¡Y jalaron la banda por la paz!

¡Y jalaron la banda por la paz!

Violencia congrega a culichis a favor de músicos y meseros de Culiacán

El espíritu y la esencia de Culiacán renacen con el evento ¡Jalemos con la banda! en beneficio de músicos y meseros afectados por la violencia, que flagela a estos sectores desde el 9 de septiembre.

Es jueves 21 de noviembre. Los músicos por un momento se alejan de los cruceros donde se granjean el peso con su arte y se concentran en la avenida Álvaro Obregón, frente a Catedral.

Los meseros eventuales dejan sus charolas y se unen al bullicio que se arma en Culiacán, donde bandas, norteños, mariachis y demás géneros musicales se unen por una causa.

El escenario está dispuesto frente a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, y el platillo principal ya lo preparan 150 estudiantes de la facultad de Gastronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Los gastrónomos muestran su destreza con la hoja del cuchillo y el salpimentado del marisco que se marina en el contenedor.

El aroma de los ingredientes del aguachile más grande del mundo estruja las entrañas y provoca el apetito de quienes salivan en espera del primer bocado.

Las Tecate ya se enfrían para dar de beber al sediento y el aguachile ya se marina en su salmuera para dar de comer al hambriento.

El Chef Taniyama supervisa la preparación del platillo de su creación y el ¡Jalemos con la banda!

“La causa es ayudar y arropar a nuestros músicos, a nuestros meseros”, expresa.

En el contenedor ya está la tonelada 200 kilos de aguachile con “todos sus poderes” y los músicos se aprestan ya para la apertura musical.

La violencia que ha dejado más de 400 muertos desde el 9 de septiembre, más de mil robos de vehículos y más de 400 desaparecidos en Sinaloa, es lo que mueve a Miguel Taniyama y demás organizadores a ¡Jalar con la banda! para apoyar a músicos y meseros que han sido los más golpeados por la inseguridad.

“Esto es parte de eso, de rescatarnos, de construir paz, de sacar adelante esto”, dice.

La música adereza el ambiente y crea la atmósfera festiva de un Culiacán que ha vivido 74 días sin sosiego.

La pérdida de empleos, el cierre de negocios y la cancelación de vida nocturna mueve a ser empáticos con los músicos y meseros que perviven por el apoyo ciudadano.

En el escenario dispuesto para los músicos ya se escucha El Sinaloense de la Banda Culiacán y los asistentes sacan “los prohibidos” en un baile colectivo.

Manuel Rodríguez, el capitán de meseros eventuales, se duele de la situación de violencia que vive la capital del estado desde que las facciones del Cártel de Sinaloa se encuentran en conflicto.

“No hay trabajo para nosotros, los meseros eventuales…” lamenta.

El escenario de 2020 de la pandemia del Covid-19 se repite. Fiestas y eventos se suspenden y músicos y meseros eventuales se quedan en la orfandad.

ESTUDIANTES. Preparando más de una tonelada de aguachile.

“Ya tenemos más de dos meses, exactamente del 9 de septiembre hasta la fecha, sin trabajar por la violencia que existe”, expresa.

La asistencia se hace numerosa en la Álvaro Obregón. Los rayos del sol son benevolentes, y la música en el escenario invita a “tirar polilla” y el aroma del aguachile hace salivar al asistente.

Para estas fechas, dice Manuel Rodríguez, la agenda de trabajo ya estaba llena desde octubre hasta diciembre. Hoy no.

“En estos momentos no hay ni una fecha programada para diciembre”, manifiesta.

Y esto no tiene para cuándo terminar, pues apenas les cae algún evento, subraya, la violencia vuelve a desatarse, y vuelven a cancelar…

A las once de la mañana más de 350 músicos se congregan en el atrio de Catedral para tocar al “unísono” El Sinaloense, como un acto de unión y de rechazo a la violencia.

A tamborazo limpio mandan su mensaje al mundo.

“Este es el Culiacán verdadero… el Culiacán que queremos…”

La fila para el aguachile es inmensa.

La porción de camarón es generosa por unos pesos y tiene sabor de evento con causa. Camarones cortados en mariposa condimentados con “todos los poderes” y empujados con una Tecate bien “helodia” y bien sudada.

“Rico y barato… ¿Qué más se puede pedir…? Aparte, es con causa…” comenta José Luis.

“Estamos esperando que la gente nos apoye a todo el gremio de la música y a los meseros”, dice Luis Enrique, de la banda orquesta Sangre Azul.

A la una de la tarde los 600 kilos de camarón y los 450 kilos de pepino, los 350 kilos de cebolla y los 400 kilos de limón pasaron a mejor vida, deleitando el paladar de una sociedad ávida de volver a la normalidad.

“Es la gastronomía, es la música, pero es el corazón de los culichis que está aquí presente”, subraya el Chef Taniyama.

La música continúa en el escenario frente a Catedral con ¡Jalemos con la banda!

El desfile musical es variado y las ganas de ayudar, muchas.

El “Desde Navolato vengo, dicen que nací en El Roble, me dicen que soy arriero, porque les chiflo y se paran… se escucha en el templete, mientras “El mariachi loco quiere bailar… el mariachi quiere bailar…”

A las cinco de la tarde aún persisten los ímpetus fandangueros en la Álvaro Obregón y en la atmósfera revolotean el espíritu y la esencia de Culiacán. De su gente que busca la paz y la tranquilidad al margen de sus autoridades.

“Esto es parte de eso, de rescatarnos, de construir paz, de sacar adelante esto. Y si no lo hacemos nosotros, los ciudadanos, entonces, ¿quién…?” expresa Miguel, el Chef Taniyama.

Artículo publicado el 24 de noviembre de 2024 en la edición 1139 del semanario Ríodoce.

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