Donald Trump ha anunciado varios temas que cambiarían la relación de Estados Unidos y México, dos muy relacionados son la posibilidad de hacer una deportación masiva de inmigrantes ilegales a suelo mexicano y la otra, es gravar las remesas. Ambas cosas reducirían el flujo de ingresos para muchas familias, por lo que, de cumplirse esta amenaza, nuestra economía enfrentaría una crisis económica y social sin precedentes.
Según una reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que analiza las remesas en América Latina, México lidera por mucho la recepción de remesas al interior de la región. Al cierre de 2023 recibió recursos por el orden de 64 mil 247 millones de dólares, lo que representó 3.9 por ciento del PIB en el 2023, y se espera que la cifra sea similar, e incluso llegue a los 65 mil mdd, para este 2024. Esta cifra está muy por encima de otras economías grandes como Brasil y Argentina, países en los que las remesas recibidas representaron apenas un 0.2 por ciento del PIB en ambos casos.
Pero, ¿qué significa esta cifra en palabras más sencillas? Por supuesto que para los familiares de los paisanos que envían estos recursos, está más que claro que las remesas son ingresos para llevar a cabo su consumo diario. Pero también, se convierten en gasto de bienes duraderos, de casas, e incluso de pequeños negocios. Además, la entrada de remesas que esconde otros tipos de negocios ilícitos, que también generan una demanda interna.
Así, esta demanda incentiva al empleo y se extiende a toda la economía, entonces, ¿a cuánto empleo equivalen? O, ¿cuántos empleos se perderían si se reducen las remesas? Poniéndolo en valores del empleo formal, el crecimiento de un punto porcentual del PIB, a noviembre 2024, representa la creación de alrededor de 230 mil empleos formales, considerando el crecimiento porcentual del PIB y del número de asegurados ante el IMSS. Así, si las remesas cayeran abruptamente reduciendo su participación en un punto porcentual del PIB, ello reduciría la demanda interna, trayendo la pérdida de al menos 200 mil empleos formales.
Así, se pondría en riesgo no solo el ingreso de los hogares receptores, sino de las economías regionales. Se verían especialmente afectadas las comunidades rurales, pues según la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica de INEGI, casi el 70 por ciento de los migrantes hacia Estados Unidos entre 2018 y 2023 provenían de comunidades menores de 15 mil habitantes.
Otro dato importante a considerar es que, según las estimaciones del INEGI, al 2020 en Estados Unidos habrían al menos 11.5 millones de mexicanos de primera generación, más 13.5 millones nacidos allá, y tan solo entre 2018 y 2023 emigró un millón de mexicanos hacia Estados Unidos. Los estados con mayores aportaciones fueron Guanajuato, Veracruz y Oaxaca, con más menos 70 mil migrantes cada uno. Si actualmente México tiene problemas de generación de empleos, con una tasa históricamente baja de creación de solo 1 por ciento de nuevos empleos en este noviembre, un panorama con más migrantes retornados, y sus familias sin remesas, pone un nubarrón más al ya tormentoso 2025 que se avecina.
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 1142 del semanario Ríodoce.





