México vivió su transición democrática entre 1977 y 1996-1997. Fue lo que hizo posible la alternancia pacífica y participativa en la Presidencia de la República en el año 2000.
La transición fue un proceso, no un acto, una serie de conflictos que demandaron reformas para transformar las normas, las instituciones y las condiciones en las que transcurrían nuestros procesos electorales, pero sus efectos fueron mucho más allá de la esfera comicial.
El país transitó de un sistema de partido hegemónico (Giovanni Sartori) a un sistema plural de partidos, de elecciones sin competencia a elecciones altamente competitivas, y ambos fenómenos juntos transformaron el mundo de la representación. De un espacio habitado (casi) por una fuerza política a otro colonizado por la diversidad política. Se transitó de un Congreso de la Unión subordinado a la voluntad presidencial a otro con la coexistencia de un pluralismo más o menos equilibrado.
La UAS también tuvo su transición, pero esta fue de la democracia al autoritarismo. Se redujo la participación de la comunidad universitaria en su conducción, con la aprobación de una nueva Ley Orgánica en la LVIII legislatura (2004-2007). 39 diputados levantaron la mano y dijeron que sí, solo hubo un voto en contra, el del diputado Feliciano Castro Meléndrez.
El diseño de la nueva Ley Orgánica redujo la participación de la comunidad universitaria en el nombramiento de sus autoridades, y creó las condiciones para que un grupo pequeño de notables se apropiaran de la UAS. Si antes se había vivido “La Tesis de la Universidad Fábrica”, principio de los 70’s del siglo pasado con el grupo de los Enfermos, una nueva desviación estaba por llegar, la Universidad-Partido.
México vivió la etapa conocida como Centralismo (1835-1846), donde México fue de un solo hombre, frase usada por Enrique González Pedrero, en el que un solo hombre gobernaba, Antonio López de Santa Anna. La UAS ha vivido su centralismo, un solo hombre la ha gobernado.
La UAS está en el camino para volver a recuperar la democracia que le fue robada; la nueva Ley Orgánica aprobada en la 64 legislatura ha puesto las bases. Otros deben de mejorarla.
Así como el país tuvo que pasar por varias reformas electorales (1977, 1986, 1990, 1993, 1994, 1996) para llegar a la alternancia. Así la UAS que es de un solo hombre, tiene que pasar por varias reformas a su Ley Orgánica, para que retorne su etapa democrática.
En la época del partido hegemónico el Congreso de la Unión recibía órdenes del presidente en turno. En la UAS, su consejo universitario recibe órdenes del rector en turno. Los cambios constitucionales y los cambios en las leyes electorales en el país se consiguieron con la participación ciudadana, en la UAS se conseguirán cuando exista un movimiento universitario vigoroso. Hoy no lo hay.
No hay equidad en esta contienda universitaria, el candidato del Consejo Universitario ha recorrido la universidad muchas veces, desde hace varios años, tiene todos los recursos económicos y materiales a su favor. Mientras la oposición compite amarrada, su campaña será testimonial, en la práctica está impedida para hacer campaña. El resultado será que el lobo se comerá a Caperucita.
Artículo publicado el 30 de marzo de 2025 en la edición 1157 del semanario Ríodoce.






