Descubriendo a Yoko Ono y John Lennon

Descubriendo a Yoko Ono y John Lennon

 

Mis ganas de escribir en Barco de Papel —creo que es el único suplemento cultural en un medio periodístico sinaloense— eran tantas que al ser invitada a colaborar: dije, sí; cuando, tal vez, debí de haber dicho, no; pues no soy para nada experta en el tema de que trata la presente edición. Pero mantengo el precepto de que no se escribe porque se tenga pleno conocimiento de eso que va a escribirse; sino, precisamente, escribimos como una forma de acercamiento a eso que nos ha sido ajeno o se nos ha mantenido distante. En este sentido lo que aquí escribo es con esa única pretensión. Entonces, aclarado el punto, empiezo por confesar que durante mis años de adolescente nunca escuché la música de John Lennon y tampoco la de Los Beatles. En aquel tiempo mi único conocimiento del cuarteto de Liverpool derivaba de las conversaciones que solía tener con una compañera de secundaria, quien pregonaba su beatlemanía y su especial interés por Lennon, quien para ese entonces ya había sido asesinado; aunque, su figura y su música seguían siendo un símbolo de resistencia y rebeldía. Este 8 de diciembre se conmemora el cuadragésimo cuarto aniversario de su muerte. Escucho ahora —mientras esto escribo— Imagine: imagine there’s no heaven/ its easy if yo try/ no hell below us/ above us, only sky/ imagine all the people/ livin for today… Las letras simples, la voz suave y los acordes estables, marcando un ritmo que parece repetirse. Podría dormirme escuchándola, pero opto por seguir escribiendo y pensar en esta invitación a imaginar. Imagine there´s no countries/ is isn´t hard to do/ nothing to kill of die for/ and no religion, too/ imagine all te people/ livin life in peace. Pienso en el tiempo en que fue escrita. Ciertamente, a principios de la década de los setenta el mundo se convulsionaba: la guerra de Estados Unidos contra Vietnam, los hippies y los movimientos estudiantiles en diferentes países.

En fin. Después de todo, como bien reza uno de los versos de Emily Dickinson: “La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma”. Así Imagine, se convirtió muy pronto en ese himno que multitudes necesitaban para sentir que podían apostar por una vida distinta. Imaginar no cuesta demasiado. Imaginemos. Y si bien la autoría de la letra y música de la canción en un principio fue atribuida por completo a John Lennon, después se supo —él mismo lo dio a conocer— que la había escrito en colaboración con Yoko Ono: artista visual, conceptual y multifacética, quien en 1964 —siete años antes de que Imagine fuera escrita— había publicado Grapefruit. Un libro —especie de manual de instrucciones para el ejercicio de la imaginación— en el que invita a explorar la relación entre el arte y la vida, a partir de situaciones tan cotidianas como atrapar a la luna en una cubeta con agua, encender un fósforo, escucharse el ritmo del corazón o tomar la primera palabra que se cruce por la mente y repetirla hasta el amanecer. Toda una poética personal que fue creando durante años y que compartió con Lennon y otros artistas, de lo que derivó no solo “Imagine”; sino, posiblemente, muchas otras piezas musicales y obras artísticas tanto en lo individual como en lo colectivo. Supongo que digo esto porque estoy entusiasmada con mi lectura de Grapefruit y es posible que me vuelva fan de Yoko Ono.

 

 

*Ernestina Yépiz. Poeta y narradora.  Maestra en Literatura, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Autora de los poemarios La penumbra del paisaje, Los delirios de Eva, Los conjuros del cuerpo, Nostalgia de la musa; y del libro de relatos El café de la calle Mulberry; al igual que de la novela El sueño de Paloma Sanlúcar. Entre otras publicaciones individuales y colectivas.

Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 7 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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