Son mujeres que hacen arte y decidieron unirse en el Colectivo Bachia en 2017. Desde entonces han pintado murales en colonias de alta incidencia de violencia en Culiacán.
En Barrancos, Alturas del Sur, Bugambilias, 21 de Marzo, Vallado, se han prestado los muros para que pinten sus propuestas, en las que suman a otras jóvenes artistas.
Les interesa apoyarse unas a las otras; Ana Arista, Sharey Félix y Elsa Aréchiga utilizaron una palabra en yoreme, para hacer factible su significado: semilla de maíz.
Actualmente embellecen el Centro Histórico. En las bardas de un estacionamiento del Paseo del Ángel pintan para ofrecer más allá de un paisaje histórico.
Son 11 murales en los que participan además de ellas, Vitoria León, Delia Hernández, Kath Murakami, Carolina Molina y Pau Zaragoza. Pintan a los ángeles que protegen a Culiacán, mascotas que los cuidan, la fe y la salud mental.
Hacen murales y se han configurado como el único colectivo enteramente de mujeres para visibilizar que el arte no tiene género.
Es esta, una forma de conversar de manera indirecta con los transeúntes, así lo cuenta Elsa Aréchiga Ayón, mientras detalla el personaje central de su obra.
“Para mí pintar es conversar, poder generar un lenguaje con lo que se ve en las paredes y siempre será distinto. Esto es lo bonito del arte, que generará cosas distintas”, señala.
“Si la gente pasa solo a tomarse una foto y ya, pero a lo mejor se pregunta por qué tiene tales colores, entonces esto me parece que tiene un impacto, es una conversación indirecta”.
Bachia: semilla de maíz
El colectivo Bachia se unió para hacer arte, en lo particular cada una de ellas lo hacía, pero pensaron que unirse en algunos proyectos serviría para difundir el trabajo de las mujeres.

Además de Mujeres Creando Sinaloa, ellas son el único colectivo que hace obra mural con temáticas que van desde la naturaleza hasta íconos de la ciudad.
“Hicimos murales para el Colectivo Tomate en 2017 y desde entonces empezamos a colaborar, invitando a otras compañeras, a la par tenemos nuestros proyectos individuales”, dijo Aréchiga Ayón.
“Empezamos haciendo trabajo en comunidad, que los murales dieran ese sentido de pertenencia a las personas. Eso es ir sembrando esa semilla, que lo que hacemos tenga un impacto social”.
La pintora explicó que desde que era estudiante de artes en la UAS, se interesó por temáticas naturalistas; los animales, flores, árboles, paisajes.
Para este proyecto abordó la figura de los ángeles, a través de personajes infantiles. Se ha enfocado en trabajar las infancias.
“Se me hace muy importante abordar el tema de las infancias en el arte, no tanto por la ternura, sino como memoria, el recuerdo que tiene uno vive en su infancia. Los viajes que nos hacen ser lo que somos hoy”.
“Que trabajemos mujeres artistas se me hace maravilloso, porque usualmente nos entendemos mejor, nos motivamos de la forma que deseamos ser apoyadas. La crítica, retroalimentación que yo he recibido por artistas, siempre ha sido amena, amable muy de crecimiento”.
Pintar como placer
En su trabajo Elsa Aréchiga Ayón ha pintado a Amparo Ochoa, cuentos de Inés Arredondo y otros rostros sinaloenses.
Se ha sumado a iniciativas de desarrollo de murales en la ciudad, con grupo Suma y Colectivo Tomate. Así considera que el arte cobra más fuerza.
“Desde siempre me ha gustado pintar, pero no es que yo tuviera una concepción de que podía ser artista, no lo miraba como mi realidad, que también yo creo que es una de las cosas bonitas de trabajar en comunidad porque le llevamos la realidad a otras personas”, contó.
“Llegué sin pensarlo a la escuela de arte, empecé a meterme de lleno a dibujar, pintar y ser parte de distintos proyectos de murales. Me encanta pintar por placer”.
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 1142 del semanario Ríodoce.






