Los minions resultan muy talentosos para el cine y en la década de los 20 aparecen en varias películas mudas, con lo que alcanzan gran popularidad.
Con el surgimiento del sonido, su éxito se viene abajo y se separan del estudio que los financia, por lo que los muy buenos amigos James y Henry, quienes, además son extremadamente creativos e inquietos, se dedican a hacer su primer filme independiente, con una historia de monstruos. En su afán de lograr ese trabajo se apoyan en un libro de hechizos para invocar a Goomi, una pequeña criatura verde a la que quieren como protagonista, misma que luego se escapa y, con la ayuda de los malvados Phillips y Howard, se empeña en acabar con el mundo. Ahora James, Henry, el resto de los minions, Dort y Debbie, intentan evitar esa catástrofe. Eso sí, con cámara en mano.
Entre las cuatro de Mi villano favorito y las propias, los minions han aparecido en siete películas, lo que los convierte en una de las franquicias que más dinero generan. Solamente con su última entrega: Minions & monstruos (Minions; Monsters/EU/2026), dirigida por Pierre Coffin, las pequeñas píldoras amarillas recaudaron 159 millones de dólares a nivel mundial, en su fin de semana de estreno. Si bien, esa cifra la pone como la más taquillera de la temporada en sus primeros días de exhibición, no consiguió la cantidad que se esperaba, al menos, en Estados Unidos.
Desde luego, eso no quita que sólo en ese tiempo, ya recuperó casi el doble de los 85 millones de dólares de inversión.
La nueva entrega tiene excelentes referencias, homenajes o guiños a diferentes películas de todos los tiempos, como los experimentos de Eadweard Muybridge en 1878, La llegada del tren (1895), El regador regado (1895) Viaje a la luna (1902), El hombre mosca (1923), Metrópolis (1927), La momia (1932), El ciudadano Kane (1941), Cantando bajo la lluvia (1952), El día que la tierra se detuvo (1951), Tiburón (1975), E.T., el extraterrestre (1982), que son lo mejor de la historia, aunque si se quitan de ella, sólo quedaría un cortometraje no tan atractivo ni interesante.
Es cierto que el filme escrito por Brian Lynch hace bien en incluir a nuevos personajes como protagonistas y antagonistas; la comedia basada en lo físico a la que tienen acostumbrado a los más pequeños de la casa, las situaciones absurdas y el característico modo de hablar de los pequeños amarillos (en lo que el propio director interviene al hacer varias de las voces) sigue funcionando; la animación en 3D es muy precisa, colorida y dinámica; el humor negro podría divertir al público de todas las edades; y que aborda temáticas oportunas como la perseverancia para lograr objetivos, sueños y metas, la amistad, el trabajo en equipo, la inclusión y el homenaje al séptimo arte.
Aun con lo anterior, al final, la cinta actualmente en cartelera se percibe repetitiva, porque la mayor parte estos aspectos ya se han visto en entregas anteriores; al ser un producto dirigido a los infantes, se basa en una historia demasiado sencilla, en la que mayormente se ven golpes y caídas, lo cual no es tan encantador para los adultos; la trama pierde su ritmo y creatividad desde la segunda mitad; y los monstruos, que se supone deberían de dar miedo, no provocan nada parecido a eso.
Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






