La realidad de Sinaloa es que la violencia no ha frenado: siguen los robos de autos, asesinatos y secuestros, causando cierre de negocios y reducción de la confianza para invertir y trabajar normalmente. Todo esto es resultado de la ausencia del Estado. Si bien, vemos la presencia militar y policial en las calles, el Estado no ha sido capaz de asegurar la paz y, por ende, la vida económica normal.
Mucho se discute sobre el papel del estado y su rectoría en materia económica. Y la realidad es que, aunque son las empresas, emprendedores y sus trabajadores quienes producen la mayoría de los bienes y servicios consumidos, el Estado es quien regula la manera en la que nos relacionamos. Si usamos dinero fiduciario, oro, tarjetas, granos u otra cosa como dinero para intercambios. También el Estado regula horarios de trabajo y relaciones económicas.
Sin embargo, cuando no hay Estado de derecho, entonces se dice que el Estado ya no puede garantizar la existencia del mercado. Por ejemplo, los mercados negros o ilegales en los que un fallo o traición terminan en asesinato, son claros ejemplos de que el mercado no existe, sino la ley del más fuerte.
Cuando esto ocurre y se preserva por años, sucede lo que hoy vive Sinaloa, un estado en el que las personas difícilmente pueden llevar sus actividades diarias sin la intromisión de la delincuencia, por lo tanto, el mercado se ve privado por la falta de Estado. Ciertamente, los sinaloenses de alguna forma hemos tratado de asimilarlo y a veces exigir seguridad, sin mayor resultado. Pero, los inversionistas extranjeros son mucho más rápidos para leer los indicadores de las noticias, mucho más allá del positivismo y la esperanza, por lo que sus decisiones son simples: ante la ausencia del Estado, no hay mercado y por lo tanto tampoco inversión.
Es así como Sinaloa cierra el 2025 con una caída del 93.4 por ciento de la Inversión Extranjera Directa. Según los últimos datos publicados por la Secretaría de Economía Federal, entre enero y diciembre del 2025 Sinaloa recibió solamente flujo de inversiones por 21 millones de dólares, mientras que el registro para el mismo periodo de 2024 fue de 316 millones. Así, ante el deterioro de las condiciones de seguridad, los inversionistas extranjeros dejaron de invertir en el estado.
Destaca además el que en los últimos años la tendencia de empresas recibiendo inversiones es notoriamente a la baja. También, los flujos de inversión pasaron desde 737.4 millones de dólares (mdd) en el 2020, con una fuerte caída en la pandemia hasta 373.6 mdd, esto es, una caída del 49 por ciento. Sin embargo, la tendencia desde el 2023 fue a la baja, y el 2025 cerró con una cifra nunca antes observada en la entidad.
Sobra decir, que también hay una fuga de capitales nacionales, que se reflejaron en el cierre de más de 2 mil empresas formales, y la significativa caída del empleo, así como la estimación de salida de más de 33 mil personas que se han mudado de la entidad, según los datos de la ENOE del INEGI.
Para dar el tiro de gracia, el secuestro de empresarios ha cobrado fuerza en la última semana, comprobando igualmente que se necesita al Estado para que quienes ofrecen bienes y servicios puedan trabajar y la sociedad labore, se divierta y descanse sin zozobra. Sin el Estado, nuestro mercado se desdibuja.






