Este año, el Día de la Virgen fue distinto para los comerciantes y vendedores que se colocan al pie de las escalinatas de La Lomita.
Las carpas azules bajan en cascada y el tumulto de feligreses encamina su fe para llegar hasta la cima de la iglesia y recibir a la Virgen de Guadalupe.
De lado a lado, la vendimia se exhibe, pero las ventas no mejoran. Graciela tiene su puesto de juguetes a pocos metros de la iglesia.
Lleva cuatro años colocando su carpa y acomodando sus productos. Este año sus ventas no han sido como esperaba y, aunque la afluencia de personas es considerable, las ganancias no afloran.
“(El año pasado) estuvo más o menos, pero ahorita está peor”, expresó.
En los dos días que lleva instalada, solamente ha vendido 4 mil pesos en productos; en años anteriores, lo normal era alcanzar entre 15 y 16 mil pesos en un solo día.
“Yo esperaba vender bien, más o menos, pues no mucho, pero tampoco tampoquito. Ahora sí, ha estado fatal, pero pues así son las ventas”, se resignó.
La asistencia de fieles es visible. Durante el último día de festejo, cientos recorren algunos tramos de la avenida Álvaro Obregón. Graciela comprende que la actual situación de violencia no ha favorecido que más personas se sumen a la festividad.
“Pero igual sí está fluido, pero si te fijas, las personas pasan y es rara la que se ve que lleve cosas que compren”, añadió.
Puestos más abajo, Mirna espera sentada en su puesto. Desde el 11 de diciembre, las personas comenzaron a llegar durante la noche para cantarle las mañanitas a la Virgen.
Ya pasadas las dos de la mañana, el tránsito bajó.
Mirna relata que tuvo que dormir ahí mismo, en su puesto.
El espacio donde trasnochó le costó mil 650 pesos; por cada metro cuadrado, alrededor de 650 pesos.
“No se esperaba mucho (venta) por la violencia en la que estamos. Mucha gente no tienen trabajo, no tienen dinero y otras no salen por miedo.
La verdad, claro, y otros salimos a buscarlo; aunque tengamos miedo, tenemos que salir a trabajar”, dijo.
Mientras tanto, las pisadas siguen su trazo. En la iglesia, el padre oficia la misa; en las entradas principales, los elementos de seguridad petrifican sus posturas.
Aguardan entre el calor de las velas y el barullo de las voces. “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”, grita el hombre de sotana.
Los fieles alzan sus veladoras.


















