Por error, los militares se estaban matando entre ellos mismos en la operación para atrapar al Jando, cuenta el síndico encargado de Jesús María; un militar murió
Los habitantes de Jesús María volvieron a sentir el terror de un enfrentamiento. De nueva cuenta las balas y el ruido de los helicópteros y los aviones los despertaron y atemorizaron.
La madrugada del 8 de febrero pensaron que habría otro culiacanazo como el del 5 de enero de 2023, pero en esta ocasión el tiroteo fue más breve y, según el encargado del despacho de la sindicatura, fue un enfrentamiento entre militares, no con sicarios.
En el operativo detuvieron a Mauro Alejandro “N”, alías el Jando, piloto de Los Chapitos y uno de los hombres cercanos a Iván Archivaldo Guzmán Salazar; un militar murió.
Otoniela, de 35 años, estaba en su casa con su esposo y sus tres hijas cuando los despertaron los balazos y los helicópteros.
La joven narra que en el patio de su casa había militares que pedían tijeras, medicamentos y otras cosas. Y en varias ocasiones le tocaron con fuerza tanto la puerta del frente como la trasera, pero no abrió.
Ahí en su casa presuntamente quedó herido el militar que falleció. En una de las paredes de la fachada hay manchas de sangre y en el piso del lavadero quedaron otras más; y, además, en su patio encontró un trozo de tela de uniforme militar ensangrentada.
Afuera de la casa de Otoniela, según el encargado de la sindicatura, Juan León, estaba un grupo de militares a los que otros soldados les dispararon desde el helicóptero y se inició el tiroteo.

El síndico interino narra que el Jando no vivía en Jesús María ni tampoco lo conocían. Ese día, los militares lo empezaron a perseguir desde otro lugar y se metió al poblado, asegura.
El Jando dejó su carro y se metió en una casa donde vive una pareja de adultos mayores y ahí fue detenido, pero los militares amarraron a los dos habitantes y al hombre lo golpearon, explica.
Detalla que en el tiroteo no intervinieron delincuentes, sino que fue entre militares después que los iban siguiendo en el helicóptero, él cree que confundieron con delincuentes a los que estaban en tierra y les dispararon afuera de la casa de Otoniela. Llegaron disparando y se inició un tiroteo.
No tuvieron contrincantes, no hubo criminales que los agredieran, ellos se pelearon entre ellos mismos, el boludo los confundió con gente mala y les empezó a disparar, expresó.
La casa de María
María, una adulta mayor, vive frente a donde detuvieron al Jando. Estábamos dormidos, pero nos despertamos con el avión arriba de la casa, expresa.
La señora vive con su hijo, su nuera y una nieta en una vivienda con techo de lámina. El día de la balacera disparaban desde el aire y las balas atravesaban su techo.
El avión nos tiraba de arriba y qué íbamos a hacer, estuvo muy feo, pero qué vamos a hacer, nada, más que esperar a ver qué pasa, pero sí estuvo muy fea la balacera ahí, cuenta.
Las balas cruzaron su techo y perforaron una mesa, el refrigerador y paredes, mientras ella y su familia estaban arrinconados en una esquina.
Don Raúl, de 71 años, no tiene duda de que “diosito” lo salvó de morir. El hombre es un invidente que suele dormir en una caja seca que no está en uso y está estacionada afuera de un expendio de cerveza donde pide limosna.
La noche del viernes 7, se fue a dormir a otro lugar al que “diosito me llevó”, dice, porque la caja donde duerme quedó con más de 20 balazos la madrugada del sábado 8.
Cuatro días después del enfrentamiento, Guadalupe, de 80 años, todavía se siente mal. Durante la madrugada del sábado, cuando empezó el enfrentamiento, cuenta, se le subió la presión y se puso tan mal que pensó que se iba infartar.
Dice que lo único que escuchaba eran helicópteros y aviones volando sobre su casa.
Señala que cuatro días después sigue con la presión alta y requiere atención médica y solo ha acudido al Centro de Salud de la Comunidad y no a un hospital porque tiene “miedo de salir de la casa, miedo de salir para la carretera, puro miedo hay aquí”.

En esta ocasión la balacera no se extendió durante horas como el 5 de enero de 2023, cuando detuvieron a Ovidio Guzmán López, el Ratón. Fue breve, pero los helicópteros y los aviones sobrevolaron durante varias horas y los militares permanecieron en el poblado sin dejar salir a sus habitantes.
El encargado de la sindicatura, Juan León, denunció que hubo abusos de parte de los militares pues se metieron a las casas y amenazaron y golpearon gente que no tenía nada que ver con el detenido.
“A nosotros no nos afecta la presencia de los militares, para nosotros sería mejor permanente la presencia de ellos, pero que no actúen tan prepotentes, es demasiado lo que atemorizan a la gente. A quien se le ocurre meter un equipo artillado aquí en medio de la comunidad tirando a diestra y siniestra, caiga quien caiga”, expresó.
Comentó que, tras la detención de Ovidio Guzmán, en 2023, el Ejército se quedó de forma permanente durante unos meses y desde entonces en el pueblo había tranquilidad, hasta el sábado 8 de febrero.
Manifestó que de nueva cuenta los militares volvieron a cometer arbitrariedades con los habitantes que no tenían nada que ver con la persona que iban a detener.
“Si ellos tienen alguna persona que capturar, que le debe algo, que lo persigan, si hay quien deba pues tiene que pagar, pero no tenemos que pagar las personas que no tenemos ninguna culpa por otros que sí tienen”, expresó.
Días después del enfrentamiento aún están las huellas del tiroteo. Hay casas con disparos en las fachadas, al menos dos vehículos con balazos en la carrocería y en los cristales y las manchas de sangre, presuntamente del soldado que fue herido y murió.
Artículo publicado el 16 de febrero de 2025 en la edición 1151 del semanario Ríodoce.







