Culiacán, bella tierra de ensueño… Con esas palabras, Enrique Sánchez Alonso, dedicó una canción a la ciudad. En sus letras recorre la añeja Tierra Blanca, de las pocas colonias que aún conservan caminos de robustas piedras; La Lomita, arquitectura emblemática que embelesa, y la romántica Plazuela Rosales. Hoy, su figura adorna esa anacrónica plazuela, hechizada; contenida en el tiempo. Carga con su guitarra que, pese a los años, aún conserva unas cuantas cuerdas, y él, “El Negrumo”, de pies a cabeza, mirando al horizonte con una eterna sonrisa.
Alrededor de la plazuela hay bancas por montones: algunas descuidadas y rotas; otras, profanadas por el excremento de las palomas. “Verónica” decidió plantarse en una de ellas. Sus manos hojeaban un libro: Disparos en la oscuridad, la novela sobre el expresidente Díaz Ordaz, de Fabricio Mejía Madrid. La portada y el título llamaron su atención; le recordó a Culiacán. Ahí, en colores oscuros, luce un tanque de guerra con su cañón erecto, listo para disparar; soldados aferrados a sus armas y un pequeño grupo de estudiantes sujetándose la cabeza, acechados por el poder.
Sintió familiaridad con la escena. Le rememoró los parajes bélicos que encierran a la ciudad desde hace 17 meses, sitiada por la guerra interna del Cártel de Sinaloa. “Siento que sería bueno —comentó entre risas—, pues ver de qué trata, y pues, tiene algo que llamó mi atención (…) me recuerda mucho a estos tiempos”.
Minutos antes y frente a centenares de jóvenes preparatorianos, Imanol Caneyada, escritor y miembro del consejo editorial del Fondo de Cultura Económica (FCE), delineó sus palabras previo a la entrega de poco más de 2 mil 400 libros, como parte de la iniciativa del proyecto “25 para el 25”, que distribuirá 2.5 millones de libros en diversos países —escritos por plumas latinoamericanas— y que busca fomentar la lectura en edades tempranas.

“Una cosa me ha dado la lectura que me parece fundamental: un superpoder. (…) Es el superpoder de la empatía. Gracias a la literatura yo he desarrollado ese superpoder, ¿A qué me refiero con esto? (…) Puedo entender La Mara de Ramírez Heredia, puedo entender, por ejemplo, el drama, la tragedia que sufren nuestros hermanos centroamericanos cuando atraviesan México y cuando caen en manos del crimen organizado, del narcotráfico, de ese repugnante mal que tenemos y que son explotados, y que son tratados como verdaderos animales”, microfoneó.
Para Caneyada, ser lector estimula dos cosas: la crítica y la empatía. Necesarias —reafirmó— en tiempos actuales:
“Cuando te das cuenta del tipo de mentiras que nos dicen, es más difícil; por ejemplo, que el crimen organizado enganche a la cantidad de jóvenes que está enganchando. Ese es el gran problema. El gran problema que tenemos en México no es el Mencho, no es el Chapo. Esos son inventos de Estados Unidos. El gran problema que tenemos es la gran cantidad de jovencitos y jovencitas que compran el discurso de un sistema del crimen organizado, que está diseñado para generar mucho dinero y para explotar a estos pobres chavitos y chavitas que no les van a solucionar la vida en absoluto”.
El acercamiento de los adolescentes a la lectura se torna complejo debido a una serie de barreras estructurales, sociales y pedagógicas que han alejado el libro de las realidades cotidianas. En primer lugar, la disciplina académica que sugieren las instituciones termina por adormecer, al entender la lectura como una actividad exclusiva de la educación y el estudio; es decir, provoca que el estudiante pierda el interés.
Además, desde una visión elitista, la lectura se ha considerado históricamente como un acto de las élites. Esto se refleja tanto en los altos precios de los ejemplares como en la ubicación de las librerías, las cuales suelen estar en barrios privilegiados, lejos del alcance de los jóvenes de las periferias. Mientras que en zonas ricas los niños conviven con librerías y bibliotecas en buen estado, en las colonias populares las bibliotecas suelen estar “hechas a pedazos” y cuentan con libros que no conectan con sus intereses.
Esta amalgama de situaciones genera competición con otras narrativas, provocando que los jóvenes se enfrenten a discursos muy seductores como los del crimen organizado, que se encarga de maquillar ideas falsas sobre ser los próximos “héroes” que se destacan en los corridos. Si la lectura no se presenta como una alternativa crítica y empática que desarme esos engaños, es difícil que compita con la narrativa de dinero y poder que ofrece el sistema criminal.
Luis Barraza, estudiante de posgrado en Trabajo Social, añadió que las actividades como la del “25 para el 25” deben ser integrales; esto es, llevar los eventos a las periferias donde las juventudes se encuentran rodeadas de escenarios socialmente complejos. No hacer solamente —especificó— la entrega de libros, sino gestar espacios para poder leer: espacios comunes, públicos y seguros.
“Si estos eventos se quedan siempre en el centro de la ciudad o lugares estratégicos, donde hay colonias o que son personas que tienen acceso a capital cultural y capital social, la historia no va a cambiar (…) hay que llevar la lectura a las periferias”, señaló.
Para “Abril”, estudiante universitaria, la lectura en tiempos de guerra es indispensable. “Y no solo ahorita, sino que tenemos que aprovechar los medios posibles para poder tener un escape mental. Porque todo esto que está sucediendo solo se va a un lugar y es a la mente”.
Artículo publicado el 01 de marzo de 2026 en la edición 1205 del semanario Ríodoce.






