Desde hace algunas décadas, diversas expresiones de académicos y juristas, llamaron la atención y más reciente, por declaraciones de funcionarios, se tuvo conocimiento que el Ministerio Público, arrastra padecimientos que se pierden en el tiempo, los cuales, a la fecha, no han podido revertirse y tales problemáticas, así como el tratamiento recibido, ha sido sólo placebo.
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En este sentido, el jurista, abogado y escritor mexicano Héctor Fix-Zamudio, con motivo de la reforma al Artículo 21 Constitucional, de 3 de febrero de 1983 (primera desde que el Constituyente de Querétaro promulgara la Constitución de 1917), de manera enfática, se refirió a la hipertrofia del Ministerio Público, al haberle otorgado facultades monopólicas para el ejercicio de la acción penal, desistirse de esta y elaborar conclusiones no acusatorias, lo cual obligaba al juez a sobreseer el proceso.
De la misma forma, el abogado y filósofo Juventino V. Castro, quien fuera ministro de la SCJN en su obra El Ministerio Público en México, expresa que la institución del Ministerio Público en México, sufre una especie de hipertrofia en sus funciones. Hipertrofia o disfunción que contraviene la Constitución y la doctrina, dado el excesivo poder que ha traído aparejado el desarrollo inmoderado de las funciones del órgano acusador, ya que no sólo pone en peligro las libertades públicas, sino que ha provocado un malestar que llega a clamor nacional, por los frecuentes casos en que el Ministerio Público, arrogándose atribuciones jurisdiccionales que no le corresponden, ha sido el vehículo y el instrumento con los cuales se ha hecho nugatoria la debida impartición de justicia.
Categórico, Alejandro Gertz Manero, fiscal general de la república, después del diagnóstico realizado a la fiscalía que había recibido, en comparecencia ante los senadores, manifestó que el Ministerio Público Federal “requería de una cirugía mayor”; sin duda, por las condiciones deplorables en que se encontraba la institución a su cargo; sin embargo, se llevó seis años y poco o nada transformó.
Estas expresiones sobre el órgano responsable de investigar los delitos, sugieren estar ante una entidad viva, dinámica, que se desenvuelve, que cambia, que se transforma, pero también, que se conduce de forma normal o debe conducirse con normalidad; por lo tanto, al salirse de los cauces de esa normalidad, usando el lenguaje de la ciencia de la biología o de la medicina, cae en hipertrofia, disfunción o enferma.
Ahora bien, requiriendo dicha institución de tratamiento profiláctico o intervención quirúrgica, la taxonomía de las enfermedades del Ministerio Público y los caracteres taxonómicos de cada una de las patologías, demandan su atención, además de un riguroso tratamiento y rehabilitación, para cumplir a cabalidad con su obligación constitucional, hasta hacer posible su pleno desarrollo.
Más allá de ironizar o la hilaridad que podría causar el uso de términos de las ciencias de la naturaleza para explicar un ente jurídico, el hecho es que estamos ante una realidad incontrovertible y el resultado de un estudio serio y análisis consistente, sobre una institución de gran relevancia social.
A lo largo de su existencia, el Ministerio Público atravesó por distintos y difíciles momentos, que lo marcaron y caracterizaron la época vivida. En algún momento y determinada circunstancia, es defensor irrestricto de la ley; en otro, el instrumento más arbitrario del gobierno; o bien, gozar de autonomía de iure, más no de facto; sin embargo, pese a todo ello, su supervivencia en gran medida, es resultado, más por cambios socio-políticos en que se ve inmerso, que por una capacidad de resiliencia o de una vocación de autonomía e independencia.
Todos estos factores: su devenir histórico, vaivenes, anquilosamiento, condiciones de operación y una suma diversa de problemas han postrado al Ministerio Público. Su espíritu renovador no le ha alcanzado para dar el salto que las actuales circunstancias demandan y le establecen las exigencias normativas.
Llevar a cabo un diagnóstico a la institución que es, ha sido y será de tanta utilidad para la sociedad y gobierno, tiene que venir acompañado del supremo interés de atajar, en la medida de lo posible, los males que podrían minar o desvirtuar la función institucional y corregir, también en la misma medida, los achaques que en el tiempo se volvieron crónicos.
Los tiempos actuales se constituirán en gran reto para la reinvención del Ministerio Público, pues se encuentra ante la disyuntiva, de recrudecimiento de la hipertrofia con recurrente usurpación de funciones jurisdiccionales, ahora con mayor impunidad, ante los cambios y sacudida al órgano jurisdiccional, derivado de la reforma al poder judicial, o la migración a otra figura institucional, distinta a la descrita en sus principios teleológicos y su calidad de representante de la sociedad.
El futuro inmediato de la institución del Ministerio Público, se avizora con marcado desdén por cumplir y respetar la ley, con riesgo grave de convertirse en el instrumento más arbitrario del gobierno.
Artículo publicado el 06 de octubre de 2024 en la edición 1132 del semanario Ríodoce.






