Hoy Los Ángeles, California, se parece a Los Ángeles, Culiacán. Tan lejos y tan cerca. Los orígenes de la espiral violenta y los enfrentamientos con la autoridad, granadas de estruendo y columnas de humo son completamente distintos en un sitio y en otro. Allá se trata de manifestaciones y protestas, mientras arrecian las operaciones para detener y deportar migrantes, muchos de ellos mexicanos o hasta sinaloenses; acá, una pugna narca, la disputa entre dos facciones internas, Mayitos contra Chapitos, que con mucho ha costado más vidas que cualquier conflicto actual de este tipo.
Los reportes de la situación del Ángeles americano son de suspensión de clases por los disturbios provocados, coches incendiados, soledad nocturna y actividades de limpieza matutina para aparentar que la ciudad vuelve a la normalidad, todo acompañado de una robusta presencia policiaca y militar.
El sector de Los Ángeles, en Culiacán, la capital de Sinaloa, igual que el largo bulevar Agricultores y zonas aledañas, o las colonias 5 de Mayo y Villa Bonita, han concentrado los enfrentamientos durante estos nueve meses de la pugna de Mayitos y Chapitos. Y hemos tenido, también, columnas de humo, coches incendiados, estruendos de granadas.
Guardando las debidas proporciones, ambos casos son noticias mundiales. Los Ángeles, California, es un punto neurálgico en la situación política y social de los Estados Unidos. Tan simple como decir que esa zona del país es la segunda con más mexicanos después de la Ciudad de México. Y en Los Ángeles, Culiacán, han ocurrido algunos de los sucesos de mayor impacto en esta pugna, como el asesinato de la familia Sarmiento: los niños Gael, de 12 años, Alexander de 9, junto con su papá Antonio. Hace unas semanas el asesinato de tres jovencitos, todos en sus veinte años, les dispararon en una cancha deportiva a un lado de unas motocicletas. Y la semana pasada se aseguraron armas en una vivienda donde, según se dijo, se fabricaban artefactos explosivos.
Los Ángeles, Culiacán, es solo una referencia en esta larga pugna de facciones del narco, porque se extiende por otras colonias y fraccionamientos, incluso otras comunidades y ciudades de Sinaloa. Sin embargo, lo que sigue llamando la atención es la concentración de sucesos, la repetición de enfrentamientos y ataques por las mismas zonas, incluso a veces hasta en las mismas calles. De ahí que parezca repetitivo el anuncio de situaciones en estos sectores mencionados: Los Ángeles, Villa Bonita, Bulevar Agricultores, 5 de Mayo…
Margen de error
(Más) Hemos perdido la cuenta del número de efectivos de las fuerzas federales que han arribado a Sinaloa a reforzar las acciones de seguridad en los últimos nueve meses. Se hacen periódicamente anuncios de miles que llegan –aunque nunca se dice cuántos se van, por razones obvias–, es imposible precisar la dimensión actual de la presencia militar en Sinaloa. El despliegue de la Secretaría de la Defensa, Marina, Seguridad Pública Federal y Guardia Nacional es mayúsculo, tanto que en cualquier recorrido por las ciudades de Sinaloa o sus carreteras es fácil toparse con uno o más convoyes de cualquiera de esas instituciones. Tenemos un territorio militarizado.
La semana pasada, en una nueva visita del gabinete de seguridad federal, se hizo el anuncio de un nuevo arribo de mil 600 elementos, 400 de ellos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y el resto de la Secretaría de Defensa. El anuncio se hace como parte de una visita de Omar García Harfuch y del General Ricardo Trevilla.
No ha sido fácil Sinaloa para el nuevo gobierno, el gabinete de Seguridad de Claudia Sheinbaum tiene prisa por reducir la criminalidad del país, al mismo tiempo que enfrenta brotes de violencia en zonas como Sinaloa, Guanajuato o Michoacán.
La cuna de Chapitos y Mayitos parece ser clave en esta encrucijada, pero los meses pasan y no se vislumbra un final. Incluso tiene días, semanas y hasta meses que empeora, como el pasado mayo que contabiliza más asesinatos que ningún otro mes de estos últimos nueve.
Harfuch y Trevilla estuvieron de entrada por salida en Culiacán. No podían solo llegar y reunirse solamente, tenían que hacer algún anuncio y fue el arribo de más elementos.
Primera cita
(Fin) La pugna interna de la organización Sinaloa arreció con el arribo del nuevo gobierno federal. Es una mera coincidencia de tiempos, no una consecuencia. Incluso es mejor que haya ocurrido así, porque el anterior gobierno federal impuso una estrategia distinta en el combate a las organizaciones delictivas.
Hasta ahora el gobierno federal ha sostenido que desde el cambio en la estrategia federal de seguridad, los índices delictivos muestran una reducción que llega a un 25 por ciento menos de homicidios. Es demasiado temprano para confiar que esa reducción será sostenida o que continuará en aumento. El país lleva ya muchos años en esta espiral violenta, casi 20 años.
No veremos un final de la inseguridad en México, a lo más que podría aspirarse sería a una contención. Los procesos para afianzar una situación completamente distinta son largos, y nosotros nos encontramos del lado contrario, es decir, a un del lado del México violento.
Aunque cueste admitirlo, la delincuencia mantiene el control de territorios amplios por todo México, y en Sinaloa en particular. Impone su control sobre actividades económicas, cadenas de distribución y giros comerciales.
Sin afán pesimista, Sinaloa enfrenta precisamente lo más grave de la problemática de seguridad que afecta al país. De ahí la urgencia de atajarla y reconstruir una realidad distinta, y eso no podrá ser posible mientras sigamos atendiendo una emergencia que no da muestras de concluir (PUNTO)
Artículo publicado el 15 de junio de 2025 en la edición 1168 del semanario Ríodoce.





