Damnificada e ignorada … recibe promesas
Cuando subía las escaleras llamando por ayuda, nadie la socorrió. Todos los que se cruzaron en su camino se hicieron a un lado, la ignoraron.
Ella sabía en dónde estaba: el palacio municipal de Ahome y hacia dónde pretendía llegar, al alcalde, pero le impedía no ver luz. Una brillantez que no entraba por sus ojos porque era ciega de nacimiento.
Una falla congénita, algo hereditario, de familia, le impidió tener sus sentidos completos, explicaría después, ya que se enfilaba sobre la calle Cuauhtémoc con rumbo al centro de Los Mochis. Intentaría, con ayuda de alguien más, abordar el camión para irse con su familia y entre todos procurarse alivio a la penuria y hambre que pasaban.
Ella era una de los pobres que resultaron damnificadas por los vientos y lluvia que dejó la tormenta tropical Norma a su paso por Ahome. “Eran 1 mil 300 familias pobres las que el ayuntamiento había detectado que requerían ayuda inmediata para salir de la emergencia. De esas, se escogieron 20 personas en una búsqueda por tierra, para que recibieran el cheque de 6 mil pesos de manos del gobernador. Esas personas fueron conducidas al palacio municipal y sentadas por nombre y apellido en filas de sillas. Eran rostros ya vistos en otros actos públicos, los mismos que lanzan porras al gobernador en turno, de las que abrazan para la foto, las que agradecen al oído y dicen lo que el político quiere escuchar, que es humanista, que es un buen hombre, un excelente político.
Pero ella era la número 21 y para su desgracia no estaba en la lista de beneficiarias, aunque el temporal se había llevado su mercancía y su triciclo y la había dejado en la calle, con dos hijos a cuestas. De un vientazo y la rapiña perdió los dulces y su vehículo. Ahora, estaba peor que antes y nadie la ayuda, todos la ignoran. Era como la apestada en esa multitud de achichincles, beneficiarios fantasmas y políticos que derrochan dinero público.
Alguien antigobierno la socorrió cuando la vio clamando ayuda. Escuchó sus argumentos, pretendía llegar al alcalde Gerardo Octavio Vargas Landeros para pedirle ayuda. Ya tenía cuatro días penando, y nadie la ayudaba. Venga, le dijo el desconocido. Dígame, le respondió ella, sigo su voz.
Y así, llegaron a un sillerío. Espere aquí unos minutos. Pronto habrá sesión de cabildo y después estará el Gobernador. Uuuu, oiga, podré hablar con ellos, preguntó. …Claro, son políticos, son gobierno, es su obligación, y aquí está en un edificio público, nadie le debe cerrar las puertas… pero estos se hacen… espere.
Pasaron unos minutos y aquel hombre la condujo hacia el cabildo. La sentó en un lugar estratégico, y le explicó la rutina. Cuando el presidente salió del despacho, el tipo le dijo. Ya está aquí, lo tiene a diez pasos de frente… espere … todavía no la ve… Ya la vio… levántese… extienda los brazos, tres pasos … y el alcalde la saludó, mientras el desconocido daba la espalda para no ser tomado en cuenta. Ella repitió su historia, y el alcalde la recordó, ¡claro! Eres la del triciclo. ¡Te vamos a ayudar!, ¿Ya te buscaron? ¿Cómo que no? y le soltó la promesa, ¡Ven mañana, te ayudo! Y como ella estaba en la vil miseria le pidió para el camión. Y él le mandó a un propio, que la sacó de cabildo y la sentó afuera. Después regresó. Y le dijo que el alcalde no la recibiría, porque tenía giras, quizá el viernes, o el sábado, o el lunes… Ella se desesperanzó. Y se quedó sentada. Su historia se volvía a repetir.
Y allí estaba, cuando el desconocido se le arrimó. ¿Qué pasó? Lo mismo, que sí ayudan, pero después… hijos de su pin… Venga, entremos. En unos minutos estará el gobernador repartiendo dinero que no es de él… él ofreció su hombro, y ella lo tomó como lazarillo.
Siéntese, está en la primera fila. Por aquí van a pasar esos dos políticos, haga lo mismo… No le podré decir las distancias, porque estará lleno… cuando lleguen y hable el gobernador, le voy a decir qué voz es para que cuando lo escuche, usted sepa… ese es.
Y el acto comenzó. Bla, bla, bla,bla y la lista de beneficiario se desplegó. Cheque y foto, cheque y foto, y lisonja de por medio. Y avanzó la primera fila. El Gobernador tomó un cheque mientras la maestra de ceremonia dio un nombre. Rubén Rocha Moya se desprendió del presídium y se encaminó hacia ella, creyendo que era la beneficiaria de la billetiza, mientras los personeros no encontraban la forma de detenerlo. Ella se paró, y en brevísimos segundos explicó sus necesidades … ¡Te vamos ayudar! Ofertó el mandatario y la dejó parada para continuar con su acto de benevolencia pública. Una jovencita llegó con ella, tomo los datos, apunto el celular y le dijo, en unos días, me reportaré.
Ella se quedó sentada, y todo transcurrió conforme la celada se había planeado por el gobierno local. Rocha se fue lleno de elogios, y ella permaneció sentada, olvidada, ignorada. Su bastón en sus manos era una bandera que nadie observaba.
Y el desconocido se apersonó, ¿Cómo le fue? … que sí me van a ayudar … ¿Cuándo? … ¿Que después? … Hijos de su pinch… ¡Así son esos cabrones…!
¿Tiene algo más qué hacer aquí?… No… tengo que ir con mis hijos… Bueno, yo la sacó… y ofreció el hombro.
Ambos caminaron entre la muchedumbre que se reía sola con el cheque en las manos. Bajaron las escaleras y se enfilaron hacia la calle Ignacio Allende. En esos casi cien pasos que dieron juntos, ella mantenía su incredulidad ¿Y si me ayudarán, oiga? ¿Es que no puedo hacer nada más? Es que así me han dicho muchas veces… esperemos que cumplan su palabra estos batos…
Bueno, hasta aquí llego… Gracias oiga. Suerte. Ella camina con su bastón guía. Una mujer le ofrece su hombro y ambas se pierden en la rectitud de esa calle que va al centro… Mientras ambas caminan.
Migdalia Ruiz Figueroa cuenta a la mujer que la guía lo que acababa de suceder: que había hablado con el gobernador Rocha y con el alcalde Gerardo, y le pregunta ¿Usted cree que me van a ayudar…?
Artículo publicado el 29 de octubre de 2023 en la edición 1083 del semanario Ríodoce.







