En 1966 se instalaron en el que fuera el Banco Regional del Pacífico; hoy Mercado de Importaciones, en pleno centro de Culiacán
En pleno centro de Culiacán, donde el bullicio de la gente y los camiones predomina, están los murales del pintor mexicano Mario Orozco Rivera.
Los cuatro paneles de herrería, acero forjado, cemento y acrílico de 100 kilogramos cada uno, se mimetizan entre los anuncios publicitarios y las silentes ramas de los árboles. Son la huella de la vieja ciudad que se extingue ante la gentrificación.
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Sobre la calle Domingo Rubí, frente al Mercado de Las Flores, la obra del artista que trabajó con David Alfaro Siqueiros, en el Polyforum Cultural de la Ciudad de México, pasa desapercibida por los transeúntes.
Están ahí desde 1966, en este edificio que fuera símbolo de bonanza financiera, como Banco Regional del Pacífico, propiedad de Manuel Suárez y Suárez, poderoso empresario de Costa Rica, Sinaloa, quien fuera dueño también del Ingenio de Costa Rica y del Hotel de México, hoy World Trade Center, el más alto de América Latina.

De acuerdo al cronista Benjamín Luna Lujano, el mural llamado: La Marcha de la Humanidad y su Conexión con la Agricultura Sinaloense, fue encargado por el empresario, quien tenía gusto por la plástica.
“En 1965 Suárez invita a David Alfaro Siqueiros, —quien recién cumplía una condena de cuatro años por el delito de disolución social y por profesar la ideología comunista— a pintar el mural más grande del mundo denominado Polyforum Cultural Siqueiros”, señaló el cronista.
“Durante la realización de esta obra, Suárez contrató a Mario Orozco Rivera, a quien conoció desde 1964 en el estado de Veracruz, al ser su colaborador en las majestuosas obras pictóricas del Casino de la Selva”.
Rescatar el mural de Orozco Rivera
Antes de que la obra de Orozco Rivera llegara a Culiacán, él era ya un pintor de gran envergadura. Había pintado murales en la Universidad Veracruzana, donde impartía clases y su obra se había expuesto en México, Praga, Venezuela, Argentina, Estados Unidos y China.
Su formación la tuvo en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. En 1954 ganó el Premio como mejor alumno. La revista Art News lo incluyó entre los 10 mejores pintores jóvenes de América.
Sobrino de José Clemente Orozco, el artista configuró esta obra dividida en cuatro paneles, orientada a los lineamientos de la Escuela Mexicana de Pintura, pero que recuerdan la fortaleza del hombre en la agricultura.

Desde 1966, estas piezas han resistido los embates del paso del tiempo y sorpresivamente no han recibido restauración alguna, incluso hace algunos años se desmontaron para pintar, pero fueron reinstaladas.
Luna Lujano señaló que no entiende la falta de interés por parte de las autoridades culturales, respecto al tema.
Rescartar el mural
Como parte del Colectivo Arte en Movimiento de Costa Rica, mencionó que habían buscado rescatar el mural y trasladarlo a la sindicatura, en el que será el Museo dedicado a Amparo Ochoa.
Desde 2019 se hizo este museo con apoyos federales del PAICE, pero no ha logrado ver la luz, ante el desinterés de las autoridades culturales, por eso detuvieron las gestiones con el dueño del actual edificio.
“Este mural, es un legado que deja el empresario Manuel Suárez y Suárez, que nació en el pueblo de Costa Rica, de la misma manera que Amparo Ochoa, pero ante las negativas que hemos tenido aquí por abrir el museo, nos detuvimos con la gestión, porque sabemos del valor de este mural y no nos podemos hacer responsables”, señaló.
“Cualquier persona se lo puede llevar, pero se desconoce su valor. Me extraña y preocupa que ninguna institución haya hecho algo por rescatarlo”. El cronista indicó que el pintor José García, quien fuera testigo del desarrollo de este mural en la Ciudad de México, se ha propuesto restaurarlo, pero saben que la cultura no es un tema de primer orden y la obra de Mario Orozco Rivera, seguirá ahí en pleno centro de Culiacán.
Artículo publicado el 14 de julio de 2024 en la edición 1120 del semanario Ríodoce.





