Entre la escuela y la calle: el sentido de pertenencia en disputa

Entre la escuela y la calle: el sentido de pertenencia en disputa

En Culiacán, niños y jóvenes son reclutados o atrapados por el crimen organizado, por imitación o por encajar en un entorno

 

 

Él también sufrió asesinato de un alumno en otra época, en similares circunstancias. Fue hace más de 10 años cuando la guerra era entre el Cártel de los Beltrán Leyva y su antiguo aliado, el Cártel de Sinaloa. No iban por su alumno, iban por el padre, pero en el ataque, les arrebataron la vida a los dos. El hijo cursaba apenas la secundaria.

En aquella guerra, la del 2008, también sufrió la muerte de otros alumnos de preparatoria. “Esa realidad no la puedo cambiar”, dice Iván Manuel Martínez, director de la secundaria Gabriel Leyva, en la colonia Loma de Rodriguera, “pero lo que sí puedo es que de la escuela hacia adentro los alumnos estén seguros y que puedan desarrollar al máximo su potencial”.

La secundaria que Martínez dirige ha recibido a alumnos cuyas familias han sido desplazadas por la violencia en las zonas serranas. Dice que alrededor de un 30 por ciento de la matrícula inscrita proviene de fuera. Esos alumnos reciben una atención especial, pues el aspecto psicológico del desplazamiento también representa una barrera para el aprendizaje.

“El desplazamiento de ellos no está asociado nada más a que huyen de la violencia, sino que han sido afectados por la violencia: algunos integrantes de la familia que han sido asesinados, llegan madres viudas, niños huérfanos huyendo de allá porque perdieron sus propiedades”, dice.

“Nosotros tenemos el caso de alumnos asociados a este ambiente de delincuencia (…) que ya están adentro y es cuestión familiar, porque el hermano, el tío, el papá; y ese se junta con dos o tres que intentan hacer lo mismo por imitación, por querer pertenecer, sentir ser parte del grupo, porque una característica del adolescente y del joven es querer ser parte de un grupo”.

Esa imitación los lleva a cometer delitos que consideran que no son castigados. Se convierte para ellos en una aventura y, sin darse cuenta, terminan siendo parte del problema e inclusive siendo afectados, porque muchas veces son detenidos.

La edad de las personas que ahorita están siendo asesinadas, detenidas en este año y casi cinco meses, dice, son jóvenes de 15, 25 y 30 años; ese es el promedio.

“Piénsalo, te queremos vivo”, rezaba el lema en la silueta de una gorra. Un llamado directo, de adolescente a adolescente, a priorizar la vida frente a una realidad compleja: los riesgos de ser reclutados por el crimen organizado.

Planteada y ejecutada en un contexto en el que la guerra interna del Cártel de Sinaloa cumplía un año, la campaña tuvo un doble destinatario: por un lado, las juventudes, para invitarlas a reflexionar sobre los riesgos de un sicariato muchas veces idealizado; y por otro, la sociedad, para asumir su responsabilidad en la creación de alternativas para las adolescencias.

La iniciativa fue ejecutada por SUMA Sociedad Unida IAP, organización dedicada a promover la cultura de la paz en Culiacán. El objetivo fue propiciar un intercambio de posturas: qué le diría un adolescente involucrado en actividades ilícitas a alguien que está considerando incursionar en ellas y qué mensaje enviarían quienes nunca han participado a quienes ya lo hacen, explicó Iván Velázquez Aréchiga, director general de SUMA.

“El mensaje no va en torno a criminalizar la participación de los jóvenes, sino a entender que también han sido víctimas de una violencia sistémica que ha perdurado en nuestra sociedad, en que muchos jóvenes no identifican otro tipo de oportunidades y también tienen carencias familiares”, comentó.

De acuerdo con Velázquez Aréchiga, la idea surgió a partir de cuestionarios aplicados a adolescentes, y los espectaculares fueron colocados en zonas donde se identificó una mayor presencia de personas vinculadas al crimen organizado.

Entre los hallazgos principales, destacó que la incursión en actividades ilícitas suele estar relacionada con la normalización de estas conductas dentro del entorno familiar, donde dicha ruta de vida se percibe como algo natural. A ello se suma la influencia de redes sociales y de modelos culturales, como la música.

Otro hallazgo relevante, señaló, es que muchas de las personas involucradas estudian, trabajan y provienen de familias estructuradas, lo que rompe con el estereotipo de que solo quienes carecen de oportunidades participan en estas dinámicas.

Velázquez Aréchiga advirtió que el simple hecho de desarrollarse en una ciudad como Culiacán y en un estado como Sinaloa implica una alta vulnerabilidad frente al reclutamiento por parte de la delincuencia organizada, debido a la normalización de la criminalidad en la cultura, la música, las redes sociales y otros procesos sociales, como la admiración hacia supuestos modelos de “éxito” ligados a la retribución de estas actividades.

Explicó que el involucramiento en el crimen organizado también responde a procesos de construcción de identidad y búsqueda de reconocimiento social, ya que la participación en este tipo de actividades puede generar una sensación de pertenencia y validación.

“(Se deben) generar nuevas alternativas para que los jóvenes satisfagan esas necesidades que son inherentes a su proceso de adolescentes, a su desarrollo como individuo, pero lo hagan de manera sana para ellos mismos y para sus comunidades, en lugar de identificarse con algún grupo delincuencial, en lugar de sentirse reconocidos por tener un arma, dinero u otro tipo de incentivos”.

El director de la escuela Gabriel Leyva señala que, aunque cada estado vive realidades distintas, hay un fenómeno que se repite cada vez con mayor fuerza: el aumento de la violencia y la inseguridad. En ese contexto crecen y se forman diariamente niñas, niños y adolescentes: algunos se acercan a ella por curiosidad, otros por necesidad económica y otros más por gusto.

“A lo mejor del trayecto de la escuela al trabajo, al niño de la casa a la escuela le sucede algo y se le llamará o seguirá denominando daño colateral y esa realidad no la puedo cambiar”, reconoce, “pero lo que sí puedo hacer es trabajar en el pensamiento de mis alumnos”.

Artículo publicado el 25 de enero de 2026 en la edición 1200 del semanario Ríodoce.

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