La pifia de la Fiscalía en un asesinato

La pifia de la Fiscalía en un asesinato

Una mala investigación fomenta impunidad

La Fiscalía General del Estado pretendió esclarecer un asesinato a sangre fría con elucubraciones que llevaron a prisión a un hombre, pero que fueron desechadas por la jueza de control Ana Célida Alarcón de la Rocha, liberándolo en la audiencia inicial.

“Los elementos de prueba son insuficientes para acreditar la posibilidad de que el acusado cometió el delito imputado, por eso resuelvo la no vinculación a proceso, pero queda a salvo el derecho de la fiscalía para continuar investigando y en un caso a futuro volver a intentar la imputación”, dictó.

Y antes de cerrar la audiencia, se refirió a quien estaba en el banquillo de los acusados: “el acto que se resolvió lo obliga a usted estar localizable, proporcionar un teléfono para su notificación y presentarse ante la autoridad cuantas veces sea requerido. ¿Está de acuerdo?”

“De acuerdo”, respondió el sujeto regordete que vestía una playera de color rojo, como todos los convictos internos en el penal de Felipe Ángeles.

Concluye la audiencia.

El hombre se levanta y espera a que la jueza abandone la sala. Luego se funde en un abrazo con su abogado, Luis Enrique Vega Blanco, quien había desvirtuado cada uno de los actos de investigación que realizaron los agentes de Homicidios Dolosos, en el 2016, y quien además puso a su favor el monopolio de la Fiscalía General para elaborar peritajes sobre perfiles genéticos y grafoscópicos.

El guardia procesal que cuidaba el orden en la sala se desatendió del hombre en cuanto la jueza Alarcón de la Rocha salió del recinto. Abrió la puerta, el acusado se encaminó hacia el exterior.

Y por primera vez en 12 meses, desde su captura en Estados Unidos por una ficha roja que emitió la Policía Internacional (Interpol) a petición de la Fiscalía de Sinaloa, Mario Alberto Ramos Velarde respiró libre.

Y ya afuera de la Sede Regional de Justicia Penal Acusatoria y Oral Norte, estuvo a punto de soltar el llanto.

“Tienen que hacer mejores investigaciones, en mi caso fue una investigación muy torpe y pobre. Deja mucho que desear el trabajo de la Fiscalía. Por eso hay mucha gente detenida siendo inocente”, dijo.

Vega Blanco, por su parte, señaló que el caso es de precedente porque sienta bases para resoluciones futuras en donde el principio de presunción de inocencia debe prevalecer.

“Pocos juzgadores lo asientan y lo respetan, la juzgadora fue apegada a derecho totalmente y sentó un precedente para la justicia en la localidad”, subraya.

Y efectivamente, la jueza Alarcón de la Rocha había comprobado que los dichos de los agentes investigadores fuesen ciertos, y les restó importancia poco a poco hasta que consideró que la Fiscalía estaba imputando a un inocente.

“Vale más impunidad que tener a un inocente en prisión, de castigar a alguien que no cometió lo que se dice”, argumentó cuando cruzó una petición: Acusado levántese y muestre la parte posterior del cuello. Ella buscaba un tatuaje que una de las testigos de cargo había dicho que el matón tenía pues lo había observado a muy corta distancia. María Alberto no tenía ninguno en esa parte.

“¿Cómo llegaron los investigadores a buscar al señor?”, preguntó la juez.

Y el fiscal de homicidios lo aclaró, los investigadores llegaron a un hotel con una fotografía de un video del asesinato y preguntaron a la recepcionista que si habían visto a esa persona. Ella les dijo que se parecía a un hombre que se hospedó y que firmó como Mario Ramos, que procedía de Chihuahua o de Durango. Con eso, los investigadores consultaron la base de datos y encontraron cuatro homónimos, obtuvieron sus fotografías y la llevaron a las testigos. El más joven era Ramos Velarde y estas coincidieron en que “se parecía mucho”. Con eso tramitaron la orden de aprehensión.

Lo que la jueza dejó en claro es que la foto del acusado era de ocho años atrás, de cuando se cometió el asesinato, y para entonces, ya había embarnecido.

Además, el homicida había dejado un chicle y su firma en la mesa del restaurante del hotel Fénix, el 11 de septiembre del 2016 cuando a quemarropa disparó en seis ocasiones a Ángel Juvenal Rodríguez García, que recién había llegado a la ciudad para curarse de una enfermedad.

De ese chicle, la fiscalía obtuvo perfil genético y un dictamen de la escritura.

La defensa pidió a la misma fiscalía que realizara las mismas pruebas al acusado y permitió que se le extrajera una muestra de sangre y se le hicieran pruebas de trazo de escritura y firma. Los resultados de ambos estudios nunca llegaron para la continuación de la audiencia inicial. El agente del Ministerio Público del Fuero Común alegó que la tardanza se debía al cúmulo de trabajo de los peritos.

La juez respondió con un “Bien” a aquella justificación.

A ella ya le había causado cierta molestia las negativas reiteradas del Ministerio Público a abrir la carpeta de investigación.

“Ya las tengo, y las puedo ver en cualquier momento, pero le doy la palabra para que las explique, no para que se oponga a observarlas”, paró en seco a los fiscales.

La jueza determinó que la voluntad del acusado de someterse a ambas pruebas con la autoridad que lo acusaba daba visos de certeza de inocencia, que se robustecía con actos de investigación insuficientes e impertinentes.

Así, no lo vinculo a proceso, sentenció.

Y Mario Alberto, entonces, contuvo sus lágrimas. Y esperó minutos a que se cerrara la audiencia.

Ahora ya está libre y se encaminó a Chihuahua, de donde es originario.

El crimen de Ángel Juvenal está impune. El asesino, un hombre espigado, delgado, alto y con un tatuaje en la parte trasera del cuello, estaba libre.

De su identidad hay un video. Y en este se aprecia como caminó por la acera oriente de la calle Ángel Flores, se metió al restaurante, tomó una mesa, pidió un refresco mientras cazaba a su víctima, que al otro lado del restaurante desayunaba con su familia, esposa y dos hijos, así como con otro hombre que la acompañaba.

En el video también se observa que habló con la mesera que le sirvió el refresco.

Y para tomárselo, dejó el chicle que mascaba en la mesa.

Luego, cuando su objetivo se quedó solo, él se levantó, encaminó sus pasos a la salida y estando en la puerta, disparó en seis ocasiones en contra de Ángel Juvenal. Tres balas le dieron en el cuerpo y murió. El matón escapó por la calle Miguel Hidalgo. Minutos después llegaron los investigadores de la Fiscalía y comenzaron sus pesquisas.

Artículo publicado el 6 de julio de 2025 en la edición 1171 del semanario Ríodoce.

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