Los dos Julios: La gloria perdida en los rounds…Fuera del ring y el diamante

Los dos Julios: La gloria perdida en los rounds…Fuera del ring y el diamante

En el deporte mexicano hay nombres que pesan, que se pronuncian con una mezcla de orgullo, nostalgia y, en algunos casos, decepción.
El nombre  Julio César es uno de ellos. Asociado a la grandeza deportiva, también parece condenado a repetir un ciclo de ascenso meteórico, caída abrupta y olvido voluntario.

Tal es el caso de Julio César Chávez Jr. y Julio César Urías, dos talentos nacidos en Culiacán y ambos proyectados en su momento para dejar un legado en el boxeo y el beisbol, respectivamente.

Sin embargo, hoy los dos están más cerca del escarnio que del olimpo.

Chávez Jr. no solo heredó el nombre, sino también la carga de ser hijo del mejor boxeador mexicano de todos los tiempos, el hijo de la leyenda.

A pesar de que muchos lo consideraron un boxeador hecho a la sombra, lo cierto es que alcanzó un campeonato mundial, llenó arenas y vendió peleas como pocos.

Tenía carisma, talento limitado pero suficiente, y el apellido. Pero también tenía un enemigo mucho más difícil que El Canelo Álvarez: Él mismo.

Por otro lado, Julio César Urías no nació en cuna de campeón, pero sí creció con un brazo zurdo tocado por los dioses del beisbol.

Desde su debut con los Dodgers siendo un adolescente, pintaba para ser el nuevo estandarte del beisbol mexicano en las Grandes Ligas.

Campeón de Serie Mundial (2020), líder de victorias en Grandes Ligas, y con la compostura en el montículo que muchos comparaban con leyendas. Pero fuera del diamante, su historia fue otra.

Ambos Julios tuvieron carreras que se desmoronaron no por falta de talento, sino por decisiones personales.

Urías no fue suspendido una vez, sino dos veces por violencia doméstica.

En un contexto donde el deporte profesional ya no tolera ciertas conductas, sus actos no solo lo alejaron del diamante: Lo sepultaron en la memoria selectiva del deporte mexicano.

Chávez Jr., por su parte, fue acumulando escándalos, desde problemas con el peso hasta dopajes positivos y videos que reflejaban una vida sin control. Lo último: Prófugo de la justicia y con orden de aprehensión por delitos contra la salud.

La comedia se volvió tragedia. El hijo del campeón, ahora perseguido por la ley, terminó confirmando los peores pronósticos que muchos tenían de él.

¿Dónde quedó la grandeza?

El paralelismo es brutal. Ambos fueron portadores de una promesa: La continuidad del legado deportivo mexicano. Uno por sangre, otro por talento. Ambos nacidos en la misma tierra caliente de campeones y escándalos. Ambos de Culiacán, donde se cultivan ídolos con la misma facilidad que se derrumban.

Pero el deporte, como la vida, no es solo cuestión de talento: Es también de carácter. Y ahí fue donde ambos Julios se quedaron cortos.

Las autoridades en EU los juzgan, pero también la historia.

Tal vez con el tiempo se reconozca lo que hicieron deportivamente y quizás los más jóvenes ni siquiera recuerden sus nombres: Julio César.

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