Elota, el contagio del narco

Elota, el contagio del narco

Culiacán no es el único punto en disputa en este enfrentamiento entre Chapitos y Mayitos. La capital acapara casi toda la atención, pero la violencia está diseminada en decenas de comunidades de Sinaloa por los municipios de Eldorado, Navolato, Elota, Cosalá, San Ignacio, Concordia. De la sierra a la costa.

Se sabe demasiado poco sobre lo que ocurre en esas comunidades pequeñas o medianas, terregosas y en el abandono. Las mismas que desde hace muchos años se fueron convirtiendo en hospedero del narco, porque se encumbró alguna familia o porque se fueron contagiando del mismo mal.

Es en esas comunidades un día sí y otro también que hay sucesos delictivos, pero no siempre trascienden. En esas comunidades la zozobra de los habitantes resulta aun peor que en Culiacán. Solo cuando los muertos llegan o pasan de tres, cuando se bloquea una carretera o cuando incendian viviendas, es cuando oímos algo de esas comunidades que casi nadie sabe dónde quedan: oímos de Tomo, sindicatura de Imala. O Las Arenitas, en Navolato. Potrerillos en Elota. Capilla de Taxtle en Concordia…y un largo etcétera.

Elota ejemplifica el impacto de la espiral violenta en otros municipios y en las comunidades de Sinaloa en este medio año, y que no tienen la atención de Culiacán o Mazatlán.

La Cruz, capital de Elota, está a medio camino entre la capital y el puerto. Hace poco más de 30 años tuvo un despegue agrícola por la construcción de la presa El Salto (Aurelio Benassini), que incorporó cientos de hectáreas al riego. En las tierras ejidales los principales productores hortícolas de Sinaloa empezaron a seguir a Roberto Tarriba Rojo y su empresa Farmer’s Best. Se abrieron grandes empaques y el valle de Elota se volvió polo de atracción.

La zona serrana de Elota, en colindancia con Cosalá y San Ignacio, es tan marginada como el resto de la sierra de Sinaloa, muchos se dedicaban a la siembra de mariguana en pequeñas parcelas y en santa paz la entregaban al comprador, no pasaba de ser un ingreso extra a tanta pobreza. Después, la mariguana dejó de ser negocio para los cárteles y ese ingreso mínimo también se fue.

El negocio se movió a las drogas sintéticas y algunos de los pobladores de las nuevas comunidades que se formaron cercanas a la costa, como compensación a los habitantes porque sus pueblos resultaron afectados por la presa, empezaron a trabajar en rudimentarios laboratorios de metanfetaminas.

La Cruz y las comunidades aledañas se contagiaron de la expansión del narco. A la par de la economía agrícola que fue avasallando el valle y se concentró en unas cuantas manos, está la economía del narco como una de las pocas alternativas a los pobladores de los pequeños pueblos.

 

Margen de error

(Potrerillos) Con la disputa de los dos herederos del cártel de Sinaloa, Mayitos y Chapitos, el contagio de la disputa también se expandió a otros lugares con fuerte presencia del narco como es el caso de muchas comunidades de Elota.

Aquí el epicentro del enfrentamiento está en Potrerillos, una pequeña comunidad cercana a La Cruz, por una carretera alterna a la maxipista. Los enfrentamientos desde septiembre son casi a diario, tan frecuentes como en Costa Rica o el Bulevar Agricultores, para compararlo con Culiacán.

No es ninguna sorpresa, en Elota todos saben que en Potrerillos del Norote y sus alrededores se fue concentrando el poder de las organizaciones del crimen y desde ahí fue su expansión. En 2014, por ejemplo, en Tanques –una comunidad cercana a Potrerillos- apareció asesinado Manuel Alejandro Aponte, uno de los cercanos colaboradores del Chapo Guzmán.

 

Primera cita

(Fantasmas) Habitantes de Potrerillos y de otras comunidades han abandonado los pueblos, huyendo del enfrentamiento. Aquellos pueblos pacíficos de hace unos años, donde la lucha era contra el aburrimiento, ahora están convirtiéndose en ranchos fantasma. Una a una se han ido las familias, y en otros casos los grupos delictivos han tomado el pueblo como refugio y los habitantes de plano optaron por salirse.

Comunidades como El Portezuelo, en los límites con Cosalá, o El Roble, aledaña a La Cruz, están desolados ante la embestida de los grupos de Chapitos y Mayitos, en una disputa que los pobladores ni entienden, pero mejor huyeron para salvar la vida.

Los sucesos se amontonan y nadie da cuenta de ello, apenas en grupos de WhatsApp se alertan. Los pueblos solo salen a la luz cuando incendian viviendas, como pasó hace una semana en Pueblo Nuevo –otro de los pueblos donde fueron trasladados los afectados por la presa El Salto-, o cuando en El Bolillo aparecieron tres personas asesinadas.

 

Mirilla

(Política) El contagio del narco enferma todo. En la política ingresaron hace tiempo, el poder público también cambió de manos. Si durante décadas unas cuántas familias se lo estuvieron rotando, los Escobar o los herederos de Daniel Amador, ahora ellos también son exiliados y ni se atreven a disputarles una elección.

Elota, como Cosalá, San Ignacio o Concordia, está enredado en una maraña violenta, donde las pequeñas comunidades están a disposición del grupo que se las apropie. Si en Culiacán o en Mazatlán los grupos de unos y otros, Mayitos o Chapitos, operan y se mueven con facilidad, en esas comunidades es aun más evidente. La impunidad va apoderándose de cada pueblo, sin que la gente pueda enfrentarlos y mejor opta por abandonar su casa y entregar lo poco que les queda al narco (PUNTO)

Artículo publicado el 23 de marzo de 2025 en la edición 1156 del semanario Ríodoce.

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