“El pupitre de Gael grita en silencio en el primero C de la secundaria Jesusita Neda. La vida y el futuro cercenados por las balas en una ciudad que vive su propio infierno”
La madrugada del domingo 19 de enero la delincuencia en Culiacán destrozó una familia, arrebató tres vidas.
En dos aulas hay un espacio vacío y un hueco en el corazón por la violencia que vive Sinaloa desde el 9 de septiembre.
Dos capullos cortados antes de florecer y un árbol que daba sombra a una familia. Gael Antonio y Alexander con una vida por delante y Antonio de Jesús, en la flor de su juventud, víctimas de la delincuencia y de la ineptitud gubernamental.
El pupitre de Gael
En el primero C de la escuela secundaria Jesusita Neda la tristeza ahoga. La opresión es densa y no deja respirar. Las lágrimas atenazan la garganta y el dolor escurre por las mejillas.
Gael observa la clase desde su pupitre. El aroma de las rosas se entremezcla con los vapores de la veladora que ilumina la fotografía del niño de 12 años, apoyada en el respaldo, y el dique contenido se desborda por los ojos.
“Cuando me dijo mi mamá pensé que estaba bromeando… no lo aceptaba porque yo lo miré el viernes…”, dice Áxel, uno de sus amigos.
En el patio de la secundaria la alegría es triste. Hay murmullos. Silencios. El grito contenido por la muerte de Gael.
“El viernes me despedí de él…”, agrega Áxel, “y ahora me avisan que pasó eso… Lloré un rato y no he podido estar bien un día”.
Óscar está ensimismado. Las manos quietas y la mirada distante.
“Cuando nos despedimos le pedí que el fin de semana me pasara el trabajo de matemáticas, porque un día no vine y no entendí… pero no se pudo”, cuenta Óscar.
Christian echa el cuerpo para atrás, aspira la vida en un respiro largo y fija su mirada al cielo de la oficina.
“Había escuchado la noticia, pero no sabía que era Gael. Una amiga lo mandó al grupo y pensé que era broma. Después lo comentó la prefecta… No me he sentido bien desde entonces”, susurra Christian.
Rodrigo cursó la primaria con Gael en la escuela Sócrates, se conectaban para jugar en línea y tenían las mismas aficiones.
“Me sentí muy triste… (Gael) quería ser futbolista profesional”, dice Rodrigo.

El pupitre de Gael grita en silencio en el primero C de la secundaria Jesusita Neda. La vida y el futuro cercenados por las balas en una ciudad que vive su propio infierno.
El día infausto
La madrugada del domingo 19 de enero Antonio de Jesús, un empleado de una notaría, circulaba en su vehículo por el bulevar California del fraccionamiento Los Ángeles, en compañía de sus hijos Gael Antonio de 12 años y Alexander de 9.
Adolfo, su sobrino, los acompañaba.
Una persecución y un supuesto intento de despojo sembraron el infortunio. El padre murió en el lugar a consecuencia de las balas.
Gael perdió la vida horas después por las heridas causadas por los proyectiles en el Hospital General de Culiacán.
Alexander fue internado en el Hospital Pediátrico de Sinaloa y Adolfo, de 17 años, en el hospital del ISSSTE.
Familia ejemplar
Lizbeth, la psicóloga de la escuela secundaria Jesusita Neda y amiga de la familia de Gael, está conmovida.
“Conozco a Gael, es un excelente niño, un excelente ser humano, un buen hijo, un buen compañero, un buen deportista… de excelente familia”, cuenta.
Ellos son deportistas, continúa, su hijo Rodrigo jugaba futbol con Gael.
“Sientes impotencia ante estas situaciones de violencia que vivimos en nuestra ciudad”, expresa.
La voz de Lizbeth se quiebra y los ojos adquieren el brillo de la tristeza. Un temblor casi imperceptible desdibuja su rostro.
“Nadie merece morir… Son una familia muy trabajadora que no merecía esto que está sucediendo”, balbucea.
María Antonia, la prefecta de la Jesusita Neda, cuenta lo difícil que fue para la escuela recibir la noticia de la muerte de Gael.
“Desde que llegaron (los alumnos) me buscaron. Querían un refugio. Querían que yo les diera unas palabras, que les dijera que era mentira. Estaban incrédulos a esta noticia…”, comenta.

La estancia de Gael en la secundaria fue breve, agrega la prefecta, pero suficiente para conocerlo.
“Todos le teníamos cariño a Gael”, expresa.
Destrozaron una familia
“¿Qué quiere que le diga… que destrozaron una familia. Una familia ejemplar, trabajadora…, que yo cuando veo a uno de mis alumnos quiero saber que se graduaron, que son felices, no que murieron en estas condiciones…?” pregunta Ivanna, la maestra de sexto año de primaria cuando se le pide un comentario acerca de Gael Antonio.
Horas más tarde del martes 21 de enero, la profesora desboca sus sentimientos y vacía su corazón en una carta publicada en sus redes sociales.
“Siempre creí que él tendría un futuro brillante, independientemente de lo que decidiera estudiar, yo lo imaginaba siendo un hombre de bien.
“Un niño como Gael, sólo puede venir de un hogar estable y una familia amorosa; de una familia que en este momento se encuentra destrozada.
“Puedo decir que la muerte de Gael me partió el corazón, porque físicamente sentí el dolor en el pecho, mi corazón se quebró. No podía creer que me hubieran matado a mi alumno, es el tipo de noticia que ni en un millón de años me pudiera haber imaginado. Cuando vuelvo a ver a mis alumnos, quiero saber que se graduaron, que les va bien en la vida, que se casaron, que tienen hijos, pero nunca que murieron y menos en las condiciones en las que murió Gael”, escribe la maestra.
La tercera muerte
Los cuerpos de Antonio de Jesús y Gael Antonio eran velados en una agencia funeraria; el martes 21 de enero por la tarde a Miriam, la madre y esposa, le cayó una losa más en su desgracia.
Alexander, de 9 años, alumno de cuarto grado de primaria en la escuela Sócrates, fallecía en el Hospital Pediátrico de Sinaloa a consecuencia de las heridas de bala que recibió en el atentado la madrugada del domingo 19 de enero en el fraccionamiento Los Ángeles.
Adolfo, el sobrino de 17 años, aún permanece internado en un hospital, recuperándose de las heridas sufridas en el atentado.
Atacaron lo que más queremos
La mañana del martes 21 de enero, el director de la escuela Sócrates, Víctor Aispuro, condenó el atentado.
“Atacaron lo que más queremos, que son los niños, y nos duele mucho. Hay una familia consternada”, expresó.
Encendido por la cólera, el maestro arremetió contra el “gobierno inepto, un gobierno omiso, que ignora, que lastima”.
“Esta vez fueron los hijos, el padre de una familia, un sobrino, pero el día de mañana pueden ser nuestros hijos…”, expresó.
Al día siguiente encabezó a miles de culichis que marcharon exigiendo justicia y el fin de la violencia.
Artículo publicado el 26 de enero de 2025 en la edición 1148 del semanario Ríodoce.






