Pepe Franco: un personaje de la literatura

Pepe Franco: un personaje de la literatura

 

Protagonista de diálogos, tertulias y vivencias, el escenario fundamental de su vida era la literatura y se afanaba en compartir a lectores o escuchas, sin medias tintas y con desenfado, sus ideas e impresiones en torno a las dimensiones, trascendencia, valores y funciones del arte sui generis del fenómeno literario. Acaso la vida era, en su percepción y mirada, un escenario de francas realidades que podían transmutarse en ficción. Y al revés. Acucioso lector de grandes autores, veía a la cultura como expresión decantada y desinfectada de la vida, talentosa conformación de vestido, ropaje o disfraz de la sociedad y rescataba y ponía especial atención en las peripecias chuscas y curiosas, las caricaturas y las “perlas” de la mundanidad. Las que luego se transformaban en metáforas y anécdotas (entre el énfasis, el goce y la ironía), que, en su prosa, distanciada de lo prosaico, rozaban el periodismo y la literatura vía el relato y la crónica y que publicaba en secciones culturales ahí, aquí, allá, y a la menor provocación.

Fundador de la Feria del Libro y las Artes (FELIART) en Mazatlán, escritor con la técnica del desenfado y autor de los libros ¿Quién habita el Ángela Peralta?, Las memorias desparpajadas de Roque Latripa, Fantomas al rescate y Mira esa gente sola, director del Instituto de Cultura de Mazatlán, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAS, y colaborador en varios medios periodísticos de Sinaloa, José Luis Franco fue un insaciable promotor del arte de las letras y de la gran literatura del mundo. Lo recordamos de manera entrañable en la travesía de la vida, en corto y en cubículos universitarios, y al paso del tiempo y la distancia, simplemente con afecto y más.

“Estos monos que ves”, pudo haber sido el título de alguno de sus libros, inspirado en los amigos, colegas, personajes y literatos mazatlecos, sinaloenses y del país, a los cuales aludía y se refería como constancia valiosa de existencia y con muchos de los cuales convivió en variados sitios del Centro Histórico de Mazatlán, frente a los majestuosos paisajes y rumbos del malecón y de Olas Altas o en los placenteros rincones de la Plazuela Machado. En aquel título imaginario, a propósito de uno de sus escritores favoritos, Jorge Ibargüengoitia, autor de Estas ruinas que ves, cabrían lo mismo sujetos comunes y no tan corrientes, amigos, bohemios, “grillos”, políticos, académicos, intelectuales, “grandotes” y “grandiosos”, así como protagonistas del cine, la música, la pintura, el espectáculo, la farándula y la cultura en general. Y esto se reitera en la diversidad de anécdotas, recuerdos y muy ilustrativos cuasi relatos, pletóricos de ocurrencias verbales, que se explayan en Mira esa gente sola, editado por el ISIC en 2013.

Ahí desfilan notables escritores y por ello resulta hasta lógica la riqueza de las temáticas que se tocan en los diferentes momentos o episodios del libro. En él se asoman Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, con la naturalidad del escritor que los tiene en su moblaje cerebral, como acervo interiorizado o como partes de su imaginario personal. Y muchos otros como Fernando Benítez, Ricardo Garibay, Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II. Y claro, sin faltar las remembranzas de significativos vecinos, como partes de los ventanales de la cultura, como Antonio Haas, Roberto Pérez Rubio y Óscar Liera. Están también otras figuras, cineastas, actores, cantantes y un caudal de personajes y así van apareciendo en el acordeón de la memoria desde Ángela Peralta, Marilyn Monroe, Marlon Brando, The Beatles, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, José Alfredo Jiménez, hasta Supermán, Chanoc, Mafalda o la Familia Burrón.

Modos, estilos, lenguaje y contenidos que están inmersos o son parte inherente del propio discurso que cultiva y describe a Pepe Franco, con su vida y su literatura sin género, entre sus orígenes de pueblo en La Cruz de Elota, y luego llenándose de cielo y universo a través del mar, la playa, la Zona Dorada, los Monos Bichis, Olas Altas, La Fonda de Chalío, el Campo Siete, viendo y viviendo entre la mordacidad, el sarcasmo y por supuesto bajo la sombra de la consuetudinaria y vital bohemia en el Centro Histórico porteño, espacio de simbolismos en el que vivió y que fue como su desparpajado hogar. La admiración por Marilyn resume quizá la estética de Pepe. Dice, textual que esa Mujer, llena de belleza, alegría, sonrisas, inocencia, seducción, erotismo y ludismo, sintetiza a “Las siete maravillas del universo reunidas en una sola mujer. En una mujer sola. ¿Cómo pudo caber todo el universo en un sitio tan pequeño?” (p. 67).

Un episodio significativo que se relata en Mira esa gente sola, fue una cena-reunión bohemia que organizó el semanario Ríodoce, en honor de Carlos Monsiváis, multirreferenciado en el libro y a propósito de una de las muchas ocasiones en que éste visitó el puerto por actividades literarias. Luego de la clásica conferencia, en una fastuosa residencia en la que en ese entonces vivía el artista y amigo Sergio Navarro, muy cerca de Olas Altas, la convivencia y velada con el cronista mexicano resultó alegre, emotiva y entrañable, aunque relata Pepe Franco que Monsiváis se entretuvo o le hizo “al loco” toda la noche con una sola cuba. Pero no fue tan así, pues quien esto escribe también estuvo ahí, en amena y cercana charla con Monsi, que en ese entonces también destacaba como sustantivo colaborador de la revista Proceso, que dirigía don Julio Scherer. Todo era relax en el gran autor de libros de popular prosapia, entre otros, como Amor perdido; Escenas de pudor y liviandad; y del muy útil en la enseñanza del periodismo A ustedes les consta. Antología de la crónica en México.

Vivir entre miles de libros, en la intensidad de la fastuosa grandeza de muchos de ellos. Como fascinación del intelecto, el alma y la sensibilidad. Y aún en el milagro, el hallazgo o la fortuna de estar junto a muchos de sus grandiosos y mortales autores. Simplemente verlos, entenderlos un poco, sentirlos y escucharlos. Eso también hacía, y con emoción, nuestro amigo Pepe Franco. Vale.

Artículo publicado el 13 de abril de 2025 en la edición 11 del suplemento cultural Barco de Papel.

 

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