El mundo es tuyo (The world is yours), es el mensaje que define la vida de Tony Montana (Al Pacino), en Scarface (1983), la película de Brian de Palma (con guion de Oliver Stone), donde el inmigrante cubano expulsado de cuba durante el episodio de llamado éxodo de Mariel (1980), asume un estilo de vida intenso, al límite, dispuesto a suplir las carencias tomando lo que considera que merece en una espiral de violencia y muerte que lo conduce a un trágico final.
Fierro por la 300
No es gratuito que varios de los jóvenes intérpretes de los corridos tumbados, expresen amplias simpatías por Tony Montana, quien pregonaba: “Yo quiero lo que me merezco en el mundo y lo que hay en él”. Como reconocimiento a este personaje, Natanael Cano grabó el disco Nata Montana que incluye la icónica frase (The world is yours). En el mismo sentido, Jesús Cárdenas asumió el nombre artístico de Chuy Montana, lamentablemente, fue asesinado cuando apenas tenía 19 años, casi al inicio de una promisoria carrera.
Los corridos tumbados parecen validar la máxima de Scarface, desde una propuesta de vida intensa que hace suyo el mundo. Los tumbados se mundializaron sin perder sus anclajes regionales como referente mexicano global y se escuchan en países que no son hispano hablantes, al mismo tiempo que propician apropiaciones lingüísticas en países de habla hispana, donde las y los jóvenes incorporan palabras retomadas de los corridos tumbados en sus charlas cotidianas.
Como es abajo (no) es arriba
A cinco años de su creación, los corridos tumbados llegaron a los sitios punteros de los principales sistemas de registro y plataformas digitales visitadas por millones de usuarios, como Billboard, Spotify, YouTube, Instagram, Tik Tok, entre otras y Peso Pluma obtuvo un reconocimiento Grammy y el Guinness World Records Latinoamérica, como el cantante latinoamericano con más vistas en YouTube en 2023, con 8 mil 500 millones de visualizaciones en su página web oficial, mientras que Natanael Cano es contratado para publicitar Adidas y modela para la firma francesa Saint Laurent, en la revista de moda española The Walk, además de que varios de ellos logran impresionantes éxitos en sus conciertos.

Los corridos tumbados han vivido una fulgurante transformación, tanto en las condiciones sociales de sus creadores más reconocidos, como de sus escuchas y seguidores que incluyen a personas de distintas generaciones, desde niños hasta adultos de la tercera edad pertenecientes a diversas clases sociales y formaciones culturales o educativas, sorprendiendo que el ex presidente de Estados Unidos, Barak Obama, tuviera a La Bebé, de Peso Pluma, en su lista de canciones preferidas.
El recorrido de los corridos tumbados
Se reconoce a Natanael Cano como creador y autor germinal de los corridos tumbados, propuesta a la que pronto se incorporaron otros jóvenes que cargaron de sentido a esta escena musical, entre quienes destacan: Peso Pluma, Luis R. Conriquez, Junior H, Jesús Tovar y Eslabón Armado, Fuerza Regida, Gabito Ballesteros, Padrinito Toys, entre otros (Valenzuela, 2023), destacando que varios de ellos reconocen al talentoso joven guamuchileño Ariel Camacho (8 de julio de 1992-25 de febrero de 2015), como figura precursora e inspiradora de sus carreras.
Pronto, los corridos tumbados se convirtieron en una propuesta musical reconocida y reconocible por su instrumentación, sus ritmos, sus temas y la incorporación de giros lingüísticos característicos del habla de las y los jóvenes del noroeste mexicano y de los mexicanos del suroeste estadunidense, pues, la mayoría son de los estados de Sonora, Sinaloa, Jalisco y California, Estados Unidos.
Los corridos tumbados abrevan de una rica tradición cultural del norte mexicano, cuya impronta musical profunda posee importantes anclajes europeos que abrevan en la polka, el vals y el chotis, ritmos que, por más de dos siglos, han amenizado bailes, fiestas y reuniones y han sido parte del bullicio y los espacios domésticos norteños.

El corrido ha realizado un largo recorrido contando la historia social del pueblo mexicano. Heredero del romance español y de la copla, el corrido fue una opción disponible para una población que durante la segunda mitad del siglo XIX, era mayoritariamente iletrada, pero encontró en el corrido el dispositivo que le permitió contar cantando y cantar contando sus propias historias, sus problemas, sus tragedias, las catástrofes sociales y naturales, sus padecimientos, sus esperanzas, sus anhelos, sus sueños, su sed de justicia. El corrido fungió como registro, crónica, diario y socializador de las experiencias del pueblo mexicano y acompañó los cantos, los gritos entusiastas y los ayes lastimeros de soldados y soldaderas que se reunían en torno a una fogata en los vivacs, tras las cruentas batallas que definieron a la Revolución Mexicana.
