Mientras la multimillonaria familia Bennett está de vacaciones en un lujoso complejo turístico de Acapulco, Alice (Charlotte Gainsbourg) recibe una llamada que los obliga a regresar de inmediato a Londres. Ya en el aeropuerto, a punto de abordar, Neil (Tim Roth) menciona que no puede viajar porque olvidó su pasaporte en el hotel y necesita ir a buscarlo. Alice, sus hijos Alexa (Albertine Kotting McMillan) y Colin (Samuel Bottomley) se van, y Neil se compromete a tomar otro vuelo en cuanto encuentre el documento. No obstante, los días pasan y él sigue en México disfrutando de la playa con Berenice (Iazua Larios), la chica que conoció en una tienda.
Aunado a planos mayormente estáticos y largos, la poca presencia o ausencia total de música y la ambigüedad moral, el cine de Michel Franco se distingue por iniciar sus historias de manera tranquila, en las que pareciera que no va suceder gran cosa: el ritmo arranca lento, pero la aparente serenidad que se percibe se altera intempestivamente y sorprende al espectador, quien, nunca se distrae ni pierde detalle para captar las señales que lo llevan a comprender el relato que, sin duda, cambia de rumbo más de una vez.
En Sundown: Secretos en Acapulco (Sundown/MX/FR/SE/2021), el realizador premiado en el Festival de Cannes hace lo propio y entrega una trama que va de la quietud, placidez y despreocupación que generalmente distinguen a los días de descanso, a una serie de acontecimientos y decisiones que, por un lado, sacuden a los personajes y fractura sus relaciones familiares y, por otro, los conduce a hacer lo que desean o necesitan, para su bien personal.
La película disponible en MUBI destaca por su narrativa: cuenta el relato de manera que se piense un rumbo de la historia, después da elementos para provocar la duda, más tarde se comprueba o refuta la idea, luego se genera una nueva, y así sucesivamente. En ese sentido, es coherente que al comienzo se especule que Neil juga un rol en la familia y posteriormente se advierta que no es así; que se le juzgue acerca de un intento de secuestro y asesinato, aunque más adelante se vengan a la mente otras posibilidades al respecto.
Tanto el elenco de actores profesionales como los residentes de la ciudad sin experiencia en la actuación que participaron en la película escrita por el propio Franco hacen un buen trabajo, aunque sobresale la interpretación de Tim Roth, quien no requirió de muchos diálogos para expresar la compleja situación por la que pasa su personaje y provocar desde coraje hasta compasión: es impresionante que su silencio, curiosamente, diga tanto –la escena en la que Alice le reclama que no haya viajado como acordó, mantiene un mutismo desesperante; la vez que toma los brazos de Alexa en el aeropuerto, para dar a entender que no pasa nada, dice mucho más que eso.
Es probable que el filme no sea más impetuoso que Después de Lucía (2012) o Nuevo orden (2020), del mismo director, pero no deja indiferente a nadie: inevitablemente, incita a la reflexión tanto en los temas principales (la familia, la muerte, el perdón, las complicaciones de una enfermedad terminal), como los que, de pasada, dejan ver una realidad de México (violencia, por ejemplo). Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






