En Culiacán, la guerra entre Chapos y Mayos no ha detenido la venta de droga con servicio a domicilio
“Carlos” tomó su teléfono y buscó el nombre entre sus contactos. Deslizó su pulgar por la pantalla; despacio, leyendo con cuidado cada uno de sus registros. Paraba y volvía hasta el inicio. “No me acuerdo como le puse”, dijo confundido.
Se esforzaba, subía su mirada y pensaba. Titubeaba algunos nombres… “Ya me acordé”, comentó chasqueando los dedos. Encontró el nombre y número de su dealer; su confiable repartidor de mariguana. Por motivos de seguridad y jugueteando con la idea de ocultar la identidad de un amante, había fabricado un nombre: nada evidente y muy ordinario.
Se comunicaron por mensaje de texto y se realizó el pedido; esa tarde Carlos ordenó 200 pesos de mariguana, lo equivalente a 4 gramos, la cantidad suficiente para armarse unos cuantos cigarros. Compartió su ubicación y lo esperó en algún punto de Culiacán.
La primera vez que se contactó con un dealer o vendedor sintió nervios. Estaba en su casa y le carcomía el temor de compartir su ubicación con un extraño. Finalmente se animó, caminó dos casas abajo, hizo su llamada y se preparó para hacer la transacción.
Para Carlos, estos dealers son actores secundarios del narcotráfico en Sinaloa “yo creo que el repartidor en especial el que utiliza la motocicleta para entregarte tu mariguana es una persona como yo, como un amigo de la universidad o como algún compañero del trabajo que está trabajando y está en ese sentido consiguiendo un salario para comer y vivir”, respondió.
Las formas de entrega son variadas, la más común son los repartidores que recorren varios kilómetros en sus motocicletas, nada ostentosas. Sencillas, simples herramientas de trabajo. Otros deciden vender a pie, estos se encuentran generalmente en zonas concurridas como el Primer Cuadro de Culiacán, cargan con sus cangureras y se mezclan entre el gentío. La dinámica de entrega es la misma: se envía un mensaje, se enlazan ubicaciones y llega el pedido.
Desde que inició la guerra entre Los Chapitos y Los Mayitos, adquirir mariguana se vuelve desafiante. Desde septiembre, poco más de un centenar de los denominados dispensarios o en su corta pronunciación dispes fueron atacados por grupos armados. A algunos los prendieron en fuego y otros lucían con sus fachadas tiroteadas.
Estos espacios dedicados a la venta de mariguana y otras sustancias como hongos, LSD y éxtasis, son un cascarón, sus fachadas se visten de papelerías, dulcerías, barberías, tiendas de ropa o estudio de tatuajes, nadie sospecha y solamente entre consumidores se sabe de su existencia.
Carlos pisó por primera vez uno de estos dispensarios en sus años de universidad. No necesitó indagar mucho, entre voces se decía que en tal lugar, a pocos metros de la universidad se localizaba un dispe. Llegó y tocó el timbre, una cámara de seguridad apunta hacía él y la puerta se abre. Por dentro son muy coloridos, predominan los dibujos psicodélicos y a cada paso el olor a mariguana se vuelve más evidente.
“Está el sentimiento de que si la Policía Municipal te ve con mariguana van a llevarte a barandilla, van a llamar a tus papás y pues está ese miedo de por medio al pisar esos lugares, inseguridad digamos también y un poco sorprendido por lo que pueda haber”, comentó.
Los catálogos de cada dispensario son amplios y los precios no son precisamente accesibles. Tres cigarros de mariguana bien forjados —también denominados conos o blunts— actualmente rondan entre los 300 y 500 pesos, esto dependerá de su cosecha. Con los actuales conflictos bélicos el aumento de precios fue mayor ya que la distribución representa riesgos.
Una cosecha interior —o en denominaciones anglosajonas indoor—, es más costosa por el tipo de cuidado que exige y los requerimientos de espacios e iluminación son más controlados. Aproximadamente tres conos mantienen un precio de 500 pesos. La cosecha exterior, outdoor, cultivada a cielo abierto es más barata y las cantidades son más grandes, cinco conos por 300 pesos. La cifra la ponen ellos y la calidad la califican los consumidores.
Comprar por gramaje —gramos— o por greña puede ser más costoso, los dispensarios más fancys rondan sus precios en aproximadamente 400 pesos por 3.5 gramos, 7 gramos en 700 pesos, ½ onza en mil 300 pesos y una sola onza en 2 mil 500 pesos. Otros más baratos ofrecen 1 gramo en 150 pesos, 5 gramos por 600 pesos.
Otros productos en sus catálogos son los hongos, que se ofrecen en 500 pesos por 3.5 gramos, y el LSD de 300 micras en 500 pesos.
Algunos de estos dispes son capaces de enviar sus productos a toda la república mexicana a través de un servicio de paquetería. El día y tiempo de entrega varían dependiendo del lugar donde el consumidor ordene.
Para Carlos, la interacción entre comprador-vendedor ha cambiado. “Cuando no había guerra e ibas a un dispensario el ambiente era más tranquilo, es decir, podías incluso intercambiar palabras con alguien que te atendía que no fuera meramente transacción y en la modalidad de que hay un repartidor que te lleva tu pedido la comunicación es escasa, lo único que te hace falta es saber que tú eres quien pidió y que él es el repartidor”.
Después de una hora de espera y algunas llamadas, su dealer llegó. “¿Tienes la feria?”, le preguntó. Carlos extendió su mano y le dio el dinero. El dealer nunca bajó de su moto. Sacó de su pantalón la bolsita donde venían los 4 gramos de mota. Se la pasaron. Ambos con movimientos rápidos y sutiles, una digna escena de transacción al estilo de El Bronx.
Artículo publicado el 04 de mayo de 2025 en la edición 1162 del semanario Ríodoce.







