El único microcine de Culiacán en tiempos de las grandes salas y el streaming de las poderosas Netflix o Prime.
Fausto prefiere la oscuridad y el anonimato de la sala de proyección. Le llamaremos el Sr. Búho. Es programador de software de nueve a cinco, el resto del tiempo lo dedica a lo que a veces llama una pasión, una misión, y hasta una carga: “Pienso: si yo no las paso, nadie las va a pasar.”
Para conocer El Beso del Búho necesitamos un flashback a 2019. El Sr. Búho formó un cineclub en su universidad, así conoció la programación y proyección de películas. Una tarde seleccionó Lady Bird (2017, Greta Gerwig) en el auditorio de su escuela. En la oscuridad, en esa experiencia del cine pensó: “no quiero que esto se acabe.” Su carrera universitaria no es el cine ni las artes, pero supo que quería hacer eso: seleccionar, proyectar, compartir.
Ese 2019 surge la oportunidad de iniciar el proyecto de proyección en La nave, un foro escénico que buscaba ocupar sus tiempos libres, cuando no hay funciones ni ensayos. El Sr. Búho encontró un lugar para iniciar el proyecto sin nombre aun, pero iba tomando forma. El nombre le llega a Fausto desde una película, Under the Silver Lake (2018, David Robert Mitchell), con un misterioso personaje de la mujer búho, así es que lo bautiza como El Beso del Búho.
Suma ya mil funciones y 500 películas desde 2019, y opera como el único “microcine” de Culiacán, Sinaloa. Microcine se refiere a salas independientes, de tamaño reducido. Surgieron en el mundo durante los años 70, y hay emblemáticos como Spectacle en Nueva York, y Brain Dead Studios en Los Ángeles. Surgen como espacios fuera de los circuitos comerciales para la distribución de películas independientes. En la actualidad, los microcines son espacios de congregación, reminiscentes de la esencia comunitaria de ver cine. En la era del streaming, son la primera línea frente a las gigantescas distribuidoras, los netflixs, hbos, primevideos y sus algoritmos, que definen qué vemos y cómo lo vemos.
El cine es, desde su origen, una experiencia comunitaria. Quienes hemos asistido a una función, sabemos que no es igual ver una película en el celular, con audífonos, o en nuestra cama. Falta la magia de la sala de proyección y su oscuridad. Ahí nos encontramos compartiendo la experiencia con los demás, lloramos y reímos con ellos. La experiencia deja de ser personal y pasa a ser nuestra, de todos. Las memorias más hermosas asociadas al cine, involucran siempre a los otros.
El proyecto inició con asistencias bajas. Proyecciones sin un solo asistente, y el Sr. Búho dejaba correr la película. Quienes ven una película de estreno en el Beso, es probable que la estén viendo junto a él por primera vez.
Llegó la pandemia y El Beso del Búho pasó a ser un catálogo de películas que rolaban en archivos en la nube. El propósito se mantenía, compartir cine.
El motor del El Beso del Búho es proyectar aquellas películas que no llegan a Culiacán en su circuito comercial. Cuenta que cuando Parasite (2019, Bon Joon-ho) se filtró después de Cannes, sintió la necesidad de pasarla antes de que llegara a cines comerciales. Después ganaría el Oscar a mejor película, y los jóvenes de la generación empezaron a darse cuenta de que había otro cine, fuera de Hollywood, y fuera del streaming.
Las funciones no tienen cuota fija, y la pregunta es ¿cómo ha mantenido un proyecto como este? Manda invitaciones especiales a los asistentes recurrentes, monitorea el descontento de usuarios en redes sociales sobre tal o cual película que no se estrenará localmente, organiza ciclos temáticos y hace relación con distribuidoras de cine mexicano independiente.
El Beso del Búho está registrado en CEDECINE (Comunidad de Exhibición Cinematográfica) una red de proyectos de exhibición alternativa con más de 200 espacios registrados en todo el país. Aun así hay retos: las películas tienen para su proyección una cuota fija, desde los 400 hasta los 1 mil pesos por función, considerando que las funciones del Beso no tienen una cuota fija, muchas veces esto amenaza con representar una pérdida para el Sr. Búho, que opera en su totalidad la sala.
Los asistentes, jóvenes adultos de entre 20-35 años, confían en la curaduría, el criterio y la hospitalidad, que caracteriza al Beso del Búho. Más de alguna vez él mismo ha escuchado decir a los asistentes que es su espacio de confort, su lugar seguro. Algunos pasan un día de proyección en la sala, viendo 3-4 películas, 12 horas de cine, escuchando su selección musical entre cada descanso de proyección, mientras el Sr. Búho y su equipo, limpia, acomoda y prepara todo para la siguiente función.
Ya tenemos una marca característica del beso: funciones pequeñas, con reservación por Instagram, con un aforo máximo de 30 personas, la posibilidad de llevar dulces y botanas, y con suerte salir de la función con una calcomanía, una polaroid, o un póster de regalo.
Desde octubre pasado El Beso del Búho ha tenido su mejor época, con el ciclo temático de Halloween hasta sus funciones de Past Lives (2023, Celine Song), que se extendieron por meses a petición de nuevos asistentes.
Para confirmar fechas y horas, y de igual manera reservar, visite su página de Instagram @besodelbuho, o Facebook El Beso del Búho. También recomiendo escuchar la exquisita selección musical de Fausto en la playlist El Beso del Búho 2021-2023, en Spotify.
Artículo publicado el 16 de junio de 2024 en la edición 01 del suplemento cultural Barco de Papel.



