La narcoburbuja explotó y afectó a comerciantes del Centro

La narcoburbuja explotó y afectó a comerciantes del Centro

Sin las ventas de productos alusivos al narco, los comerciantes han tenido que reformular sus catálogos; algunos perdieron más del 50% de sus ganancias

Antes de la avalancha de homicidios y la agobiante cifra de desaparecidos, las casas tiroteadas e incendiadas, balaceras en medio del tráfico, las balas perdidas que dan coraje, narco-mantas colgadas de los puentes, los “abatidos” por las fuerzas federales, las familias desplazadas que hurgan entre la basura, y el desfile de Harfuch´s que blindan a Culiacán, se vivía, más o menos, bien.

En un solo año de guerra entre Mayos y Chapos, la burbuja económica que sostenía el comercio explotó. Andar por el Centro Histórico lo evidencia: las pegatinas que anuncian un “Se renta”, colocadas sutilmente en las cortinas metálicas de los locales, son el sello que ha dejado el divorcio entre ambas facciones del Cártel de Sinaloa.

Antes había una costumbre, explicó Óscar Sánchez Beltrán, presidente de la Unión de Comerciantes del Centro de Culiacán (UCC). Las actividades ilícitas generadas por el narcotráfico mantenían al sector comercial y empresarial de la ciudad. Hoy son más precavidos: las billeteras rechonchas de dinero que generaban gastos de 20 mil a 50 mil pesos en un solo cliente en un día dejaron de existir.

Esto provocó que, en un solo año, la esfera económica del narco explotara y más de 2 mil locales —de acuerdo con mapeos de la UCC—, distribuidos tanto en el Primer Cuadro como en las avenidas más importantes, cerraran sus cortinas.

Hay una reformulación de los productos —explicó— la narco-vestimenta y los narco-artículos se fueron quitando de los anaqueles. Dichos artículos, como cachuchas o prendas impresas con los logotipos de cada facción o alusivas a las vivencias del narcotráfico, dejaban grandes utilidades, ya que la demanda era alta y los precios podían elevarse.

“Todas aquellas mercancías que hacían alusión al crimen, a la delincuencia, el crimen organizado o a un estereotipo relacionado al crimen organizado, fue retirada inmediatamente de las tiendas (…) para no crear una percepción de que algún comerciante estaba a favor de X o de Y agrupación y esto le pudiera generar un problema”, señaló.

No tiene mucho, tres meses si acaso, relató un vendedor. Un par de sujetos armados, con la pistola bien escondida en el pantalón, recorrieron cada uno de los locales del Centro para cerciorarse de que ni Mayos ni Chapos figurase en la iconografía de las gorras. Se llevaron la mercancía en bolsas, dejando espacios vacíos en los anaqueles; fue una palmadita en la espalda para advertirles que no querían que siguieran vendiendo esos productos.

No hubo balas, ni golpeteos.

“Vicente”, fue más precavido: las gorras alusivas a los grandes rostros del narco comenzaron a liquidarse desde los últimos días de septiembre de 2024. Para octubre, los anaqueles ya no exhibían ni pizzas ni sombreros, ni de un bando ni del otro. Sus proveedores también le advirtieron que dejara de vender, porque ellos ya no le surtirían el inventario. Lo que quedó lo guardó y no cree que vuelvan a salir al mercado por un buen tiempo.

El fenómeno de las gorras es relativamente nuevo. Vicente comenzó a recibirlas desde la captura de Ovidio Guzmán López, alias el Ratón, a la par que la canción Soy el Ratón, lanzada en 2022 tomaba popularidad. Una gorra salió, y el personaje animado de un ratoncito gris, que se televisaba en El show de Huckleberry Hound, se convirtió en la imagen de Ovidio Guzmán. Las demandas por este tipo de artículos aumentaron: cada canción que salía tenía su gorra.

“Federico”, explicó que las ganancias que obtenían de estos artículos representaban para su negocio cerca del 50 por ciento. De las 10 gorras que vendía en un día, 5 hacían alusión a un personaje narco. Eran gorras caras, de mil a 2 mil 500, gracias a la oferta y la demanda.

Muchas cosas cambiaron —continuó explicando Sánchez Beltrán—, y la idea es modificar el mercado para evitar caer en prácticas del pasado que actualmente siguen afectando, esencialmente, los temas económicos.

Para estos últimos tres meses del año, la época de las festividades es la temporada más lucrativa para el sector comercial. Tradicionalmente, los meses de julio, agosto y septiembre son los peores para ellos, en parte por los dos meses en que no hay clases. Beltrán explicó que, de los 2 mil negocios cerrados, cerca de 40 locales buscaron reabrir para este último trimestre del año, esperanzados en las expectativas económicas.

“Este año lo estamos haciendo de una forma más moderada. Las inversiones están siendo más más prudentes, las estamos recortando a un 50 por ciento la inversión en relación al año pasado, porque más o menos es la estimación que nosotros estamos teniendo que venderemos en términos generales un 50 por ciento menos este año en relación al año pasado por la misma crisis económica que hay”, detalló.

Aunque es una minucia, explica Beltrán, el hecho de que 40 negocios buscan reabrir sus cortinas hace notar que la curva de cierres se está estabilizando; sin embargo, esto no significa que, al mismo tiempo, otros negocios no estén cerrando y la crisis haya terminado.

No hay que andar con los ojos cerrados, reiteró un locatario dedicado a la venta de ropa y accesorios. La economía dependía de la actividad delictiva que había, “no tanto porque participara uno en eso, sino porque se beneficiaba de la economía que estaba subvencionada por todo el desorden que hay en el estado”, indicó.

Por lo pronto, en su negocio anuncia en letras mayúsculas: LIQUIDACIÓN TOTAL. Su giro cambió: de ropa para fiestas a ropa de bazar. Ofrece artículos más económicos para poder subsistir. Los vestidos que antes vendía en 900 pesos hoy los ofrece en 500; esto representa una pérdida y un estancamiento.

El año pasado, su último trimestre fue deplorable, y el pronóstico para este es un tanto pesimista. Hace hincapié en que el problema que se percibe es que siguen ocurriendo hechos violentos que reducen la presencia de las personas en el centro de la ciudad.

Por lo pronto, mira por su escaparate: la calle Escobedo luce sola a las tres de la tarde. Antes no era así —dice—, a esa hora el tránsito de personas mareaba; ahora, hasta los cajones de los estacionamientos están vacíos.

Artículo publicado el 12 de octubre de 2025 en la edición 1185 del semanario Ríodoce.

 

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