La ciencia ficción no es de mis géneros preferidos y si hace 10 años miré Interestelar (Interstellar/EU/2014), dirigida por Christopher Nolan, no fue completamente mi decisión: se hablaba mucho de ella y, como al gato, la curiosidad me mató y fui a verla.
A los cinco minutos de la proyección ya estaba convencido de que era una cinta más de naves y astronautas, pero aguanté y, antes de llegar a la primera media hora, comencé a tragarme mis palabras: me impactó y atrapó esa conexión entre padre e hija que se asoma muy pronto, y es la base de cualquier emoción que provoca la historia.
La película me gustó tanto, que no volví a verla. No quería que ese agradable sabor de boca que me dejó se hiciera amargo en una segunda (más racional) revisión y preferí quedarme con lo que ya tenía. Ahora que se reprogramó en las salas de cines para festejar su primera década, pensé en
seguir con la idea de ignorarla, pero de nuevo, hice mis palabras a un lado y regresé, convencido de que sólo el oscuro recinto tradicional podría crear la atmósfera idónea para revivir la experiencia, y porque las salas Macro XE prometen potenciar las imágenes y el sonido, y sí: ¡Me impresionó y cautivó, aún más! En la trama, escrita por el propio Christopher y su hermano Jonathan Nolan, los días como grajero terminan para Cooper (Matthew McConaughey), cuando un suceso extraño en la habitación de su hija Murph (Mackenzie Foy), relacionado con la gravedad, lo lleva a seguir unas coordenadas hasta a una base secreta en la que el Profesor Brand (Michael Caine) y su hija Amelia (Anne Hathaway) le ofrecen la posibilidad de viajar al espacio, en una expedición que busca otros planetas para trasladar a los humanos, porque la tierra ya no es habitable. Si bien al expiloto de la NASA le entusiasma la idea, duda en aceptar al asumir que se ausentará por muchos años de Murph, su hijo Tom (Timothée Chalamet) y su padre Donald (John Lithgow), y podría no regresar.
Es cierto que el filme destaca enormemente por los efectos especiales que logran crear vistas de la tierra, el espacio y otros planetas, realmente extraordinarias, que la fotografía es espectacular, la música, simplemente, sublime, y el discurso con respecto a las teorías que plantean las posibilidades de habitar otros lugares del universo son por de más llamativas e interesantes, aunque un aspecto no menos importante y significativo de Interestelar es la relación de Cooper y Murph, quienes, más allá del amor “natural” que puede sentirse entre un padre y su hija, existe un fuerte lanzo capaz de trascender a tiempo, espacio, galaxia, universo… y dar seguridad de que si uno promete a la otra volver, lo cumple.
Sí. Interestelar es viajes al espacio, otras galaxias, agujeros de gusano, la relatividad del tiempo, otras dimensiones y el multiverso, aunque también, y mucho más, lo que un padre es capaz de hacer por sus hijos, la añoranza por un ser querido, la confianza ciega que se deposita en la palabra del otro y trascender.
La película no pierde vigencia y, tanto hace 10 años como ahora, sacude la mente y pone a temblar, lo mismo que encanta, conmueve hasta el llanto y ofrece a un viaje único, inigualable e insuperable. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.







