El capo sinaloense podría alcanzar una condena de 15 años en Estados Unidos
El miércoles 29 de octubre pasado, José Guadalupe Lupe Tapia Quintero, debió revisar por última vez el documento en donde cambiaba su declaración de no culpable a culpable. Estaban los delitos que había dicho a los fiscales que reconocía. No más. Por eso habría verificado que la palabra “fentanilo”, estuviera fuera de la acusación. También aceptaba pagar al gobierno de los Estados Unidos 10 millones de dólares.
Aquella suma, equivalente a 187 millones de pesos al tipo de cambio de aquel momento, era, como lo era para cualquier otro narcotraficante, débil o poderoso, un monto exorbitante. Pero como ha ocurrido con quienes antes estuvieron en su lugar, siempre es mejor pagar, a permanecer encerrado en una cárcel estadounidense.
Fue entonces que el capo del valle de San Lorenzo firmó el documento, y lo extendió a su abogado, según describen agentes federales que han presenciado ese tipo de escenas. De este modo, uno de los narcotraficantes más poderosos de Culiacán entre 2005 y 2023, se unió a la larga lista de criminales que deciden cambiar su declaración de culpa y ceder cientos de millones de pesos a EU, a cambio de penas menos severas.
Atrás quedaron todas las acusaciones que en su momento enfrentó y por lo cual la DEA lo llegó a señalar como uno de los principales envenenadores de la sociedad estadounidense, incluyendo cargos por producción y tráfico de fentanilo, portación ilegal de armas y asociación delictuosa. Todo eso fue eliminado de los expedientes, pues en el acuerdo que Lupe Tapia firmaba en ese momento, sólo era acusado de haber traficado metanfetaminas y lavado de dinero. Y si todo funciona como ha prometido su abogado, podría salir de la cárcel en un periodo no mayor de 15 años.
“Le va a ir bien. Porque hizo muchísimo dinero traficando drogas, hielo, fenta (fentanilo), y coca”, dijo un residente de El Salado, municipio de Culiacán, que lo conocía desde hace años.
La ruta del narco
El Lupe Tapia, como llaman a quienes llevan por nombre Guadalupe, es originario de la Estancia de los García, en Tacuichamona, una sindicatura al sur de Culiacán. Como muchos campesinos que vienen de zonas rurales de Sinaloa, trabajó en el campo. E igual que sucede con los habitantes de zonas con poco o nulo desarrollo social y económico, él encontró en el tráfico de drogas una mina.
Primero el capo sembraba mariguana, después la movía de un lugar a otro, y la vida lo conectó con clientes en EU, a quienes les enviaba la droga. Vivía bien, pero era otro narco más. Pero con la erupción de las drogas sintéticas, principalmente las metanfetaminas o el hielo, como la llaman los narcos, sus ingresos crecieron, y en sociedad con Ismael el Mayo Zambada, el capo de la zona, dejó de ser el Lupe para convertirse en don Lupe, y a nivel masivo, Lupe Tapia.
Gracias a un grupo de informantes que colaboraron con Estados Unidos, la DEA lo ubicó como uno de los principales socios del Mayo Zambada. Trabajaba junto con su hermano, César, pero el objetivo era Lupe, pues era considerado el cerebro de los hermanos.
Investigaciones de la Secretaría de la Defensa lo señalaban como uno de los principales productores de fentanilo, según consta en documentos judiciales, incluso, comunicados de prensa dados a conocer al momento de su detención, el 9 de febrero de 2023.
“El inculpado es considerado como principal productor de pastillas de fentanilo y metanfetamina, además de realizar el trasiego de cocaína a gran escala de Centro y Sudamérica hacía los EU”, se lee en el comunicado de la Defensa, entonces Sedena.
A partir de aquel momento, Lupe Tapia ha estado entre las sombras. Sumergido en una cárcel de mediana seguridad, en Phoenix, Arizona, donde quedará recluido tras aceptar que entre diciembre de 2006 y marzo de 2012, estuvo a cargo de coordinar la transportación y distribución de metanfetaminas de México a Estados Unidos.
El juez Michael Liburdi de la Corte del Distrito de Arizona, fijó la audiencia para sentenciarlo el 2 de febrero de 2026, en la que se determinará no sólo su futuro, sino la cárcel dónde pasará el resto de su condena, y la forma en que pagará los 10 millones de dólares.
Sobre esta cantidad, Mark Davis, ex agente del FBI, explicó que, aunque ese dinero es un acuerdo entre el gobierno y el acusado, es una cantidad que difícilmente se recupera, sino que es sólo una faramalla para demostrar al público que realmente afecta a los narcotraficantes condenados, y que se toma en serio la llamada “guerra contra las drogas”.
“En realidad se hace porque este tipo de casos tienen cobertura de prensa internacional, criminalidad transfronteriza, pero son procesos muy complicado que difícilmente recuperan algún tipo de activos de los narcotraficantes”, explicó el agente, quien laboró encubierto en México, donde encabezó la caza de narcotraficantes que buscaba el FBI.
En México, es de dominio popular que los bienes patrimoniales de los capos generalmente están a nombre de terceras personas, incluyendo familiares, amigos, y otros prestanombres.
Una familia de tantas
Así como los hermanos Lupe y César Tapia Quintero, éste último arrestado en agosto de 2023, en la colonia Guadalupe Victoria, el hijo mayor de Lupe Tapia, Heibar Josué Tapia, también se encuentra tras las rejas.
El arresto ocurrió el 22 de agosto de 2022 en el fraccionamiento Las Mañanitas, cerca del aeropuerto de Culiacán. Según la Defensa, Heibar Josué era operador del Mayo Zambada.
La familia está boletinada por el Departamento del Tesoro de EU desde el 2014, al señalarlos como parte del grupo de narcotraficantes más importantes del Cártel de Sinaloa, quienes lavan dinero para esa organización criminal, prohibiendo a todo estadounidense realizar algún tipo de negocios con esos capos.
Artículo publicado el 30 de noviembre de 2025 en la edición 1192 del semanario Ríodoce.







