Afirma Tania Valdez que la empatía es una catarsis para sanar un poco el alma

Afirma Tania Valdez que la empatía es una catarsis para sanar un poco el alma

A nueve años de su asesinato, el periodista Javier Valdez Cárdenas vive en la memoria de un conversatorio organizado por su hija Tania que enfatiza la empatía hacia las familias de las víctimas mortales y de desaparición forzada.

El conversatorio, Javier Valdez y la violencia en Sinaloa, una mirada desde los jóvenes América Armenta, Claudia García, Gabriel Alatorre, Rita Tirado, Tania Valdez, Misael Reyes y Paulina Nava, celebrado el sábado 16 de mayo en Mazatlán, fue la catarsis de los huérfanos lectores a los que el finado cronista les decía “al buen periodismo le hace falta sociedad que lo acompañe”.

Tania Valdez, quien ha crecido como árbol sin las raíces paternas desde hace nueve años, expresó que el conversatorio es una catarsis para sanar un poco el alma y despertar la empatía en la sociedad ante el sufrimiento de las familias de las víctimas mortales y desaparición forzada que están a la orden del día.

“Me gustaría que la gente fuera más empática…estos conversatorio, estos foros sanan un poco el alma, porque la calle está llena de tanta violencia y la gente está fría muchas veces, y debe dejar de normalizar tantas muertes y tantas desapariciones…”, dijo la hija del periodista.

Desde el altar al pie de la fotografía donde Javier Valdez soplaba las velitas de un pastel de cumpleaños con su camiseta negra con la leyenda “la vida empieza a los 50”, los libros como Narcoperiodismo, Los Morros del Narco, Con un granada en la boca, Malayerba, entre otros, se sumaban a la reflexión de los jóvenes que desgranaban sus diversas narrativas sobre la violencia.

Desde la frescura de su juventud, la socióloga Rita Tirado, con risa esperanzada y a veces con llanto, hizo un recorrido de su acompañamiento de los desplazados de las comunidades de la sierra de Concordia, por la violencia estructural, mejor conocida como violencia armada entre grupos delictivos.

Rita describió el infierno que se desató en las comunidades serranas por los incendios forestales y el sufrimiento de sus habitantes por la carencia de lo más elemental que son los víveres y el aislamiento al que fueron sometidos por la falta de transporte público para bajar a la ciudad a comprar sus despensas.

Lloró y casi también lloraron los asistentes al coloquio, cuando contó el triste final de un niño de la sierra que no tuvo la oportunidad de otros infantes más afortunados para desarrollarse integralmente y que sucumbió a los cantos de sirena de la violencia estructural que se alimenta de los púberes descarrilados.

En el diálogo sobre la violencia, los pintores Gabriel Alatorre y Claudia García, pintaron a grandes brochazos lo que hacen con su arte en un intento de aprender y al mismo tiempo enseñar a mirar desde otra perspectiva dónde se agazapa la violencia que lacera contidianamente a la gente en Sinaloa.

La comunicadora Paulina Nava y el abogado Misael Reyes, en el uso de la palabra, desde sus respectivos miradores, al igual que sus contertulios, recordaron las experiencias de los hechos violentos en Mazatlán desencadenados que les dejó como un tatuaje en el alma la mal llamada guerra contra el narco durante el sexenio de Felipe Calderón.

Durante casi dos horas, los participantes compartieron con el público asistente sus reflexiones como un llamado a la conciencia y la empatía para enfrentar lo que viene en una sociedad que parece destinada a la fatalidad de la violencia.

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