Un regalo…Caro

Un regalo…Caro

Si algo hay que reconocerle a los estadounidenses es la persistencia. Nunca dejaron de reclamar a Rafael Caro Quintero. Durante casi 40 años, jamás dejaron de insistir en que era insuficiente saberlo preso en México, lo querían tras las rejas en su país. Más que el narco que revolucionó el negocio a niveles de multinacional, lo convirtieron en un símbolo de que no olvidan un agravio como el de Caro, autor intelectual del asesinato de uno de sus agentes, Enrique Kiki Camarena.

Con la extradición de Caro Quintero los estadounidenses podrán festinar su perseverancia más que nunca, aunque solo se lleven los restos de aquel hombre que junto a Miguel Ángel Félix Gallardo fue fundador de las organizaciones del narcotráfico como actualmente las conocemos, y que precisamente los americanos empezaron a llamar cárteles. En realidad un término adoptado al español y que demuestra que desde un inicio se ha visto el tráfico internacional de sustancias como un tema económico, antes que nada.

El Cártel de Guadalajara recibió esa nominación desde Estados Unidos porque fue desde allá donde se percataron que en México se había conformado un grupo de sujetos que cada uno representaba una compañía por sí sola, similares pero independientes, aunque se unían para controlar el negocio de manera absoluta y restringir por el medio que fuera cualquier competencia.

Ya no es la estrella del momento, como lo fue en aquel 1985 en que Caro Quintero dejó de entender los alcances de su poder, lo creyó realmente ilimitado, y con el afán de venganza por el ataque a su negocio, se ensañó con el agente de la DEA que le descubrió su gran creación.

La historia es por demás conocida. Enrique Camarena formaba parte del equipo de la Agencia Antidrogas estadounidense que operaba en México. Fue parte de la operación que descubrió Búfalo, el inmenso rancho donde Caro Quintero proyectó la producción de mariguana a escala industrial. El gobierno mexicano se vio obligado a destruirlo. Obligado, porque antes estuvo operando Búfalo con total impunidad, muestra del alcance de la Organización en las más altas esferas del poder político de la época. Caro encontró en Camarena al culpable, y lo asesinó junto al piloto que sobrevoló el rancho para tomar las fotografías que serían la prueba de la existencia de esa inmensidad de mariguana.

Aunque por supuesto que antes del asesinato del agente antidrogas americano y del piloto, Caro Quintero y sus socios habían cometido otros muchos crímenes, pero con ese atrevimiento cruzó una línea inadmisible. Le llegó el desastre a Caro.

 

Margen de error

(Regalo) Hasta ahora se habían llevado a su país absolutamente a todos a quienes quisieron, casi a todos. Siempre les hacía falta su más preciado tesoro. La extradición en combo que entrega el gobierno de Claudia Sheinbaum no tiene antecedente por el número de narcos de alto calibre en un solo envío, incluso uno de ellos apenas detenido hace una semana. Pero sobre todo por el regalo mayor, incluir entre ellos a Caro Quintero.

Para colmo la extradición se hace en medio de las vociferaciones del Presidente Donald Trump, apenas pasó un mes de su mandato y se cumplen todas las peticiones que está haciendo por más disparatadas que sean. Pero el traslado de Caro Quintero resulta un verdadero regalo, casi el cumplimiento de un capricho anhelado.

Incluso hasta resultó una sorpresa. En las primeras horas del día de la extradición solo se hablaba de que serían llevados a Estados Unidos los líderes de los Zetas, los hermanos Treviño. Luego la lista se fue haciendo larga. Pero la inclusión de Caro Quintero terminaría por convertirse en la historia mayor.

 

Primera cita

(EU) “¿Qué más querrán?”, se preguntaba Caro Quintero en aquella entrevista de 1985 cuando le preguntaban que se lo querían llevar los gringos. Eran tiempos en que aún se estilaba que después de una aprehensión de ese calibre fuera posible que los reporteros seleccionados por el gobierno lograran hacer algunas preguntas.

No tiene desperdicio aquella entrevista. Caro se muestra despreocupado, como si se tratara de un simple tropiezo en su vida. Se talla el rostro con la mano derecha, sonríe casi a cualquier pregunta. Es hasta irónico cuando dice que se dedica a la agricultura.

“No debo nada con Estados Unidos”, diría ese día. “Si debo algo, lo debo en México”, remató. Y así fue por casi 40 años. Ahora tiene una cita en Estados Unidos, aunque ya no quede nada de aquel Caro Quintero, excepto el símbolo de la perseverancia americana.

 

Mirilla

(NY) Caro había alcanzado la libertad, también sorpresiva. Entre 2013 y 2022, nueve años retornó a lo que fueron sus dominios. Vivió a salto de mata de nuevo, fue una libertad bajo persecución constante. Lo seguía de nuevo la DEA y la Marina, y lo seguían sus enemigos. Nadie quería repartir una tajada del negocio.

Por eso trató de defenderse en una entrevista que ofreció a Anabel Hernández. “Dejé de ser narcotraficante y no estoy en guerra”, diría en su nueva aparición videograbada. Esta vez negaría haber conocido Estados Unidos, incluso negó haber enviado un solo gramo de mariguana o de cualquier otra droga.

Caro está ahora en Nueva York y ya lo presentaron ante un Tribunal. Aunque sea un hombre del pasado, el gobierno de Sheinbaum se juega mucho con la entrega del ansiado tesoro de los Estados Unidos. Por ahora son interrogantes clave, pero es claro que están dispuestos a dar lo que sea ante las amenazas de Trump. ¿Qué obtendremos a cambio?, y lo más grave, ¿será suficiente Caro o aún tenemos algo más qué entregar? (PUNTO)

Artículo publicado el 02 de marzo de 2025 en la edición 1153 del semanario Ríodoce.

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