Adicciones, el fenómeno que no decrece en Ahome

Adicciones, el fenómeno que no decrece en Ahome

La demanda de atención en centros de rehabilitación del municipio, ha aumentado en mujeres

 

 

Adentro de la recámara del fondo de la casa ubicada en Miguel Hidalgo y Óscar Monzón Molina, en el ejido Bagojo Colectivo, municipio de Ahome, Ramón Edel empuñaba una pistola calibre 22 y a gritos pedía que lo dejaran tranquilo, pues la policía lo tenía rodeado.

Su familia, padre y madre estaba también en el lugar y le pedían que se entregara, pero él se oponía.

Y había una razón, en la cocina estaba el cadáver de su hermano menor, Eddy. Ramón Edel lo había matado en un arranque de cólera. Él recién se había desintoxicado, y regresó a su casa para pasar las fiestas decembrinas, Navidad y Año Nuevo.

El asunto terminó con dos hermanos, uno sepultado en el panteón y otro preso.

Esta fue la tragedia para el cierre del 2025 y apertura del 2026.

Por otro rumbo de la ciudad, Juan tuvo una vida desordenada, alcohol, drogas, francachela, comilonas, vagancia, viviendo al límite. Pero conoció a una chica y se casó. Recompuso su vida, trabajó de albañil, ahorró, dio estudios a sus hijas, pero de vez en vez se pegaba su jalón de “perico”. Una noche ya no se levantó por sí solo, y estaba paralizado. Le había pegado un derrame cerebral. Hoy se esfuerza por recuperar su vida de trabajador, y por alejarse del alcaloide.

En las calles de Los Mochis la conocen como la China. Es una joven de vida desgraciada. Siempre vagando, durmiendo aquí o allá. Nada fijo. Las drogas la habían atrapado. En una de esas tantas veces de noches interminables, la resaca la despertó anexada en un centro de rehabilitación. Fue sometida a la rutina de desintoxicación, y obtuvo un padrinazgo que se hizo cargo de sus gastos de internamientos.

Pero aquella protección no la salvó. Una vez de nuevo en las calles, regresó a lo ya conocido y su vida se volvió una rueda de la fortuna. Recayó, internamiento, recaída, internamiento. Hasta que desapareció. Cuando la China fue vista de nuevo en las calles, vestía harapos, comía de la basura y hablaba incoherencias. Su benefactor se dolió de su fracaso. “No logré salvarla, las drogas pudieron más”.

Para Ramsés Ignacio Cázarez Gámez, director del Instituto para la Prevención de Adicciones del municipio de Ahome (Ipama), las adicciones son un fenómeno recurrente, con altibajos principalmente durante las fiestas navideñas, que es cuando se incrementan las recaídas, y para enero, febrero y marzo, aumentan los ingresos a los centros de rehabilitación.

Esto es un patrón que ha sucedido en los años recientes y que no se ha logrado cambiar o modificar. De un reporte diario de hasta cinco ingresos en meses ordinarios, en enero y febrero se duplica. La mayoría de los ingresos son pasajeros y sólo en pocos casos los enfermos se quedan por algún tiempo más para buscar la sobriedad, en una lucha interna y contra el medio ambiente que lo rodea, dijo.

Los ingresos llegan solos a los centros de rehabilitación, pero hay casos de familias de muy escasos recursos económicos que solicitan auxilio al municipio. “Estamos atendiendo hasta cinco casos diarios. En estos se les apadrina con los costos de ingresos y algunos meses adicionales para darle tiempo a las familias para que se organicen y puedan enfrentar la situación”.

En muchos casos, las recaídas generan problemas familiares diversos, desde graves hasta pasajeros.

Mantenerse en la sobriedad, para un adicto es una lucha constante, y por ello recurre a los internamientos en los centros de rehabilitación, lo que ha multiplicado la oferta y generado una falacia de que a mayor cantidad de instalaciones, se eleva el consumo de drogas.

Los centros siempre han existido.

En la administración del 2018 se registraron 30 lugares, para este 2026, hay 40, 10 instalaciones más en ocho años, unas dos administraciones municipales.

El incremento no es población masculina, sino femenil. En la actualidad hay ocho centros para mujeres cuando en el 2018 había cuatro. Los centros de internamiento para niños y adolescentes adictos se mantienen sin cambios, con dos.

Cázarez Gámez aseguró que lo que no se ha movido es la edad de los adictos, pues se mantiene en el mismo periodo de 18 a 35 años de edad.

El consumo de drogas tampoco se ha modificado, pues el alcohol continúa siendo la droga legal de inicio, seguido de la mariguana como una dosis recreativa y manteniéndose el “cristal” como la de mayor frecuencia de consumo.

El consumo de cocaína se mantiene sin grandes cambios entre los adictos.

El funcionario dijo que, aunque la droga sintética de fentanilo va ganando consumidores, en la región no se han encontrado pacientes.

“Tenemos algunos que han llegado en paso, pero no son locales, sino consumidores foráneos”.

Cázarez Gámez consideró que una política pública que continúe atendiendo los efectos sociales de las adicciones debe de mantenerse, e incluso incrementar el presupuesto.

Artículo publicado el 18 de enero de 2026 en la edición 1199 del semanario Ríodoce.

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