Desde que se estableció la economía moderna, las matemáticas y la estadística han sido herramientas útiles en la toma de decisiones, sin embargo, cuando las estadísticas no son favorables, los políticos suelen tener un optimismo desbordado, como es el caso del paquete económico presentado por la Presidenta de la República, lo que tiene implicaciones fundamentales para la toma de decisiones y la credibilidad de la reducción del enorme déficit fiscal heredado por AMLO, independientemente de la austeridad y los ahorros.
Apenas este 27 de noviembre el Banco de México publicó su último reporte trimestral de la actividad económica, en el cual presentó una perspectiva más optimista sobre el crecimiento económico para 2024, 1.8 por ciento de manera anual. Si bien es cierto, esta cifra es mayor a la última estimación presentada por el mismo banco de 1.5 por ciento en el mes de agosto, está lejos de las optimistas cifras planteadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en el paquete económico 2025. También, para el 2025 la perspectiva de crecimiento económico según Banxico será de 1.2 por ciento, con un mínimo de 0.4 y un máximo de 2, y la SHCP proyecta mínimo 2 y máximo de 3 por ciento. Este diferencial puede significar la diferencia entre cumplir o no con la meta de reducción fiscal, independientemente de la austeridad republicana.
Al tercer trimestre 2024 el PIB de México fue de 33.4 billones de pesos, y se estima que la recaudación alcance al menos el 22.1 por ciento del PIB, por lo que los ingresos presupuestales serán por encima de 7.3 billones de pesos, logrando las expectativas del periodo anterior. Sin embargo, el 2025 se pretende lograr una reducción del déficit fiscal a través de la reducción del gasto, así, la perspectiva de crecimiento es fundamental dentro de la estimación del mismo.
Por ejemplo, aún si para el 2025, el crecimiento real de la economía llega a las cifras presentadas por SHCP, con ingresos presupuestales del 22.3 por ciento del PIB, el crecimiento de los ingresos totales podría llegar hasta 8 billones, cercano al 8.1 proyectado en la ley de ingresos, que incluye 9.3 billones de ingresos, de los cuales 1.2 billones provendría de financiamiento, es decir, más deuda pública.
Sin embargo, hay consideraciones importantes. La inversión del gobierno federal se proyecta con una reducción 12.7 por ciento, según estimó el IMCO. Este y algunos elementos como el tema de Pemex y CFE han llevado a los analistas a poner en duda la credibilidad de mantener unas finanzas públicas sanas durante este sexenio. Por lo que tanto Moody’s como HR Ratings bajaron la calificación de la deuda mexicana con una nota de positiva a negativa.
Al mismo tiempo tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco de México continúan presentando información más reservada con relación al crecimiento de la economía mexicana para el cierre 2024, pero aún mucho más para el 2025, mientras que el equipo del gobierno federal muestra gran optimismo, demasiado diría yo, aún con el huracán Trump ya avanzando y la Inversión Extranjera Directa en freno.
En suma, aunque el optimismo sea importante para levantarnos todos los días, especialmente en Sinaloa; en materia económica los técnicos evalúan elementos predictores por un entorno complejo para México, especialmente por la falta de inversión productiva privada y pública, así como elementos estructurales que frenan el crecimiento. Mientras que los rudos consideran que, con su forma de gobernar, la economía crecerá pese a toda circunstancia. ¿Quién tendrá razón?
Artículo publicado el 1 de diciembre de 2024 en la edición 1140 del semanario Ríodoce.





