¿De dónde crecer? Pemex

¿De dónde crecer? Pemex

Una de las problemáticas que ha preocupado a la presidenta Sheinbaum es el nulo crecimiento económico registrado desde que inició su mandato. Varias son las apuestas que se han hecho, como el incremento en las transferencias a hogares, la atracción de inversión extranjera y el estímulo a la inversión local, mientras que el gobierno federal no puede invertir en el crecimiento debido a una fuerte restricción de ingresos. Ante ello, suenan de nuevo las alarmas por las necesidades financieras de Pemex, mismas que incrementarán la presión del gasto público en los meses subsiguientes, anclando a la economía hacia la recesión.

 

Qué determina el crecimiento

Hay tantos determinantes del crecimiento económico que los economistas con frecuencia debaten sobre las maneras de impulsarlo. Una de ellas es el incremento del gasto público, en especial en la habilitación de las condiciones para la producción, esto es, carreteras, telecomunicaciones, puertos, infraestructura ferroviaria, presas, y un largo etcétera.

Todo ello incrementa, al menos en el corto plazo, la demanda y genera crecimiento acelerado, los ejemplos más cercanos son las entidades de Oaxaca, Hidalgo y Quintana Roo que a partir de las grandes obras en el sur del país tuvieron elevado crecimiento. La burbuja se rompe si no hay demanda y empresas desarrolladas.

 

PEMEX como impulsor u obstáculo del crecimiento

En México los ingresos de Pemex han jugado históricamente un papel fundamental en el gasto público y, por tanto, en el crecimiento económico. Hace 10 años, en el 2015, el ingreso petrolero representaba hasta el 29 por ciento del gasto público total. Hoy representa solamente el 13 por ciento. Sin embargo, debido al esquema de transferencias hacia la petrolera, prácticamente lo mismo que aporta, se le devuelve.

Esta es una de las fuentes más importantes de endeudamiento en los últimos años y es la principal preocupación señalada por Standard and Poors al bajar la calificación de Pemex y CFE, pues debido a su debilidad financiera dependen del gobierno federal. Así, al amplio deterioro de las finanzas públicas, que no alcanzan para cubrir el gasto y por lo tanto se seguirá incrementando la deuda pública, señaló la calificadora. Al mismo tiempo, Pemex sigue reportando altos niveles de pérdidas, en un contexto de altos precios petroleros y produce gasolinas cada día más caras.

También el alto déficit fiscal y la necesidad de consolidación, es decir, de reducción del gasto público llevará al gobierno federal a seguir reduciendo el gasto en aspectos que no considera prioritarios, como la inversión física. No es casualidad que se insista en que los privados deben invertir y en que el país puede crecer si se logra incrementar la inversión productiva en 5 billones de pesos. Mientras que el gobierno reduce su inversión en infraestructura física.

Para muestra un botón; en el 2015 la inversión en formación bruta de capital fijo alcanzó valores de 123.5 en el caso de la inversión pública y la privada 101.5 (este valor se toma considerando 2018=100). En otras palabras, la inversión pública del 2015 era 23.5 por ciento mayor que la del 2018, la privada solo de 1.5 por ciento. A febrero del 2026 los valores son: 110.2 pública y 91.6 privada. Así, aunque hay reducción en ambos, es la pública la de mayor cambio.

En este entorno, Pemex sigue siendo altamente ineficiente, por lo que su financiamiento culmina en derroche y/o incluso robos. En suma, se requieren más cambios de fondo que eleven su rentabilidad y posibiliten que continúe siendo un habilitador del crecimiento, no un lastre.

Artículo publicado el 17 de mayo de 2026 en la edición 1216 del semanario Ríodoce.

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