Las músicas norteñas han tenido dos grandes soportes instrumentales que les caracterizan, la banda o tambora sinaloense formada en la década de los años treinta, a partir de las orquestas e instrumentos de viento que llegaban en los barcos al puerto de Mazatlán (Simonett, 2004), y el conjunto norteño, formado con la guitarra, el bajo sexto, las percusiones y el acordeón (traído al noreste mexicano y sureste estadounidense por inmigrantes alemanes que llegaron a trabajar en esa región, principalmente en los ferrocarriles).
Los corridos cabalgaron contando historias, tragedias, eventos y luchas sociales, como la invasión estadounidense de 1847, las migraciones, el racismo antimexicano en el norte, y las historias ominosas, crueles o seductoras emanadas de los entramados del narcomundo que fueron creciendo en el país, convocando el miedo y el interés de la población que comprendía o intentaba comprender sus códigos, sus entramados y sus personajes. Así, en la segunda parte del siglo XX, en el norte mexicano y sur estadounidense, se difundieron los corridos que contaban las historias y hazañas de personajes reconocibles con anclajes sociales y familiares muchas veces cercanos y con formas de vida que, además de miedo, alimentaban sueños y aspiraciones de niñas, niños y jóvenes.
Desde los primeros corridos interpretados por los Tigres del Norte a inicios de los años setenta, cargados de recursos metafóricos, ya se alertaba que la traición y el contrabando son cosas “incompartidas”, sin embargo, la advertencia no suficiente y esa dupla produjo miles de muertos.
Los narcocorridos se volvieron más explícitos en los años noventa con los corridos perrones que recreaban vicisitudes del trasiego de drogas, escenas violentas y rasgos de los personajes vinculados al contrabando, especialmente los jefes de las agrupaciones. Pero fue en el siglo XXI, tras la infortunada declaración de una supuesta guerra contra el crimen organizado, cuando los corridos se volvieron directos, zafios, sin edulcoraciones, entonces, tomaron la estafeta los corridos enfermos, ondeados o alterados, de la mano de Twins Enterprise de los hermanos Valenzuela y el protagonismo artístico de El Comander, el Buchanans, los Buchones de Culiacán, los Primos y otros. Sin embargo, el recorrido de los narcocorridos no se agota en estas escenas marcantes del regional mexicano y los corridos tumbados.
Uno de los rasgos que definen a los corridos tumbados, es la incorporación de acompañamientos que mezclan instrumentos de las dos expresiones musicales norteñas aludidas (la banda y el conjunto), como la guitarra, el acordeón y el tololoche, la tuba, la trompeta, el teclado, el bajo eléctrico y hasta mezclas con música electrónica.
Los corridos tumbados se caracterizan por la fusión del llamado regional mexicano con las propuestas del rap y el trap. Cambio que permitió la interpelación de públicos juveniles mucho más amplios que los seguidores del corrido y el regional. Al mismo tiempo, la fusión musical implicó cambios estéticos importantes donde se desdibujó la estampa vaquera con tejanas, botas, cintos piteados o tamaulipecas, por un nuevo estilo deportivo que publicita a las grandes marcas comerciales, con gorras, tenis, camisetas, pantalones baggys, bermudas y valiosos accesorios.

El éxito internacional de los corridos tumbados, obedece en gran medida al soporte del internet con las plataformas sociodigitales y las redes sociales que activaron delirantes los algoritmos para colocar a los tumbados en el sitio privilegiado que ostentan. Sin embargo, no debemos minimizar el talento de estos jóvenes que lograron triunfar en la escena global jugando con las reglas del sistema. Un sistema acostumbrado a engullir, utilizar y vomitar los sueños juveniles que pronto entendió la fuerza de la expresión musical tumbada y la incorporó en sus vitrinas como un producto redituable.
Los códigos de los corridos tumbados, sus temas y sus relaciones, incorporan símbolos y personajes de la narcocultura, entendida como la incorporación del narcotráfico y sus referentes en la definición de sentidos y significados de vida y de muerte en amplios sectores de la población y, el narcotráfico, es uno de los principales temas y campos de sentido en la producción de los corridos tumbados, donde se identifican escenas y alusiones a las drogas, su uso, su trasiego, sus personajes, el hedonismo, el éxito expresado en la ostentación del consumo dispendioso, las armas, la violencia, el riesgo y la muerte.
