Cristina Rascón, traductora del poeta japonés, señala que su personalidad amorosa, amable, prevalecerá en su obra
Cristina Rascón conoció la obra del escritor Shuntaro Tanikawa en 2001, cuando encontró en una librería de Japón el libro Minimal. Entonces acababa de presentar un examen de japonés y se sorprendió que podía leerlo sin problemas.
Se fue a casa y empezó a profundizar en su amplia producción literaria, que abarca más de 60 libros para niños, teatro, guiones para cine, televisión y radio.
“No tenía idea de quién era Tanikawa, pero al abrir el libro y ante mi sorpresa pude entender los poemas, surtió un efecto en mí”, recordó.
“Sus ideas eran perturbadoras y filosóficas. Me emocionó profundamente su honestidad, su capacidad de ver dentro de sí mismo con transparencia”.
Al tiempo, conoció a William Elliot, su traductor en inglés y este la acercó al poeta. Le autorizó hacer su primera traducción del japonés al español: Sin conocer el mundo.
Esto la llevó a otras cosas, la propia Embajada de Tokio la invitó a presentar el libro y en 2014 realizó la traducción de: Dos mil millones de años luz de soledad. Este año salió Amor, jazz, desnudez, viajes, una cocina a media noche y poesía selecta.
Rascón lo presentó en México. No alcanzó a hacerlo en Japón, hace algunos días el correo electrónico no fue respondido por él. Falleció el 13 de noviembre, a los 92 años.
“Él tenía una personalidad amable, amorosa con mucho sentido del amor. Su partida nos deja su risa y capacidad para hacernos reír”, señaló.
“Su escritura es muy poderosa. No era un autor predecible, en cada poema daba sorpresas y en sus textos estaba el tema de esa búsqueda del amor que no puede encontrarse”, detalló.

Se trataba, señaló, de una voz humana, que la enganchó desde la primera página que leyó. Escribía con un lenguaje que al parecer era sencillo, pero que dejaba pensando en sus finales.
Un autor cercano a sus lectores
Rascón señaló que Tanikawa, fue un autor cercano a sus lectores; respondía cartas, era muy filosófico y le gustaba mucho hacer performance con su hijo pianista para hacer lectura de sus poemas.
Se convirtió en uno de los escritores más importantes del Japón contemporáneo. Su equivalente es como Jaime Sabines en México.
“Para mí es un poeta entrañable, amoroso que incluso se leía en kínder, primaria, muy querido por sus lectores. Podría escribir desde el punto de vista de un niño, joven, siempre estaba en una búsqueda constante”, señaló.
“Fue más allá de la escritura tradicional japonesa. Escribió en verso libre y con una poética. Nunca se restringió.”
Tanikawa, mencionó la traductora, fue uno de los poetas japoneses más leídos y respetados, que aún seguía vigente en conversatorios y su voz seguía firme.
El arte de la traducción
Rascón pertenece a la Asociación Mexicana de Traductores Literarios. Realiza un trabajo que a veces no se valora, pero Tanikawa a ella le dio un valor importante.
En 2009, cuando presentaron Sin conocer el mundo, él la presentó como autora.
“Me sorprendió mucho que cuando hizo la presentación dijo: ‘A continuación presentamos a la poeta Cristina Rascón, quien leerá sus poemas al español, porque lo que escribiste a partir de mis poemas, ya no son míos. Tú escribes a través de mis poemas’”, contó.
“He realizado traducciones del inglés, alemán, pero en especial el japonés me encanta, porque tiene dos alfabetos, uno fonético y otro visual. En realidad, estamos leyendo dibujitos y un juego de sonidos. Reproducirlo es fascinante, no me lo da otro idioma más que el chino”.
Traducir a Tanikawa, contó que fue un reto. Le deja sencillez ante la vida y muchas preguntas.
“Traducirlo para mí fue hacer un juego musical sobrio, lleno de preguntas, humanismo. No me quedo con ningún pendiente con él, estoy agradecida por ser su traductora”.
Acerca de amor
yo soy el yo que contemplo
el yo de quien se sospecha
el yo que veo cuando me vuelvo
el yo que he perdido de vista
y no soy el amor
soy la carne que ha huido al centro del corazón
el pie que no conoce la tierra
la mano que no puede arrojar al corazón
el globo ocular que observa ese corazón
y no soy el amor
soy el mediodía donde el sol terminó
la obra que ha sido coreografiada
la conversación de una pareja en su cama, conversación a la que se le ha puesto
un nombre
una oscuridad a la que hay costumbre de más
y no soy el amor
soy la tristeza que no se ve
soy una alegría ruidosa y hambrienta
un huérfano que escoge a qué enlazarse
la desfelicidad que existe por fuera de la felicidad
y no soy el amor
soy la mirada más profunda de cariño
soy tanta comprensión que no se qué hacer con ella
soy un erectedpenis
soy un deseo constante y sin final
y es que yo no soy el amor
Del libro Ai ni tsuite [Acerca del Amor], 1955
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 7 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






