Redes vacías: La crisis pesquera en Guasave

Redes vacías: La crisis pesquera en Guasave

En las comunidades La Pitahaya y Boca del Río, pescadores señalan que fueron excluidos del programa que destinará apoyos por 25 millones de pesos a ribereños

 

Ante el colapso del sector pesquero, pescadores de La Pitahaya y Boca del Río, dos comunidades del municipio de Guasave, buscan ser escuchados. Aquí solo se está sacando concha y algunas especies de escama, pero su precio en el mercado es muy bajo, solo para sobrevivir, narran los pescadores entrevistados, por eso, cuando escucharon que serían excluidos del programa estatal que destinará 25 millones de pesos para apoyar a ribereños, la esperanza de un cierre de año bueno, se desvaneció.

En sus reclamos recogidos a la orilla del mar, indican que quieren que los apoyos lleguen directos a las familias, sin intermediarios, con buenas despensas y no a punto de caducar o con gorgojos.

Aquí las historias abundan, como la de Nicolás Velarde, y su plan de empeñar su equipo para tener algo que comprar en estos días de fiestas de Navidad; o las que narra Bernardo Perea, quien dice “nombre oiga, aquí hay mujeres y hombres que no completan para el pasaje de los plebes que van a la prepa a Palos Verdes”.

Ambas localidades, consideradas dentro del núcleo de marginación del municipio, solicitarán una audiencia con el gobernador Rubén Rocha Moya, con la esperanza de encontrar una solución.

En estas comunidades, más de 130 familias dependen directamente de la pesca para subsistir, y a pesar de ello los apoyos estatales han dejado fuera a las cooperativas de estas regiones, las cuales comenzaron a formarse después de los años noventa, dejando a los pescadores enfrentando un futuro incierto.

Para Boca del Río, la situación se agrava por su ubicación en altamar, lo que impide que estas comunidades accedan fácilmente a concesiones y permisos, ya que los apoyos se destinan prioritariamente a localidades con esteros y bahías.

Mientras tanto, Emilio Valenzuela, dirigente de la cooperativa de Boca del Río, cuestiona el trabajo de la Secretaría de Pesca, calificándolo de un rotundo fracaso. “La falta de recursos es porque no hay cuidado de las especies; si realmente hicieron inspección y vigilancia, otra sería nuestra realidad”, afirmó.

El líder pesquero señala que la falta de políticas para la conservación de especies por parte de la Secretaría de Pesca y el abandono estatal han reducido la producción al mínimo, obligando a los pescadores a encallar sus lanchas sobre la arena.

Apoyo a cuentagotas

“Hay poca sierra, hay pocas ventas y poco turismo, tenemos actividad de sobrevivencia y el gobierno nos apoya a cuentagotas, poquito”, lamenta Bernardo Perea, un pescador que ha dedicado toda su vida al mar. Sus palabras reflejan la realidad de Boca del Río, una comunidad pesquera que enfrenta carencias económicas y abandono institucional.

Si bien recibe apoyos como el programa federal Bienpesca, que otorga 7 mil 200 pesos anuales, y un aporte estatal de 3 mil 600 pesos al año, estas cantidades resultan insuficientes frente a las crecientes necesidades del sector.

En otro punto del campo pesquero, Nicolás Velarde, de 50 años, lleva 36 tirando su red al mar y comenzó cuando apenas tenía 14 años. Él como muchos otros pescadores de Boca del Río se enfrenta al desamparo del gobierno estatal, aunque aún mantiene la esperanza, sabe que los tiempos son cada vez más difíciles, pues ninguna de las seis cooperativas de su comunidad ha recibido concesiones, ni mucho menos acceso al apoyo estatal destinado al sector pesquero.

“Nos fue muy mal esta temporada, ya dejamos de salir a pescar el camarón porque no alcanza para la gasolina”, lamenta, pues la acechante crisis lo ha obligado a considerar tomar decisiones desesperadas: empeñar su lancha, la misma que ha sido su compañera de vida en altamar.

El panorama a su alrededor es desolador, a unos metros los descartes de pesca olvidados en la arena son devorados por moscas. La escena retrata con crudeza el abandono y la precariedad que enfrentan los pescadores de Boca del Río.

La historia de este pescador no es única, sino el reflejo de una comunidad entera que lucha por mantenerse a flote, tanto en el agua como en la vida, mientras esperan soluciones, la desesperación crece junto con la incertidumbre de un futuro que se presenta cada vez más incierto.

La lucha por ser escuchados y obtener apoyos continúa, aunque Emilio Valenzuela se muestra escéptico sobre un cambio en la postura gubernamental. “La verdad no creo que el gobernador nos vaya a recibir en audiencia”, expresó con resignación, ante esto las comunidades pesqueras intentan mantenerse a flote, enfrentándose a un sistema que parece haberlas olvidado.

Los pescadores advierten que, sin estrategias de conservación ni un respaldo directo y transparente, no solo está en juego la supervivencia de sus familias, sino también el equilibrio ecológico y económico de la región. En este momento, la pesca ha dejado de ser una actividad sostenible para convertirse en una cuestión de mera supervivencia.

Artículo publicado el 29 de diciembre de 2024 en la edición 1144 del semanario Ríodoce.

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