También destaca la búsqueda de asideros mágicos y apoyos supra naturales que ayudan a superar riesgos, descalabros, agresiones y obstáculos, como son los corridos peticionarios y agradecimientos a Jesús Malverde, santo popular sinaloense con amplio reconocimiento en México, Estados Unidos y otros países latinoamericanos, y a Eleguá, el mensajero y dueño de los caminos que define el destino y prodiga buena o mala fortuna en la religiosidad yoruba.
En los corridos tumbados destacan las referencias a las condiciones precarias de vida que enmarcaron la infancia de sus compositores e intérpretes e impulsaron sus esfuerzos de superación, así como referencias al orgullo y auto reconocimiento de quienes lo han logrado, satisfacción acompañada de cierto desdén revanchista prodigado a quienes dudaron que podrían lograrlo.
En los corridos tumbados, destacan las narrativas machistas de la mayoría de los hombres, junto a la mínima participación inicial de mujeres cuya presencia ha venido creciendo, pero no han logrado emparejar un terreno que sigue dominado por los hombres. Sin embargo, en los corridos de las morras tumbadas encontramos nuevos sintagmas y narrativas que vulneran los roles impuestos por el orden patriarcal, especialmente en lo que concierne al poder sobre sus propios cuerpos, la negación a asumir resignadamente que su lugar se reduce al ámbito doméstico y la condición de ama de casa, la valoración de su autonomía y el reconocimiento de que no necesitan a un cabrón para ser felices. Entre las principales mujeres que cantan estos corridos se encuentran: la sonorense Ivonne Galaz, la estadounidense de origen mexicano Tania Domínguez, Lluvia Arámbula, quien abrevó del sabor mexicano en las calles de Los Ángeles, las sonorenses Michelle Maciel y Michelle Bojórquez (Michelle BI) y la californiana Jennifer Ruiz (Jenny 69), entre otras.
Fuga
Los corridos tumbados adquirieron enorme relevancia en el contexto de la pandemia del Covid-19, cuando millones de jóvenes se encontraban encerrados en sus casas, ansiosos por recuperar sus vidas y vivir intensamente la fiesta y el refocile. Muchos de ellos fueron seducidos por el canto hedonista sin límites de los corridos tumbados y alucinaron con imágenes de desbordadas de party, bebidas, drogas, mansiones, autos lujosos y bellas mujeres.
La propuesta tumbada es hedonista, lúdica, aspiracionista. Sus narrativas expresan sentidos de vida definidos desde un presentismo intenso que se escenifica a toda velocidad en el aquí y el ahora. El presentismo juvenil cobró fuerza en América Latina y el mundo desde la llamada década perdida de los años ochenta, cuando se impuso el modelo neoliberal con el cual se expropió la esperanza a millones de jóvenes con políticas que aumentaron la desigualdad social, la pobreza, el desplazamiento forzado, los escenarios de violencia y la obliteración de las condiciones para que los jóvenes pudieran construir proyectos de vida viables y vivibles. Los corridos tumbados muestran las posibilidades de ascenso social de jóvenes talentosos que lograron aprovechar los resquicios del sistema.
Antes de pensar en prohibir a los corridos tumbados, debemos entender que esas narrativas musicales representan una alerta, un grito de vida que incomoda a las buenas conciencias que no entienden que en esos impúdicos cantos juveniles subyace una realidad doliente vivida por millones de jóvenes, muchos de los cuales sucumben inermes y silenciosos en entramados precarios donde intercambian papeles de víctimas y victimarios. Seguramente, los corridos tumbados cambiarán, se fusionarán o dejarán la estafeta a nuevas propuestas musicales que incorporen otros temas, pero eso solo se logrará cuando cambien las condiciones de precarización y violencia de una realidad vivida que oblitera, engulle y vomita proyectos y sueños juveniles.
Bibliografía: Simonett, H. (2004). En Sinaloa nací: Historia de la música de banda. Asociación de Gestores del Patrimonio Histórico y Cultural de Mazatlán. Valenzuela, J.M. (2002, 2003, 2010). Jefe de jefes. Corridos y narcocultura en México. Plaza Janés/ Fondo Editorial Casa de las Américas/ Colegio de la Frontera Norte. Valenzuela, J.M. (2023). Corridos tumbados. Bélicos ya somos, bélicos morimos. NED, Universidad de Guadalajara, IIC-Museo UABC.
Artículo publicado el 16 de junio de 2024 en la edición 01 del suplemento cultural Barco de Papel. .



