Martín Patiño cuelga de un árbol su vieja trampa de jaiba. La repara con cáñamo, paciente, porque está a una semana de que se reinicie la temporada de captura, y con ello poner fin a la precariedad que año con año ocurre en los campos pesqueros de Sinaloa, cuando el mar deja de producir por orden del gobierno, que decreta vedas simultáneas a todas las especies marinas en el frágil sistema lagunar de Ohuira-Topolobampo-Santa María.
Veterano del mar, ex presidente de la cooperativa “Eustaquio Urías”, en Paredones, uno de los tres campos pesqueros que se opone a que su zona de pesca sea impactada negativamente por la industria petroquímica que los gobiernos de Mario López Valdez, Quirino Ordaz Coppel y en especial el de Rubén Rocha Moya proyectaron para Topolobampo sin haberlos consultado, Patiño se aferra al oficio que le heredaron sus padres y a estos sus abuelos.
Mientras teje su trampa, explica: “La pesca no es como dice el gobierno y sus funcionarios pesqueros que están hundiendo al sector para beneficiar a empresas extranjeras, sino que es redituable, volviéndola sustentable”. Un ejemplo es la jaiba, cuyo precio no baja, sino que se mantiene, y al alza. “Aprendimos a soltar las hembras juveniles para que cumplan su ciclo reproductivo, aprendimos que cuando el precio baja, hay que parar, que la especie se mantenga, aprendimos a cuidar la bahía, no arrojándole basura ni contaminantes, respetándoles sus propios ciclos de recomposición”.
Ayer sábado, él lanzó sus trampas al mar, y en ello trabajará hasta septiembre, cuando reinicie el camarón. Antes, pescó cochito, una especie revalorada que llega a cotizarse hasta en 75 pesos el kilo, pero su captura es de racha, una suficiente para ahorrar y pasar los tiempos malos.
Como Patiño en Paredones, los pescadores de Ohuira y Lázaro Cárdenas están con la misma actitud, en Topolobampo hay menos efervescencia, pero en todos los campos, la actividad está en frenesí.
De acuerdo con la Secretaría de Pesca y Acuacultura estatal, la temporada de pesca de jaiba comenzó a las 00.00 horas del 10 de julio en Sinaloa y Sonora y permanecerá hasta el 30 de abril del 2027.
En la temporada 2025-2026, 230 cooperativas produjeron 15 mil toneladas de jaiba, principalmente en Ahome, Angostura y Navolato.
La secretaria de Pesca y Acuacultura, Flor Emilia Guerra Mena, manifestó deseos de que la temporada sea buena y pueda igualar el resultado anterior, o mejor, superarlo.
Para que se cumpla la veda, anunció que se desplegó vigilancia en los litorales con un gasto de 15 millones de pesos. La vigilancia inhibe la pesca furtiva, y en los casos eventuales, busca detener a los infractores.
En la víspera, La Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) informa que el pasado 7 de julio de 2026 se detectaron a tres pescadores en una embarcación menor intentando capturar jaiba en la Bahía de Ohuira, Topolobampo, durante la restricción por veda.
Esto ocurrió durante los recorridos de inspección marítimos de los oficiales de Conapesca en seguimiento a reportes de actividad ilegal en la zona, quienes retuvieron de forma precautoria dos redes de pesca y regresaron alrededor de 100 ejemplares a su medio de vida.
Asimismo, el 8 de julio los oficiales de pesca retiraron dos redes fantasmas para evitar la captura de jaiba por parte de trabajadores del campo pesquero de Lázaro Cárdenas.
Este trabajo es fundamental para cuidar de las especies que viven en la zona ya que, se han retirado “chinchorros” del cuerpo de los delfines que habitan el lugar.
Para el líder pesquero, José Alfonso Chaparro Bojórquez, la temporada de jaiba es la apertura al boom pesquero en el Pacífico porque después llegan en cascada las temporadas de camarón y otras especies.
Sin embargo, el que estas sean exitosas depende de la protección a las larvas y juveniles, una actividad que ha sido desmantelada lentamente por los diputados federales y el gobierno federal, porque los primeros redujeron los presupuestos y los segundos los desviaron a programas asistenciales. Además, a la Marina, la institución más respetada en el mar, se le dieron otras responsabilidades.
Ello contribuyó a que pescadores furtivos depreden las especies comerciales.
Chaparro Bojórquez dijo que el furtivismo más la importación clandestina o disfrazada de especies marinas desplomaron los precios, generaron desempleo y necesidades de subsistencia en los campos, lo que el gobierno pretende disminuir con despensas y dádivas.
Para el dirigente pesquero, ambos son paliativos que no generan economía sino pobreza.
El mar es productivo cuidándolo, la pesca es negocio si hay sustentabilidad, pero con lo actual más empresas contaminantes en la bahía, hay un desmantelamiento intencional. “Nos hunden”.
Artículo publicado el 12 de julio de 2026 en la edición 1224 del semanario Ríodoce.





