se queda relegada en las posiciones como empleadas, y aunque hay empleadoras emprendedoras y dueñas de empresas, aún hay una enorme brecha para el mundo de las grandes ligas de los negocios.
Artículo publicado el 18 de mayo de 2025 en la edición 1164 del semanario Ríodoce.






