Alquimia

Alquimia

 

El solitario pececillo no ha dejado de mirarme. Sus ojos parecen desorbitarse mientras mira desde su pequeño universo transparente. Seguramente quiere decirme algo y ante su imposibilidad de hablar me clava la mirada donde sabe que me duele. Su pecho inflamado me habla de su angustia. Obsesionado, gira en esa misma órbita como cualquier otro planeta alrededor del sol, cayendo en uno de esos trances donde al parecer, ya no hay nada que lo salve.

El agua se ha vuelto ambarina con sus lágrimas. Sus escamas se despegan, los bronquios se dilatan. La pecera hierve. El tiempo se le acaba. Esa última mirada fue también su última súplica. Algo importante habrá querido comunicarme y no fui capaz de descifrarlo. Estoy paralizado. El aire me falta. Ahora la lucha por la supervivencia nos hermana.

Por instinto y solo por instinto, meto mi mano en la pecera y lo saco en mi arrebato. Con el agua aún escurriendo puedo sentir el feliz aleteo cosquilleando dentro de mi puño. He vuelto a respirar. Dedo por dedo, como si fuera un abanico, poco a poco empiezo a abrir mi mano y el niño que aparece frente a mí me dice, —¡Gracias!

El autor escribió el libro: Rufino Farías, el último de los saltimbanquis costeros y otros relatos de barro y agua de río. Fue actor del Tatuas y actualmente es director artístico asociado del 24th Street Theatre.

Artículo publicado el 16 de febrero de 2025 en la edición 9 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.