Para tener un lugar donde vivir y evitar de nuevo la cárcel, Millie (Sydney Sweeney) acepta trabajar como empleada doméstica en la mansión de la familia Winchester.
Los primeros días ahí, por mucho, son mejores a dormir en el coche, además de que, Nina (Amanda Seyfried), la dueña de la casa, es muy amable y comprensiva con ella.
Sin embargo, cuando se da cuenta de que la chica comienza a ser muy cercana a Andrew (Brandon Sklenar), su encantador, atento, cordial y millonario esposo, se vuelve exigente y grosera.
Con la personalidad de Nina cada vez más intolerante, la tensa e incómoda dinámica en la casa y algunos oscuros secretos revelados, Millie considera que lo más conveniente es renunciar, aunque ya podría ser muy tarde para eso.
Entre dirigir películas y series, e intervenir en documentales, la carrera de Paul Feig podría considerarse medianamente extensa y variada, aunque no necesariamente exitosa o de excelente calidad. Entre sus filmes más sobresalientes estarían: Un pequeño favor (2018), Spy: Una espía despistada (2015), Chicas armadas y peligrosas (2013) y Damas en guerra (2011), títulos que quizás hicieron mucho ruido, pero que no se distinguen por historias complejas y profundas, sino mayormente por comedias de enredos y ligeras.
Eso sí, protagonizadas por mujeres aguerridas, decididas y fuertes.
Con La empleada (The Housemaid/EU/2025), el creador de la serie Jóvenes y rebeldes (1999) y encargado de algunos capítulos de La oficina (2005), se mueve en la misma tónica al presentar una trama que envuelve, principalmente, a dos mujeres que, en apariencia, compiten por un mismo hombre, pero que se unen y son solidarias entre ellas cuando se requiere.
Si bien, la cinta no destaca por una excelente historia, se le reconoce que desarrolla una estructura narrativa capaz de mantener atento al espectador, lo que, quizás, dependa mucho del extraordinario trabajo de Amanda Seyfried.
Es cierto que Sydney Sweeney no se desempeña mal como asistente de la familia y encargada de cuidar a Cece (Indiana Elle), la poco amigable hija del matrimonio en cuestión, pero no se esfuerza lo suficiente para que su actuación no se vea plana y sin matices.
En el mismo sentido se percibe a Brandon Sklenar, quien luce un tanto acartonado, sin esmerarse mucho al dar vida al misterioso esposo de Nina.
No obstante, Seyfried sí entrega una interpretación excelente: va de un temperamento a otro sin inconvenientes, mostrando diferentes emociones de manera natural y en el momento justo.
A pesar de que el relato, con guion de Rebecca Sonnenshine, basada en la novela de Freida McFadden, tiene varios giros que le dan un nuevo rumbo a la trama (el planteamiento o idea inicial no precisamente se cumple al final), y de que el diseño de producción es el adecuado para crear la atmósfera de misterio, La empleada se percibe repetitiva: la historia de la chica sin recursos que se enamora del millonario o la de la empleada doméstica que se rinde ante los encantos del patrón, se ha contado infinidad de veces, incluso como telenovela.
Eso, recurrir a estereotipos e incluir diálogos absurdos, la hacen poco atractiva.
Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.







