Javier Valdez, fue un escritor y periodista que heredó de la imaginería popular del Sinaloa profundo, el arte de saber contar los infortunios del sinaloense común. Hombres y mujeres condenados al infortunio en un destino predeterminado, en la que la Divina Providencia está ausente, no ilumina el camino de los desheredados olvidados por el tiempo futuro.
Para Javier Valdez, Sinaloa y su circunstancia fue el microuniverso que alimentó la carne, vida y sinsabores de sus personajes que en periodismo parecían personajes de una muerte anunciada y en su literatura eran personas reales.
Recuerdo que a principios de los años noventa del Siglo XX, como reportero del Canal 3, noticiero de Culiacán, recreaba a grandes pinceladas los aciagos avatares del culichi común: su vida en los camiones urbanos, estudiantes universitarios, burócratas con sueños de poder y, por supuesto, vivió como periodista el resurgimiento nada épico del estigma de Sinaloa: el macrouniverso del narcotráfico.
Ya como periodista del periódico Noroeste y como miembro fundador del semanario
Ríodoce, maduró como periodista y como narrador, pero sin olvidar su compromiso personal con los avatares de los más desheredados a quienes daba voz y rostro.
Esa convicción lo llevó a profundizar en los entresijos del narcotráfico, pero desde una perspectiva humana que nos dio literaria y periodísticamente la visión de las y los desheredados que se convierten en hombres de fortuna cuyo destino ya está predeterminado, quizá incierto, pero más cerca de la muerte que de la vida.
Desde una mirada a su modo o estilo, Javier Valdez, en su escritura, la lengua sinaloense fluye en narrativa y sonido muy natural.
Logra lo que los escritores buenos buscan, la armonía entre tema y habla de los personajes, hay en esa naturalidad un fraseo del excelente narrador que en periodismo inventó otra forma de narrar lo cotidiano con un estilo literario como escritor y periodista, es uno y el mismo.
Una construcción del contar popular y su transformación en gran literatura o la profundidad de la información y el mensaje para el mundo común sobre la vida azarosa del microuniverso del narcotráfico, que se trastoca en macrouniverso cuando gobierna miles de destinos.
Muchos narradores y periodistas han copiado o referenciado su estilo de contar verdades dolorosas dando carne, alma y rostro, es uno de sus legados.
En su recorrer literario hay premios, pero el premio mayor será escucharlo y compartir con él sus carcajadas que aún resuenan en el Guayabo clásico cuando leamos: Malayerba, Miss Narco, Los Morros del Narco, Levantones, Con una granada en la boca, Huérfanos del Narco o Periodismo escrito con sangre.
La visión o las premoniciones de Javier Valdez no son resultado de un nigromante, su obra es fruto de su inmensa humanidad hacia las víctimas del infortunio, ahora y siempre.
Artículo publicado el 11 de mayo de 2025 en la edición 1163 del semanario Ríodoce.






