Hace ochenta años una sinaloense tuvo la valentía de romper el pasado con su verso para expresar lo que sentía, marcando un precedente para la poesía femenina.
“Romper con el pasado/ y ceder a la negación absoluta del recuerdo/Olvidar que muy lejos/ aún existen las voces amigas que me llaman/ Borrar ante mis ojos/el paisaje familiar de aquellos brazos/ y quebrar con mi tristeza/ el eco de una risa”.
Alba Elena Acedo, o Alba de Acosta, falleció el 28 de mayo de 1953 a los 32 años. Escribió poemas, ensayos y cuentos que por decisión propia nunca publicó en ediciones a la venta. Era descrita como una persona bella, elegante, extrovertida y apasionada por la lírica.
Fue una poeta bastante presente y respetada en el círculo literario de Culiacán. Perteneció a una gran comunidad artística integrada por personalidades como Inés Arredondo, Mago de Corona, Delia Villarreal, Luz López Meza, Olga Acedo.
Se atrevió a abordar temas como el amor erótico y el abandono. Mujer audaz.
La soledad era un elemento principal en su trabajo, muy distinto a la forma en que era percibida por los demás.
Sus versos transmiten un misterio, de forma que estuviéramos contemplando conversaciones íntimas de Alba consigo misma. Su pluma ha sido definida como valiente y atrevida por sus lectores y por personas que la conocieron. En palabras de David Rubio “Su sensibilidad profética combatía viejos prejuicios que rompen con la realidad que le toca vivir”.
“Tengo miedo de quedar a solas/porque me voy hacia ti;/y mi carne tiene garras/y en díscola y fuerte…/me aprisiona el espíritu/ y hace que mi sangre/ se hunda en el abismo de mi cuerpo/Y yo no quiero atarme”.
Su último poema Señor: si he de morirme ya…, es una despedida hacia su supervivencia. Alba, que en ese momento padecía un cáncer avanzado, pide a Dios volver a Culiacán.
Persuadida por amistades suyas, presentaría el que sería su único recital poético el 18 de noviembre de 1952, seis meses antes de su muerte.
Gran cantidad de su creación poética se perdió en un incendio ocurrido en la residencia de Lupita Acedo unos años después de su fallecimiento, del cual sólo 32 poemas pudieron ser recuperados.
No sería hasta años después que un grupo de admiradores editaron la única publicación existente con una porción de sus trabajos titulada Puerta de soledad.
“Señor: si he de morirme ya…/ Que la última llama de mi espíritu/ se apague con el aire de mi tierra…/ Que el postrer estallido de mi voz/ se acalle en los rumores de mi pueblo/ y que la tierra de mi cuerpo/ se reintegre por fin a esa tierra mía/ tan suave y tan ardiente/ en donde he sido raíz viva”.
Pese a su efímera presencia en este mundo, Alba es recordada junto a su obra con mucho cariño y es considerada una de las voces más importantes de su generación y un ejemplo a seguir dentro de la visión femenina en la poesía.
Sus más íntimos pensamientos y atrevimientos seguirán vivos siempre en el arte que escribió.






