Las escritoras malditas: vidas atormentadas y obras inmortales

Las escritoras malditas: vidas atormentadas y obras inmortales

 

A lo largo de la historia de la literatura, dominada mayormente por hombres, hemos visto cómo solo unas pocas mujeres han sobresalido en el canon del mencionado arte. Quizá porque han estado ocupadas en otras labores mayormente asignadas a su género. En otros casos, no los menos, sus obras han sido excluidas del ojo público por ser “inadecuadas” es decir; no aptas para ser escritas por una mujer.

Y en cualquiera de los casos, nos hemos perdido de obras tan extraordinarias como eminentes. Obras que se han perdido en un baúl, en un fogón o en el olvido de un cuarto gris. De las que se han rescatado, casi milagrosamente, un par de hojas o apenas unos cuantos libros de cada una. Cada escritora tiene su particular forma de ver la vida, su mirada hacia el mundo, tanto interior como el de al lado; ese que se vuelve amorfo, indescifrable y que parece desmoronarse encima de ellas, que se reconstruye, palpita de nuevo y vuelve a caer.

Es innegable que existe una conexión entre ellas, les duele la vida, les abruma el deseo, se conmueven con lo efímero y lo pequeño de las cosas y aman con locura desenfrenada. Esa particular e inmensa sensibilidad con que perciben lo que les rodea las convierte, a mi ver, en escritoras grandiosas.

Mencionaré solamente algunas autoras del siglo XX y parte de sus obras (por cuestiones de espacio) sabiendo que me quedaré muy corta, ya que existe material muy valioso por destacar.

Armonía Somers, de nacimiento uruguaya, nos dejó La mujer desnuda. Una obra tan bien escrita que merece leerse de principio a fin, con calma e incluso relectura. Nos habla de la posición que ocupaba la mujer en una sociedad donde se le veía como adorno y al servicio de los demás, nunca de sí misma. Una Armonía que se percibe tan mujer como se presenta a sí misma en su escrito.

Delmira Agustini, uruguaya también, poeta desde muy temprana edad, nos muestra una explosión de sensualidad y erotismo en sus versos, los cuales fueron muy elogiados en un principio por la sociedad de su tiempo para después ser sopesados por sus padres antes de salir a la luz. Los cálices vacíos es su obra más representativa, un poemario que desborda pasión, dulzura y sexo como no se había escrito antes por una mujer.

Alfonsina Storni, argentina nacida en Suiza, con su poesía nos ha llevado a lugares recónditos de abandono y desilusión, pero también a otros de esperanza y amor pleno, un amor que duele, pero amor al fin. Su obra Poemas de amor es imperdible tanto por su belleza como por su profundidad que nos trastoca.

Anne Sexton, estadounidense, fue una poeta talentosísima que reivindica el lugar de la mujer en las letras. Su poesía, transgresora como feminista, es un grito al aire que dice: Aquí estoy y soy mujer. Ahondando en lo sublime del cuerpo femenino, Anne vuelve la mirada hacia el yo, con sus matices de tristeza, desesperación y sexualidad al tope que derrama en su libro Love poems.

Sylvia Plath, estadounidense también, nos legó obras como La campana de cristal una novela autobiográfica, y Ariel, una obra póstuma editada por su marido, de la que tengo mis reservas en cuanto a qué tanto nos deja ver. Aun con eso, Sylvia maneja un lenguaje fino, delicado y lleno de dolor en sus versos. Dolor que la lleva al suicidio.

Marga Gil Roësset, madrileña. Fue una escultora y poetisa. No sólo nos dejó unas obras escultóricas de sensibilidad profunda, ya que la mayoría fueron quebradas por sus propias manos, sino que también incursionó en la poesía desde temprana edad. Los poemas que deja en su último diario están impregnados de amor y agonía, que padece por no ser correspondida. Estos sentimientos que no escatima en verter en cada letra, en cada verso, nos envuelven en su mundo caótico y pasional. Entrega este diario a su amado antes de darse un tiro.

Elena Garro, mexicana. Escribió con una prosa lírica gran parte de su obra clasificada como realismo mágico. Sus personajes son tan cercanos como enigmáticos, ya que retrata el mundo que observa con una mirada puntual y vivaz. Entre sus obras destacadas están La culpa es de los tlaxcaltecas (cuento corto) y la novela Los recuerdos del porvenir mismas que retratan un México en tiempos de revolución con la interacción de la realidad y la fantasía que caracteriza a su cultura, pero con el plus del lenguaje poético de Elena. Muchas de sus obras fueron quemadas por su propio marido, también escritor, quien al parecer tenía celos del enorme talento de Garro. Pese a las situaciones trágicas que las envolvieron les invito sinceramente a leerlas, leerlas y no olvidarlas.

*La autora nació en Culiacán. Ha escrito poesía y cuentos para editoriales de Argentina, Colombia y Chile. Tiene una obra de teatro publicada 10:55Pm inspirada en un hecho trágico en su ciudad. Actualmente modera el Club de lectura “La Nave Literaria” del Fondo de Cultura Económica y forma parte del Club de lectura “El Caracol Aventurero” auspiciado por la UAS.

Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 10 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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