Las obras y acciones que se han hecho de manera independiente sin tomar en cuenta el estero del Infiernillo tienen un impacto en este cuerpo de agua, consideró Joel Bojórquez Sauceda, profesor investigador de la Facultad de Ciencias del Mar.
El desalojo de personas que se encontraban en riesgo es una acción loable por parte de la autoridad, porque lo primero es proteger la vida de las personas, sin embargo, no son los únicos, son decenas de colonias las que se encuentran en los márgenes del estero del Infiernillo en Mazatlán, y corren riesgo de inundaciones.
“Un ordenamiento territorial de las actividades, incluida la habitacional en el estero del Infiernillo, debe iniciar de entrada con un estudio de la cuenca; es imprescindible ya para tomar cualquier decisión y entender, como dicen coloquialmente, cómo corre el agua”, explicó.
¿Cuánta agua nos cae?, ¿por dónde corre?, ¿cuál es la cantidad de agua que viene por cada una de las subcuencas del estero del Infiernillo?, detalló.
“Y obviamente, aquí hay una complejidad adicional, que es combinar esto con las mareas que también tienen su influencia y que determinan la salida u obstrucción del agua de lluvias hacia el mar”, indicó.
Entonces, agregó, tomando en cuenta que es el vaso regulador más importante de los escurrimientos de agua en la ciudad, es inaplazable la tarea de construir un plan de manejo y ordenamiento del estero del Infiernillo.
“Se han hecho muchas acciones, desde quitar el mangle, pavimentar una parte del estero, ‘rectificar’ el trazo del estero, pero son acciones que se hacen en segmentos, que, si bien podrían resolver alguna problemática muy localizada, también generan otro tipo de problemáticas cuenca arriba y cuenca abajo de donde se realizan esas obras”, señaló.
La clave está en hacerlo de manera integral, opinó.
“El ordenamiento tiene que ser integral, y así le puedes exigir, por ejemplo, a las constructoras que hacen los fraccionamientos, de qué tamaño y de qué tipo tienen que ser los drenes (…), si son pavimentados o entubados, si hay que permitir la infiltración del agua hacia el subsuelo o no; es imprescindible tomar en cuenta todas esas cosas que son relevantes para el funcionamiento del vaso regulador del estero, ya no digamos de las funciones ecológicas, por lo que es necesario contar con ese estudio de cuenca”, asentó.
—¿Un trabajo de desazolve o dragado por sí solo resolvería el problema de captación del estero?
—Hay que hacer una revisión completa, la problemática del estero no tiene una solución única. Hay que hacer una combinación de múltiples soluciones, de acuerdo a la problemática que se va presentando en cada una de las etapas del estero, desde el Puente Juárez, que es la boca del estero, hasta arriba donde nace el arroyo Jabalines.
Las acciones, previas a un análisis y estudio de cuenca, serán encaminadas a donde se requiera; dónde hay que desazolvar y dónde hay que hacer una revisión profunda de toda la infraestructura que se ha construido, no solamente sobre el estero sino en todos los afluentes.
“Se han ido ahorcando prácticamente todos los afluentes que van a dar al arroyo Jabalines, por ejemplo, en donde se construyó la Soriana, se redujo significativamente el canal que desalojaba el agua del fraccionamiento Jacarandas, López Mateos, Sánchez Celis, y todas esas esas colonias”, apuntó.
Entonces, al ahorcar con el puente esa salida, la inundación se agrava.
Señaló que hay al menos 10 puentes e infraestructura similar en muchos de los afluentes que tiene el Infiernillo, “y habría que revisar si hay que ampliar esas obras, sustituirlas o quitarlas definitivamente, pero para hacer eso nuevamente debemos tener el estudio de cuenca actualizado, porque finalmente las pavimentaciones, las recanalizaciones y los cambios que se han hecho en los drenajes han modificado la dinámica de la cuenca”.
La boca del estero del Infiernillo (Puente Juárez) data de los años 40, dijo, y desde entonces la ciudad ha crecido de manera desordenada reduciendo y modificándola.
“También con la construcción del ‘malecón de los pobres’ se modifica la dinámica de la cuenca, del agua que viene de las colonias 20 de Noviembre y Villa Galaxia, donde hay otras infraestructuras, y desde arriba, las más recientes que se hicieron por Pradera Dorada, y otras que se siguen haciendo, están modificando la dinámica de los afluentes del estero del Infiernillo y el arroyo Jabalines”.
Es un error que cada fraccionamiento haga revestimiento de canales sin tomar en cuenta toda la complejidad que representan esos dos cuerpos de agua, reiteró.
Antecedentes
Durante la gestión de Carlos Felton (2014) la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) negó al Ayuntamiento la autorización del proyecto “Construcción de Obras de Control de Inundaciones Miravalles” que incluía el desmonte de 13 mil ejemplares de mangle, recubrimiento del canal para garantizar la seguridad y evitar derrumbes de los taludes, azolvamiento y disminución de su cauce por la acumulación de tierra en la vegetación que crece en el lugar.
El exalcalde Felton calificó hace 11 años de excesivas las observaciones, y aunque prometió gestionar ante Protección Civil Nacional que la Conagua fuera flexible, la obra nunca se hizo.
En el 2018, el exgobernador Quirino Ordaz Coppel anunció una inversión de 450 millones de pesos para revestir 3 kilómetros del arroyo Jabalines en “beneficio” de las colonias Lico Velarde, 20 de Noviembre, Villa Satélite y Jacarandas.
La obra se caracterizó por la omisión de un Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) que plasmara la dinámica de toda la cuenca.
Entonces, Bojórquez Sauceda consideró que la inexistencia de ese estudio hacía impredecible el comportamiento del arroyo y advirtió que se estaban tomando decisiones y haciendo obras sin saber a ciencia cierta cuál sería el impacto.
Con el tiempo, las inundaciones y daños llegaron, pero Quirino ya no estaba.
Artículo publicado el 6 de julio de 2025 en la edición 1171 del semanario Ríodoce.







