A Antonio Coronado Guerrero, In memoriam
Navegaban en la bahía de Navachiste, Sinaloa México. Un peregrinar, una búsqueda de «algo»; una idea, una entidad que brotó en los humedales que respiran suavizando manglares en el encuentro de mar y montaña. En esa naturaleza insegura e incómoda de 1991 se lanzó al voleo el polvo de la poesía: abrió una flor que se cultivó con las herramientas para labrar las ideas-semillas humanas y cosechar cultura.
De esto dice Antonio Coronado en su Canto a un Dios Animal:
II
Hemos venido aquí
a reinaugurar el canto pedregoso de las montañas
a confabularnos con la sal y con los vientos
a sitiar los olores de la madera y de la mantarraya muerta
para que un día, cualquiera la hora, no importa el instante
los alcaravanes vuelen con un verso entre su canto
Nació entre inundaciones y moscos padecidos por un grupo de disparatados, tocados por la inspiración y la locura, con entusiasmo por liar arte y naturaleza: poesía que reverberó en el ojo y anidó en su sentipensar, entre la montaña y el mar.
A salvo de la marea, la intuición y el cansancio los llevó a acampar frente al Carrizo colorado. Lugar sinaloense inhóspito y bello, cara al océano, mansamente atenuado por una cortina de tierra con sus compuertas naturales. Ahí los soñó el mar para despertar a un nuevo sol que aún perdura ahora, a 30 años. Algunos de esos locos han volado a esa transparencia que es la muerte, otros se fueron a hacer cosas mejores. Pero llegan nuevos.
Eran pescadores-campesinos-indígenas, investigadores sociales, artistas, poetas; algunos cuyo quehacer se alimentaba de la nada: la búsqueda. Todos enamorados de la vida. Solo en ese impulso se logran movimientos como el de este festival. Todavía cada Semana Santa la montaña ofrece piedra a los escultores, el paisaje regala color a quienes pintan, el agua mueve a danzantes, representan vida quienes actúan, las músicas pescan notas a la marimba del mar, grafitan en las hojas de agua quienes escriben; se premia a las y los jóvenes poetas y el público abraza a todos en la cocina.
Este festival no excluye; los que quieran llegan, en lancha; la élite que no teme a los campamentos ni a la cultura popular o a los jejenes; los que ensayan el arte; los que lo disfrutan. Incluso sus detractores disfrazados de turistas. Los cuerdos aquí se aburren. Los solemnes se asfixian en su vaho.
La cuota para participar es baja: con mil doscientos pesos una persona tiene derecho a usar las instalaciones provisionales toda la Semana Santa; desayuna, come, cena, dos raciones diarias de agua dulce: para beber y bañarse. Participa en las actividades ya que instaló su casa de campaña, ir a la montaña, ya está en la playa.
Probablemente este sea el único festival donde asiste la niñez y participa en los talleres, a la sombra amorosa de sus familiares, artistas o no. Esta experiencia, redundará en sus vidas. Estos niños, en el futuro tomarán artefactos creativos y no las armas y la violencia.
En este festival el público ejerce la comunión: la agreste naturaleza, la poesía, el arte, hermanan. No es un festival donde se alaban falsamente los artistas. De aquí regresamos a la rutina, a ensayar nuestros sentidos, algunos vuelven con obra en los siguientes años. Y no se hace juicio a su trabajo.
Este encuentro es un acierto de fuerza creativa, como la poesía, sus impulsores han sido Celia Cortés, una de las alas del festival, quien se fue ya. Y la otra ha sido, hasta el 17 de octubre de 2024, Antonio Coronado, quien partió. Ellos dijeron, con acciones, que la poesía es vuelo y, la comunidad con ellos, alas sobre el cielo marino de Navachiste.
Hoy queda su legado a mujeres que lo impulsan, artistas y pescadores, comerciantes, campesinos; alguna empresa privada, e instituciones culturales y educativas.
El núcleo del festival es el Premio Interamericano de Poesía Navachiste Jóvenes Creadores. En este evalúan los trabajos y dan talleres, horcones de la poesía nacional e internacional. Hay una lista importante: Raúl Cervantes Ahumada, Enrique Escalona, Otto Raúl González, Dolores Castro, Billy Marshall Stoneking, Francisco Cervantes, Charles Hasty, Raúl Renán, Rolf Winewisser, Juan Bañuelos, Efraín Bartolomé, Carlos López, José Ángel Leyva, Vidal Flores, Carlos Nohpal, Anel Ávila, Arturo Ordorika, Hortensia Carrasco, Ricardo Yáñez, Ligia Pintado, Gabriela Puente, Zaría Abreu, Lauri García Dueñas, Luis Gastélum, entre otros y otras.
Los poemas que se levantan con el premio son publicados en el festival del año siguiente. Este es un premio internacional, y ha sido para la mayoría de los ganadores el umbral de entrada a otros festivales nacionales e internacionales.
Que iniciativas parecidas a esta broten como hongos a pesar de la sequedad cultural. Sean mejores en contra del desconsuelo de la guerra; de la muerte solapada e ignorada por el negocio de la violencia.
Celebramos del 13 al 20 de abril 2025 en Semana Santa este 30 aniversario en el festival,
Coronado invita:
III
Queremos celebrar, pájaro colibrí,
colibrí pájaro, en este año pelícano,
tanto murmullo líquido
salido de la boca de los peces y del agua
(Texto escrito con base en la presentación al libro La Isla de los Poetas: 25 años del premio Navachiste (Ricardo Baldor, Comp.), publicado en Amazon por el poeta Arturo Ordorika en su Mandrápagos Publishing y Navachiste Ediciones).






