Óscar Liera y la obsesión por la verdad

Óscar Liera y la obsesión por la verdad

Una de las constantes temáticas en la obra de Óscar Liera es la obsesión por la verdad, en las obras La Infamia y Las juramentaciones se pone de manifiesto su afán de desenmascarar esa parte del ser humano que se convierte como una segunda naturaleza y que es el vivir de las apariencias

La gente no habla con la verdad ni vive como quiere por temor a la familia y al qué dirán, esto es muy claro cuando Tobías, el personaje central de La infamia, dice: «Te lo voy a contar porque no mientes como los otros de esta familia; todos son unos embusteros y se han inventado una historia que no les pertenece, son personajes de sus propias historias y yo también soy un personaje de sus cuentos» (Liera, 1997, pp. 123-124); este otro texto maravilloso de Monsieur Plaisanterie a Servando en Las fábulas perversas expresa una idea similar: «…a los poderosos no les gusta que les digan la verdad porque son ciegos de sus errores; y como también la verdad se inventa, ellos tienen una muy cómoda y allí ellos son felices, ¿eh? Así que cuidado con andar acabando con la felicidad de los otros». (Liera, 1997b, p. 509)

En El Jinete de la Divina Providencia Liera pone en voz del personaje de Hilario una frase contundente al respecto: «Mentiras, cuentos… A la gente no le gusta la verdad, Adela; la verdad es como el limón en los ojos, arde mucho, pero luego los abre más y se ve más claro (Ríe) Mira lo que pasa, Adela, mira bien lo que pasa».

A propósito de una de las obras emblemáticas de esa etapa, Las juramentaciones, en la develación de las 300 representaciones en Culiacán,[1] Óscar Liera mostró esta faceta de decir lo que pensaba sin distingos de cargo o clase social. En noviembre de 1984 las actrices Tita Grieg, Graciela Doring, Carmen Sagredo, Elvira Monsell y Lupita Noel, que integraban el reparto de Las juramentaciones, pertenecientes al Sindicato de Actores Independientes (SAI), organización que se formó como escisión de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), a quienes acusaban de corruptos y antidemocráticos, vinieron a Sinaloa a develar la placa de las 300 representaciones, evento auspiciado por la Universidad Autónoma de Sinaloa en el rectorado de Jorge Medina Viedas.

A regañadientes, Óscar aceptó que la obra se presentara en el teatro del IMSS. Para tan especial ocasión se invitó a develar la placa, como reconocimiento a sus respectivas trayectorias, a Pedro Carreón Zazueta y Miguel Tamayo Espinosa de los Monteros, importantes personajes de la vida cultural de Sinaloa, este último, por cierto, se hizo cargo del montaje de la escenografía. El acto fue un acontecimiento cultural, pues por primera vez se develaba una placa de 300 representaciones en Culiacán, y encima, de un autor sinaloense. Dora Josefina Ayala Castro, la Chipi, como era conocida por sus amigos, era la titular del Centro de Seguridad Social del IMSS en Culiacán, llegó una hora antes de la función y con un listón apartó seis lugares para el delegado, su esposa, y sus más cercanos colaboradores del Instituto. Al término de la función se procedió a la Ceremonia de develación, Pedro y Miguel con la sonrisa que no les cabía en el rostro, repartían plaquitas, acto continuo, como correspondía, se dio uso de la voz al autor, que también hacía las veces de anfitrión del evento y dijo:

Dicen que cae más pronto un hablador que un cojo. Hace algunos meses dije que jamás me volvería a parar en el teatro del IMSS mientras estuviera Murrieta como delegado, porque ese señor que está sentado ahí; ¡Sí, tú! tú me mandaste cortar la luz para que la obra La verdad sospechosa no se presentara. [2]

El teatro quedó mudo por la sorpresa y se creó una atmósfera de tensión, pues nadie esperaba la airada reacción de Óscar hacia Murrieta. A Dora Josefina se le iba un color y le venía otro de la pena con su jefe. Por fortuna fue la parte final del acto, después del exabrupto de Óscar con el delegado, se dio por terminada la ceremonia. A la salida del teatro la Chipi comentó: «Si hubiera sabido que Óscar le iba a hacer esta grosería al señor delegado no se me habría ocurrido invitarlo».

Durante el Séptimo Festival Cultural de Sinaloa en 1993, se organizó una mesa redonda para conversar sobre la obra de Óscar Liera. Rosa María Peraza, en su ponencia, se refirió a la verdad como una de las constantes en la obra de Liera y dijo lo siguiente:

Fue grande en su empeño en que comprendiéramos cabalmente el sentido de verdad, premisa que aplicó en todos los actos de su vida y que le costó criticas adversas.

Decir la verdad, sentir la verdad, expresarla dentro y fuera del escenario aunque produjera conmociones. Cuando eso sucedía, era señal inequívoca de que la verdad cumplía su sagrada misión de sacudir conciencias. Su obra está trascendida de verdades, de amor por las cosas de su tierra, de sus gentes [sic], de las maravillas de este Culiacán, con las cuales gozaba porque los sorprendían y motivaban su creatividad. (Peraza, 1993)

En el programa de mano de La verdad sospechosa de Juan Ruíz de Alarcón, Óscar decía:

¿Hasta cuándo vamos a tolerar seguir viviendo dentro de una verdad sospechosa?[…] Lo que propone La verdad sospechosa es que precisamente, la verdad en México se está volviendo sospechosa. Es justo lo que proponía Juan Ruiz de Alarcón en la España de su época; ya nadie cree. Y eso pasa ahora en México; sí dicen que no habrá devaluación es que habrá devaluación, que si no hay represión es que sí la hay; que si hay democracia, todo lo contrario, quieren que leamos al revés.[3]

Óscar hizo cortes al original de Juan Ruiz de Alarcón y sustituyó algunas de las localidades españolas por ciudades mexicanas para contextualizar al México de ese periodo. En la versión de Liera la obra iniciaba con una canción, de la que a continuación comparto dos estrofas:

El que miente ha menester

Gran ingenio y gran memoria

Los que engañan tienen gloria

Y eso ya no puede ser.

Y la boca mentirosa

Es quien tiene la razón

Pues oculta la verdad

Y la hace sospechosa.

Lo sorprendente es el uso de la poesía barroca con algunos ajustes que no afectaban la musicalidad y la floritura del verso; con un lenguaje del siglo XVII nos hablaba a los hombres del siglo XX, para encajar perfectamente en el paradigma alarconiano, cuando Tristán, el criado de don García, remata la obra con el siguiente texto.

Y aquí verá el senado cuán dañosa es la mentira

Y verá que en la boca del que mentir acostumbra

Es la verdad sospechosa. (Ruiz de Alarcón, 2006, p.96)


Bibliografía [1] Publicidad de la Universidad Autónoma de Sinaloa, anunciando Las juramentaciones para los días 13 y 14, función de gala de develación de la placa. 10 de noviembre de 1984. Periódico Noroeste.
[2] Las juramentaciones fue distinguida por la AMCT con el premio Juan Ruiz de Alarcón como mejor obra de autor nacional en 1983, mención que se otorga anualmente a la mejor obra de autor nacional por la Asociación Mexicana.
[3] Programa de mano de «La verdad sospechosa», estrenada en mayo de 1983 con motivo del CX Aniversario de fundación de la UAS. Archivo TATUAS.

Artículo publicado el 16 de junio de 2024 en la edición 01 del suplemento cultural Barco de Papel.

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